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POV Rookie

Estaba recostado en el pecho de Infinite, sus latidos eran constantes, fuertes.

Era extraño encontrar consuelo en alguien como él, pero lo hacía. Aunque estaba algo frustrado por como no me dejó de terminar de traducir cuando estábamos en su oficina.

Sin pensarlo, susurré algo en mi idioma natal, con voz adormilada.

—"eres un impaciente".

Infinite gruñó suavemente, su brazo se tensó alrededor de mi cintura, atrayéndome más hacia él.

Abrí un ojo, sonriendo de lado al darme cuenta de que quería que tradujera lo que dije.

—Significa "eres increíble" —mentí sin dudarlo.

Infinite soltó una risa baja, claramente no del todo convencido, pero no insistió.

Aproveché el momento y lo besé suavemente.

Seguimos así por un rato, hablando en voz baja, compartiendo fragmentos de nuestras vidas que pocas veces nos atrevíamos a decir en voz alta.

Le hablé sobre Camelot, aunque con cuidado de no mencionar la parte en la que él atacó mi aldea y me convirtió en su prisionero.

No había necesidad de traer eso al presente.

Le conté sobre Tails, mi mejor amigo, herrero e inventor que me regaló mis primeras gafas.

—Él fue quien las hizo —dije, tocando ligeramente el puente de mi nariz, recordando mis antiguas gafas.

Infinite me observó en silencio por un momento, sus dedos rozando la piel de mi rostro.

—¿Antes de eso cómo veías?

—Mal —reí suavemente—. todo el mundo se vuelve manchas y colores. Por eso dejé de usar el arco.

—Eso es tan tonto —dijo pellizcando mi mejilla suavemente—. Con tus gafas puedes ver bien, deberías retomarlo.

—¿Encerio?

Infinite asintió, volviendo a acariciar mi cabello.

No decía mucho, pero cuando lo hacía, sus palabras siempre tenían peso.

Después de unos minutos de silencio cómodo, la curiosidad me ganó.

—Infinite…

—¿Hmm?

—¿Cómo era la madre de Nova?

El ambiente cambió ligeramente.

Sentí su agarre tensarse, y por un segundo temí haber dicho algo que no debía.

—¿Para que quieres saber eso?

Me sonrojé de inmediato.

—Bueno, Solo… tenía curiosidad.

Infinite suspiró, pero finalmente habló.

—No la conocí.

Fruncí el ceño, confundido.

—¿Cómo que no la conociste?

Infinite se acomodó mejor en la cama y me atrajo hacia él, como si el contacto físico le ayudara a hablar.

—Porque Nova no es mío.

Abrí los ojos sorprendido.

Infinite nunca hablaba de su pasado a menos que fuera necesario, pero ahora parecía dispuesto a contarme algo realmente importante.

Lo escuché con atención.

—Antes de ser general… dejé vivir a alguien que no debía.

Su voz era fría, carente de emoción.

—Era solo un niño, y yo… me dejé llevar por la compasión.

El amargo tono de sus palabras me hizo sentir un pequeño escalofrío.

—No pensé en las consecuencias. No hasta que fue demasiado tarde y una aldea entera terminó destruida.

Contuve la respiración.

—Mientras buscaba entre los escombros, encontré a Nova. —Infinite hizo una pausa. —Apenas era un bebé, estaba solo, así que me lo llevé.

Apreté mis labios.

Infinite no era alguien que actuara por simple bondad, pero ahora entendía que la culpa había sido el motor detrás de su decisión.

—No tenía intención de quedármelo —continuó—. Intenté dejarlo con otras familias varias veces.

—¿Por qué?

Infinite exhaló lentamente.

—Porque mi vida es un caos, mi puesto como general provoca que todo lo que me importa, este en constante peligro.

Sin pensarlo demasiado, lo abracé con fuerza, apoyando mi frente contra su cuello.

—Nova te adora, nadie lo cuida como tu.

Infinite no respondió de inmediato, pero sus brazos me envolvieron lentamente.

Nos quedamos así, en silencio, solo disfrutando el momento.

Sabía que Infinite nunca se veía a sí mismo como alguien bueno.

Pero para Nova… para mí…

Él era mucho más de lo que creía ser.

[...]

Un año.

Había pasado un año desde que decidí quedarme con Infinite. Un año desde que me convertí en algo más que su traductor. No solo en su pareja, sino en alguien importante para él y Nova.

La relación no era un secreto, aunque tampoco era algo de lo que habláramos abiertamente. Pero para mí, eso no importaba. Nova se lo tomó de la mejor manera y había empezado a llamarme padre. Era un alivio, un regalo inesperado que me hacía sentir completo.

Mi rutina diaria estaba llena de pergaminos, tinta y la constante presencia de Infinite. Aunque, más que trabajar, muchas veces terminaba siendo distraído por él. Era su forma de demostrar afecto: una mano que acariciaba mi cuello mientras leía, un beso robado cuando intentaba concentrarme.

Era feliz.

— Continuará —

Rookinfinite Donde viven las historias. Descúbrelo ahora