Lara
Paris, Francia
Me despierto temprano, como siempre. El sol se filtra entre las cortinas y me encuentro sonriendo casi por costumbre. La ciudad se despereza conmigo mientras me preparo un café y repaso mentalmente mi agenda.
Vivo en un departamento que me encanta, pequeño pero luminoso, con plantas que he logrado no matar (algo que siempre me hace sentir orgullosa). Suelo empezar el día escuchando algo de música, cantando en voz baja mientras me visto. Me miro en el espejo y me gusta lo que veo: el cabello recogido en una coleta alta, un traje claro que me da un aire profesional sin apagar mi energía.
Hoy tengo dos reuniones importantes, una audiencia rápida y… algo mucho más emocionante: Carmen, mi prometida, me dijo que pasaría a buscarme para almorzar juntas. Carmen es dulce, paciente, de esas personas que logran calmarme incluso en los peores días. Tiene una sonrisa tan linda que solo verla me hace olvidar cualquier preocupación.
Salgo de casa con paso seguro, saludando al portero y a la señora que pasea a su perro todos los días a la misma hora. Camino hasta el estudio con el celular en mano, contestando mensajes del equipo. Entre broma y broma, la mañana pasa volando. Me encanta la sensación de sentir que todo encaja: el trabajo, los amigos, el amor.
Cuando llego a la oficina, me reciben las bromas de mis compañeros y el inconfundible aroma del café recién hecho. Me siento en mi escritorio, ordeno mis papeles, reviso correos y sonrío al ver el mensaje de Carmen:
> "Te paso a buscar a las doce. Hoy solo tú y yo ❤️"
Miro la pantalla unos segundos más de lo necesario, con el corazón dando un pequeño salto de alegría. Cierro los ojos, respiro hondo y pienso, con absoluta sinceridad:
“Tengo una vida perfecta.”
La mañana avanza entre reuniones y risas. A veces creo que el secreto de mi buen humor es saber reírme hasta de los casos más complicados. Siempre he pensado que el derecho no tiene por qué ser frío, que hasta la ley necesita un poco de calidez humana.
A las once, recibo un mensaje en el grupo familiar:
> Mamá: “¿Comemos todos juntos mañana? Olivia dice que quiere verte antes de que el trabajo te consuma 😘”
Me rio sola. Mis madres siempre encuentran la forma de recordarme que el equilibrio entre trabajo y familia no es negociable. Madison, mi madre, es pura elegancia: una de las mejores doctoras en su tiempo, creativa, sensible y algo dramática cuando quiere. Olivia mi mami, en cambio, es la práctica del dúo: doctora cirujana, con un humor sarcástico que puede asustar a quien no la conozca, pero con un corazón enorme.
Ellas dos juntas son una fuerza imparable. Crecí sabiendo que el amor puede tener mil formas, y que ninguna es menos válida por no parecerse a los cuentos de hadas.
> Yo: “Sí, mamá, mañana estoy libre a las ocho ❤️ Díganme dónde.”
> Mami liv: “Donde no haya música demasiado fuerte. Madison habla más que come.”
> Mamá: “Mentirosa. Tú comes más que hablas 😏”
Sus peleas cariñosas siempre me hacen reír. Guardo el celular, todavía sonriendo, justo cuando Carmen entra por la puerta.
Se ve preciosa, como siempre: el cabello castaño suelto, un vestido claro que le queda perfecto y esa forma dulce de mirarme que me derrite el corazón. Se acerca despacio, como si el mundo entero desapareciera y solo quedáramos nosotras.
—Hola, amor —me dice, suave, mientras me da un beso corto.
—Hola —susurro de vuelta—. Llegaste temprano.
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Corazón blindado
RomanceTras ser plantada en el altar, Lara decide no volver a sentir, así cerrando su corazón. Todo cambia cuando aparece Sofía, una chica narcisista, divertida y llena de fuego, que desafía sus muros y la obliga a redescubrir el riesgo -y la belleza- de v...
