Cuarenta y uno.

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Por fin había pasado un mes y medio sin el acosador, aunque era obvio ya que el acosador se había quedado en Omaha.

Estaba sola en el departamento que Sam había rentado o comprado, no estaba muy segura de que era lo que Sam había hecho con está casa.

Estaba sola en mi casa, Sam había salido con los chicos y Ally me había llamado y avisado que llegaría en una semana más a Los Ángeles.

Nos cambiariamos oficialmente a éste departamento en cuanto la bebé naciera, pero ya teníamos algunas de nuestras cosas aquí, bueno, Sam tenía cosas suyas aquí.

Tomé una de las cajas que seguían en el living, y la abrí. Había muchos papeles, seguramente de Sam y tomé la caja para elevarla un poco. No pesaba, así que podía llevarla arriba y guardarla en el ático.

Subí las escaleras tambaleándome un poco, pero no me caería, no estaba tan pesada la caja.

Llegué a donde estaba la escalera del ático y la bajé, la escalera era de escalones algo anchos así que no me pasaría nada sí me montaba en tres y subía la caja.

Subí el primer escalón, el segundo y al llegar al tercero y tratar de elevar mis manos para subir la caja un dolor muy fuerte, incluso más fuerte que la vez pasada volvió a aparecer.

Grité un poco, enserio había dolido, me bajé quejándome del dolor y al bajar mis pies, como venía sólo en calcetines sentí algo mojado.

Mire hacía abajo y la fuente se había reventado. ¡Joder!.

Caminé con un poco de dificultad a donde recordaba había dejado mi celular. Lo tomé y llamé a Sam.

Sammy

-¿Quién demonios es?.-Me preguntó Stella, habíamos terminado de lo que sea que estuviéramos haciendo.

Dejé la copa y tomé el teléfono, el número de Camila y una foto de ella con una gran sonrisa se veían en mi pantalla, sonreí, pero colgué.

No podía responderle, estaba con la loca de Stella y no quería problemas.

Me volví a acostar en la cama, Stella había ido al baño y una llamada volvió a sonar. Camila de nuevo, ¿le contesto o no le contesto?.

Le respondí.

-¿Qué pasa amor? Estoy realmente ocupado, linda.-Escuché un quejido de su parte, me senté de nuevo en la cama.-¿Camila, qué pasa? ¿Estás bien?.

-La fuente, la puta fuente.-Seguía quejándose, y llorando.

¿La fuente? ¿Qué fuente?.

-No te entiendo, linda.-Le dije, ella volvió a soltar un quejido y sollozaba más.

-Tu hija está por nacer, necesito que vengas, ¡YA!.-Gritó y después volvió a soltar un grito de dolor.

Colgué y me levanté de la cama de un brinco, me puse el pantalón y la camiseta al mismo tiempo.

-¿A dónde vas, Sammy?.-Me preguntó Stella saliendo del baño y viendo que yo me estaba yendo.

-No interesa.-Pasé de largo y salí de la habitación del hotel.

Bajé lo más rápido que pude, y fui hasta mi auto, estaba lloviendo como no tenían una idea. Corrí hasta el auto y al subirme saqué el teléfono de mi bolsillo para llamar a Nate.

Camila

El idiota de Sam aún no llegaba, el dolor era más fuerte y decidí llamar a Nate.

-Hermanita.-Dijo alegre.

-Nate, mi hijo está a punto de nacer y, ¡ahhh!. Ven por mi, por favor.-Le dije, el dolor seguía siendo mase fuerte y el bebé podría subir algún daño severo sí no me atendían rápidamente.

-Estoy por llegar.-Dijo y colgué.

Como Nate lo había dicho llegó muy rápido, en menos de quince minutos ya estaba en mi casa.

Me subí al auto y me llevó hasta al hospital. Entré y en cuanto los enfermeros me vieron me ayudaron.

La bebé nacería de siete meses, y por eso entré rápidamente a quirófano.

Me pusieron la anestesia, me conectaron a varias cosas, me cambiaron la ropa y más cosas para poder tener a la bebé ya.

Está niña nacería ahora cueste lo que cueste, ella ya no quería estar más tiempo dentro de mi.

The Sky isn't the Limit | Sammy Wilk¡Lee esta historia GRATIS!