Por Siempre

113 18 36
                                        

POV Infinite

No quería moverme de ahí. Todo mi cuerpo gritaba que me quedara. Rookie estaba ahí, tan cerca y tan lejos al mismo tiempo. El viento del amanecer helaba mis manos, pero apenas lo sentía; todo mi mundo era ese árbol, ese peluche, ese anillo.

Me arrodillé sobre la tierra húmeda, mirando a Lady Nimue con desesperación, como un niño suplicando un milagro.

—Por favor… —susurré, mi voz rota—. Tráelo de vuelta… Tómame a mí. Él cuidaría de Nova mejor que yo… él debería seguir aquí.

Lady Nimue me miró con esos ojos eternos, llenos de la tristeza de quienes saben demasiado. No dijo nada. Solo desapareció entre la bruma del lago, dejándome solo con mi llanto.

Me quedé ahí hasta que el sol despuntó tras los árboles, tibio y cruel sobre mi espalda encorvada. Murmuré disculpas que se perdían con el canto de los pájaros. Promesas que ya no podían cumplirse. Pedí otra oportunidad… pero la tierra no respondía.
Mi mirada se detuvo en el brillo de mi propia espada. Un solo movimiento y acabaría todo. Podría ir con él. No existía dolor que pudiera superar este vacío. Pero entonces, la imagen de Nova se abrió paso entre la neblina de mi desesperación.

Si me iba ahora, lo abandonaría. Y Rookie me odiaría aún más por dejar solo en este mundo a aquel que amaba como si fuera su hijo.

Con manos temblorosas, dejé el peluche cuidadosamente en su lugar, justo como lo había encontrado. Coloqué el anillo a su lado, el anillo que alguna vez soñé poner en su dedo. Me puse de pie como si cargara una montaña en los hombros.

—Espérame… —susurré—. Cumpliré mi promesa, cachorro. Algún día… volveremos a estar juntos.

Regresé al castillo del Este como un espectro. Nova me esperaba, radiante de alegría por volver a verme, sin saber nada. Solo lo abracé, lo envolví en mis brazos como si pudiera protegerlo de la misma muerte. Me disculpé una y otra vez, sin explicar por qué. Nova solo me devolvió el abrazo, confundido, pero feliz de tenerme ahí.

Los días pasaron, pesados y lentos. Rookie seguía en cada rincón de mi mente, en cada sombra de mi habitación. Algunas noches soñaba con él, con su risa, su calor. Algunas mañanas despertaba buscando su aroma entre mis sábanas.

Año tras año resistí a tomar la decisión que consideré en ese lago. Hasta que él día de la coronación de Nova llegó, y lo vi convertirse en rey. Mi hijo, nuestro hijo. En la ceremonia lo observé desde lejos, sosteniendo una copa de vino que no probé. Se veía tan digno, Rookie habría estado orgulloso de él.

Una tos me sacudió el pecho. Miré mi guante empapado en sangre. Ya no me inmutaba. Había rechazado los tratamientos que los médicos ofrecieron para curarme. ¿Para qué? Mi cachorro me esperaba. Nova estaría bien.

Cuando todos se distrajeron celebrando al nuevo rey, salí sin ser visto. Crucé la frontera de Camelot hacia el bosque de Lady Nimue, guiado por un instinto más fuerte que el dolor que me consumía. Sabía dónde encontrarlo. El lago me recibió en silencio, Nimue no apareció esta vez; supongo que ya no hacía falta.

Me arrodillé junto al árbol. El peluche estaba ahí, guardián de mi promesa. El anillo, frío y brillante, intacto. Lo tomé entre mis manos temblorosas, sintiendo cada latido débil de mi corazón como un tambor lejano.

—Estoy aquí, amor —susurré, cerrando los ojos mientras sostenía el anillo contra mi pecho—. Espérame solo un momento más…

El cansancio me venció. Cada respiración era un desafío. La oscuridad me envolvió… pero no había miedo.

Una voz me llamó. Su voz.
Abrí los ojos, confundido. Todo era igual, y sin embargo diferente: el claro brillaba con una luz suave, cálida, y el aire olía a flores frescas. El anillo seguía en mi mano, pero ahora, frente a mí, estaba él. Rookie. De pie, como si nunca se hubiera ido. Sus ojos ámbar, húmedos por las lágrimas, me miraban como si pudiera verme de verdad.

—Cachorro… —murmuré, mi voz quebrándose mientras me acercaba. Rookie se lanzó a mis brazos, enterrando su rostro en mi pecho.

—¡Perdón! Infinite, lo siento tanto… —su voz se quebraba entre sollozos—. No quise dejarte solo… Lo intenté… pero me sentía tan vacío…

Lo sostuve con toda la fuerza que tenía, enterrando mi rostro en su cabello.

—No fue tu culpa, cachorro… nunca lo fue. Esto es culpa mía, por ser tan débil. Por tardar tanto en volver a ti…

Me aparté solo para mirarlo a los ojos, para memorizar cada detalle de su rostro. Deslicé el anillo en su dedo con manos que ya no temblaban.

—Siempre fuiste mi único amor. Mi único hogar.

Rookie me besó, suave primero, luego desesperado como si temiera que me desvaneciera entre sus manos. Lo acuné contra mi pecho mientras nuestras lágrimas se mezclaban.

—Te amo, Infinite… Te he amado cada día, incluso cuando dolía demasiado.

—Yo también… —sonreí, cerrando los ojos mientras su voz era lo último que escuchaba—. Para siempre, cachorro. Para siempre…

Y esta vez, nada podría separarnos.

— Fin de la ruta 2 —

Kyo: yo también lloré con este final, de hecho iba a ser la ruta 3 Pero sentí que si lo separaba no se iba a sentir igual. Infinite no se murió de la misma enfermedad de Rookie, esta si tenía cura pero el no quiso.

¡Vamos con la ruta 3!

Rookinfinite Donde viven las historias. Descúbrelo ahora