☆16☆

102 19 41
                                        

POV Rookie

El bosque de la Dama del Lago tenía un aire mágico que siempre me había reconfortado. Sin embargo, esta vez, mi cuerpo débil apenas soportó el trayecto. Todo el camino había estado tosiendo, tanto que Lancelot tuvo que ayudarme a bajar del caballo. Apenas mis pies tocaron el suelo, Lady Nimue apareció frente a nosotros, su rostro reflejaba preocupación.

—Rookie, ¿qué te ha sucedido? —preguntó mientras se acercaba rápidamente.

Antes de que pudiera responder, colocó una mano sobre mi pecho. Una cálida luz brotó de su palma, extendiéndose por todo mi cuerpo. El dolor que me atormentaba comenzó a desaparecer poco a poco, y por primera vez en semanas, pude respirar con facilidad.

—Gracias, Lady Nimue —murmuré con una sonrisa débil.

—¿Por qué no viniste antes? —preguntó ella con un leve reproche en su tono. —Sabes que necesitas tratamiento constante para mantenerte estable.

Le conté todo: el ataque de Infinite a mi aldea, cómo me había capturado y llevado al Reino del Norte como su prisionero. Lady Nimue me escuchó con atención, su mirada era suave pero firme.

—Deberías quedarte aquí, Rookie. Estarías a salvo, y además estoy trabajando en un encantamiento que podría curarte definitivamente. Solo necesitaré un par de semanas más.

—Gracias, pero no puedo quedarme —respondí con una pequeña sonrisa. —Quiero volver con Infinite… y con Nova y Cream. Ellos son mi familia ahora.

Lady Nimue me observó en silencio durante un momento, y luego sonrió con comprensión.

—Entiendo. Pero promete que regresarás cuando esté listo.

Asentí.

—Lo prometo.

Lancelot, que había estado observando desde la distancia, se despidió con un leve gesto de la cabeza. Lady Nimue le agradeció por traerme, y los dos nos pusimos en marcha de regreso al castillo de Camelot.

El trayecto de vuelta fue silencioso. Mi mente estaba dividida entre el alivio de haberme recuperado temporalmente y la inquietud de lo que Infinite pudiera pensar. Pero nada me preparó para lo que encontré al entrar en nuestra habitación.

Infinite estaba allí, de pie junto a la ventana, con los brazos cruzados y una expresión que oscilaba entre enojo y dolor.

—¿Dónde estabas? —preguntó con voz fría, sin siquiera mirarme.

—Fui… fui a buscar algo para comer —mentí, tratando de mantener la calma. —Hace tiempo que no pruebo la comida de Camelot, y yo...

Infinite giró lentamente, y su mirada era como un cuchillo.

—No mientas, Rookie. Sé que estuviste con Lancelot.

Mi corazón se detuvo. ¿Nos había visto?

—¿Qué? No, yo…

—¿Él es la razón por la que insististe tanto en venir conmigo? —Infinite avanzó hacia mí, acorralándome contra la pared. Sus ojos estaban llenos de furia, pero también de algo más profundo, algo que dolía ver.

—¡No fue por eso! —protesté, pero Infinite no parecía escucharme.

—¿Disfrutaste estar con él? —preguntó, su voz cargada de celos.

—¡No fue así! Infinite, por favor, escúchame…

No terminé de hablar porque de repente me besó. Pero no era como antes, no había ternura, solo rabia y desesperación. Traté de empujarlo, pero él bajó a mi cuello, y fue entonces cuando reuní fuerzas para separarme de él.

—¡Basta! No quiero esto, Infinite.

Infinite se detuvo, sorprendido. Su mirada se oscureció aún más.

—¿Qué pasa, Rookie? ¿Es porque no soy Lancelot? ¿A él sí lo aceptarías?

—¡Eso no es cierto! —grité, pero mi voz temblaba.

Infinite me miró un momento más, y luego se dio la vuelta, saliendo de la habitación sin decir una palabra.

Me quedé allí, temblando, con la espalda aún contra la pared, y mi pecho dolía.

No supe en qué momento me había dormido. Cuando abrí los ojos, sentí la cara húmeda, y mis ojos seguían ardiendo. Había llorado, mucho. No podía quedarme así, debía buscar a Infinite y aclarar las cosas. Tal vez si le contaba la verdad, sobre mi enfermedad, sobre por qué estuve con Lancelot… tal vez él me escucharía.

Salí de la habitación con pasos apresurados, buscando en cada rincón del castillo. No tardé mucho en notar que no solo Infinite estaba ausente, sino también todos los soldados del Reino del Norte. La ansiedad comenzó a formarse en mi pecho.

Mientras recorría los pasillos, choqué con Sir Galahad, quien parecía sorprendido de verme.

—¿Ha visto al General Infinite? —pregunté, con la voz aún temblorosa.

Sir Galahad suspiró y me miró con una mezcla de lástima y precaución.

—Se fue durante la madrugada, Rookie. El tratado fue firmado, y él y sus hombres partieron de inmediato.

Me quedé congelado. ¿Infinite se había ido… sin mí?

—Si quieres alcanzarlo, probablemente aún esté en la aldea del este. Está retirando a sus tropas como parte del acuerdo.

No supe qué responder. El nudo en mi garganta era demasiado fuerte.

—Si realmente quieres ir, puedo darte un caballo —añadió Galahad.

Lo miré, sorprendido por su ofrecimiento. Asentí, apenas encontrando mi voz para darle las gracias.

La aldea del este estaba iluminada por la celebración de su recién adquirida libertad. Sin embargo, para mí, todo se sentía vacío. Había llegado tarde; el ejército del Reino del Norte ya no estaba.

Mientras buscaba desesperadamente entre la gente, vi una figura familiar.

—¡Tails! —grité, corriendo hacia él.

Él me vio y, por un segundo, pareció que no me reconocía. Pero luego sus ojos se iluminaron, y cuando llegué, me envolvió en un fuerte abrazo.

—¡Rookie! Que bueno que estás bien.

Su voz era cálida, y por un momento, sentí que todo estaba bien. Sin embargo, el peso en mi pecho seguía ahí. Nos sentamos junto a una fogata, y le conté lo que había pasado.

—¿Qué vas a hacer ahora? —preguntó Tails después de un rato.

Miré el fuego, perdido en mis pensamientos.

—Voy a volver al Reino del Norte. Tengo que hablar con Infinite.

Tails parecía preocupado, pero no dijo nada más. Pasé unos días con él mientras preparaba mis cosas, estaba decidió a volver y explicarle todo a ese chacal testarudo.

— Continuará —

Shipper: está ruta es la más tranquila de las tres, con las otras dos llore mientras escribía xD

Rookinfinite Donde viven las historias. Descúbrelo ahora