¿Sabías que una semilla, antes de convertirse en planta, tiene que romperse?
Desde afuera parece un fracaso, algo pequeño que se quiebra y desaparece en la tierra oscura. Pero esa ruptura no es el final, sino el inicio. El dolor de abrirse paso bajo...
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El miércoles en la mañana me arrepiento de inscribir todos mis cursos en la mañana. Odio madrugar, las seis de la mañana no es hora para que un ser humano esté despierto.
Cuando salgo de mi cuarto el olor a café que viene desde la cocina deleita mis fosas nasales. Adoro el café en mañanas frías como estas.
Debo admitir que en algunos aspectos soy bastante similar a mi padre.
—¿Qué haces despierta tan temprano? La universidad está a treinta minutos en transporte público desde aquí ¿No te lo dije ayer?
Puede que sí, pero entre tantas cosas se me habrá pasado. Me acerco hasta donde está, notando así que está haciendo el desayuno. Cuando le echo otro vistazo a la casa me doy cuenta de que se siente muy solitaria, mi madre murió hace dos años ¿Nunca se enamoró de otra persona? ¿No se volverá a casar?
No soy el tipo de hija toxica que no permitiría que su padre vea a otras mujeres cuando es obvio que ya no hay amor entre sus padres y para colmo de males, su madre ya ha muerto.
Cuando los ojos de mi padre se entrecierran mirándome noto que me le quedé mirando fijamente. Miro el celular y reviso mi horario una vez más para distraerme.
Mi padre pone una taza de café frente a mí y rompe el silencio.
— No soy muy bueno para esto. — Titubea. Parece haber ensayado estas palabras toda la noche —... Sé que todo esto es nuevo para ti. Pero quiero que sepas que siempre estaré aquí para ayudarte en lo que pueda – Sonríe nervioso — Esto también está siendo difícil y nuevo para mí.
Asiento sin saber que decir. Realmente lo entiendo y sé que es verdad.
El sonido del timbre de la puerta interrumpió nuestra conversación. Papá se levantó para atender mientras yo me quedaba allí.
Cuando regresa no comenta nada acerca de quien estaba afuera, simplemente me dice que me llevará a la universidad para que aprendiese a llegar y después irá a trabajar. Me causa curiosidad, Con los años, me doy cuenta de que no sé a qué se dedica mi padre.
Luego de un desayuno en el que predominaba el silencio, me arreglé y salimos juntos hacia la universidad. Caminamos por las calles ya familiares del vecindario, pero el silencio entre nosotros es incómodo. No sé cómo empezar una conversación.
Por momentos nos detienen en la calle para saludarlo a él y conocerme a mí, parece ser muy amigo de todos por su vecindario.
― ¿Estás emocionada por el primer día de clases? ―pregunta, tratando de animar la situación. Me acompaña para enseñarme a tomar el autobús para llegar a la Universidad.
El sueño de mi madre siempre fue que estudiara en esa, así que no fue muy difícil decidirme a la hora de postular. Por un momento me siento de menos años y en mi primer día en la primaria.