Capítulo 25 🦋

36 2 1
                                        

Abro los ojos, y mi mirada se va al chico que tengo a mi lado. Una sonrisa asoma mi cara. Me acerco a él y le doy un beso en su mejilla.

Muevo su brazo, que estaba en mi cintura y me levanto para afrontar el día de hoy. Entro al baño, no sin antes coger la ropa y me doy una ducha rápida, son las seis de la mañana y a las ocho entro al insti. Pero antes tengo que hacer una cosa.

Me pongo un pantalón vaquero, con mi camiseta favorita. Me dejo el pelo suelto junto con una diadema y salgo. Asher sigue durmiendo, sin hacer ruido preparo mi mochila y antes de irme le dejo una nota encima de la mesita.

Salgo de su apartamento y al bajar pido un taxi. Saludo a Mario que se encontraba en el recibidor y me salgo fuera para esperar. Al instante en el que viene, le doy la dirección de donde quiero que me lleve y así lo hace.

A los cinco minutos, me bajo del coche dándole las gracias al señor y me paro en frente de la puerta. Antes de entrar apago el móvil y recorro mi camino buscando a la única persona que quiero ver.

Cuando encuentro su nombre, mis ojos se llenan de lágrimas. Nunca llegue a pensar que la viera aquí. Me voy acercando poco a poco hasta que delante de mí se encuentra " Elizabeth Smith 1938 – 2024".

Me siento en la pequeña piedra que hay y me quedo mirando su foto. Nunca pensé que llegaría a perder a alguien tan importante para mí, pero supongo que siempre llega el momento.

- Te echo de menos – trago el nudo en la garganta – desde que te has ido, todo se ha vuelto peor. No me dieron tiempo a despedirme de ti, ni de abrazarte por última vez – susurro – He leído tu carta – reflexiono - Quiero que sepas que voy a jugar, es lo único que me queda ya de ti – sonrío

Me levanto y paso mis dedos por la foto que tiene puesta, las lágrimas no dejan de caer. Su pelo marrón corto, el vestido que se puso para mi cumple y esa sonrisa que nunca se le borro de la cara.

- – Nunca te lo he llegado a decir, pero gracias por todo lo que un día hiciste por mí. No esperaba que hoy te viera aquí, enterrada bajo tierra pero he llegado tu momento – suspiro – una parte de mi, se ha ido contigo y con todo lo que eras tu. Me has dejado un vacío, pero aprendere a vivir con tu ausencia. Porque de mi no te has ido, sino que permaneces en mi corazón.

Me levanto decidida a irme. Mis ojos se dirigen al cielo donde ahora está, la estrella que ilumina mis días.

Sin pensármelo mucho, cojo de mi mochila el estuche y de este saco un pequeño rotulador. Y justo, debajo de su nombre le escribo "Siempre serás la estrella que ilumine mi camino".

Coloco de nuevo las flores que tenía puestas y me voy para coger de nuevo el taxi que me lleve al instituto.

Diez minutos más tarde, la campana suena y con ello todos los estudiantes ponen cara de mal gusto sin querer entrar. Sin embargo, yo pongo rumbo a mi clase de matemáticas.

Me paseo por los pasillos atravesando alguna que otras puertas, y entro a la que es mi clase. Allí se encuentra ya la maestra junto con dos compañeros más. Me siento en mi sitio, al lado de la ventana y espero a que empiece la clase.

Ultima hora de clase y no puedo más, estoy agotada de todo el día. Tan solo me quedan dos meses para poder terminar y sacarme el título. No está siendo nada fácil, justo al volver me he encontrado con que tengo demasiados exámenes.

Han pasado diez minutos y el profesor de filosofía no ha llegado aún. La mitad de la clase ha empezado a salirse, casi no queda nadie. Cinco minutos más tarde, al ver que no viene me salgo.

Lograr Sanar HeridasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora