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La tarde comenzó a caer con tonos dorados y lavanda extendiéndose sobre el cielo. El aroma de la parrilla llenaba el aire, mezclándose con la sal marina y las risas esporádicas que salían del porche.

Felix aún dormía, envuelto en una manta ligera que Han le había colocado antes de irse a preparar limonada con Minho. Su rostro estaba sereno, las ojeras menos marcadas, el color más cálido regresando a sus mejillas. Hyunjin se permitió soltar el aire que llevaba contenido en el pecho desde hacía días.

Cerca de la cocina, Chan revisaba su teléfono en silencio. Su ceño se frunció apenas por una fracción de segundo, pero suficiente para que Jeongin, que se acercaba con los cubiertos, lo notara.

—¿Todo bien?

Chan alzó la mirada rápidamente y sonrió.

—Sí, solo… tonterías del grupo de distribuidores. Están reorganizando rutas.

Jeongin no insistió, pero lo vio guardar el móvil con más fuerza de la necesaria.

Unos minutos después, mientras ayudaba a Seungmin a encender las luces exteriores, el enigma volvió a sacar el teléfono. Esta vez en modo avión.

Pero antes, un nombre que no debería haber estado allí apareció en pantalla. Solo por un segundo.

"San - Línea muerta."

San.

El San que desapareció en una misión hace tres años. El que, según todos los informes, había muerto en un enfrentamiento en Busan. El que Chan mismo enterró simbólicamente con una copa rota sobre el mármol de la sede principal.

«¿Cómo carajo puede estar enviando señales ahora...?»

—Chan, ¿estás bien? —preguntó Seungmin desde la baranda.

El mayor asintió, forzando una sonrisa que no tocó sus ojos.

—Sí. Solo recordé algo.

Volvió a mirar su móvil. “Línea muerta” no significaba solo contacto fuera de rango. En el viejo código entre ellos, también era una llamada de socorro camuflada. San siempre dijo que si alguna vez volvía del infierno, no lo haría gritando… lo haría en silencio.

Y ese silencio acababa de romperse.

Desde el porche, Hyunjin salió sosteniendo a Felix con un brazo. El omega parecía más animado, aunque algo adormilado aún. Jisoo y Dohyun corrían tras ellos, saltando por las baldosas del camino.

Chan los vio. La brisa de la costa agitó la manta de Felix con suavidad, y por un segundo, todo pareció tan normal. Tan frágil.

«No ahora, San… no justo ahora.»

Pero la mafia no se detenía. Ni siquiera por el amor. Ni por una familia. Ni por un cachorro que aún no había nacido.

 Ni por un cachorro que aún no había nacido

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¿united by a bond? - hyunlixDonde viven las historias. Descúbrelo ahora