☆15☆

95 18 30
                                        

POV Rookie

Llegar al centro de Camelot fue como despertar en un sueño que hacía tiempo creía enterrado. Los recuerdos de Tails y de su insistencia en abandonar la aldea antes de la guerra pesaban en mi mente. Él tenía razón: aquí todo estaba intacto, el lujo y la tranquilidad contrastaban con la destrucción que había dejado atrás. Pero no podía detenerme en lamentos.

Mantuve la cabeza baja mientras cruzábamos el castillo. Infinite lideraba el grupo con su porte altivo, y yo me mantuve a una distancia prudente detrás de él, con la esperanza de pasar desapercibido. Sin embargo, eso cambió cuando nos encontramos con los caballeros de la Mesa Redonda.

Sir Lancelot era el líder, un erizo azabache que se movía con elegancia y seriedad. Al escuchar su nombre, mi corazón se detuvo. Lo conocía. Lo busqué con la mirada, recordando las pocas veces que nos habíamos cruzado en el bosque mientras visitaba a Lady Nimue. Siempre había sido amable conmigo, aunque reservado. Sabía sobre mi enfermedad.

Cuando nuestros ojos se encontraron, vi un destello de reconocimiento en su mirada. Frunció el ceño, claramente sorprendido, pero no dijo nada. Infinite, sin embargo, no pasó por alto la breve conexión. Sus ojos se entrecerraron, y una ola de incomodidad se apoderó de mí.

El ambiente se tensó aún más cuando noté las miradas de odio que Infinite y Lancelot intercambiaban. Parecía haber una vieja rivalidad entre ellos.

Esa noche, en la habitación asignada a Infinite, me preparaba mentalmente para cualquier interrogatorio. Mientras me recostaba junto a él, Infinite comenzó a jugar con mi cabello, un gesto que ya debería haberme acostumbrado, pero que aún me ponía nervioso.

—¿Conoces a Lancelot? —preguntó de repente, su tono cargado de sospecha.

Me quedé helado por un momento antes de negar con la cabeza.

—No, solo he oído hablar de él. Nada más.

Infinite frunció el ceño, claramente dudando de mi respuesta. Estaba a punto de decir algo más cuando decidí interrumpirlo. Me acomodé en su pecho, mirándolo directamente a los ojos.

—No me interesa Lancelot, Infinite —dije con firmeza, sorprendiéndome a mí mismo con la seguridad en mi voz. —Tú eres mejor.

Antes de que pudiera responder, lo besé. Al principio, parecía sorprendido, pero pronto sonrió, esa sonrisa peligrosa y posesiva que siempre hacía que mi corazón latiera más rápido.

—Repítelo, cachorro —murmuró contra mis labios, mientras sus manos comenzaban a deslizarse por debajo de mi ropa.

La situación se descontroló rápidamente. Sus besos se volvieron más intensos, y antes de darme cuenta, estaba debajo de él, respirando con dificultad y aferrándome a las sábanas. Infinite marcaba su dominio, y aunque parte de mí temía que alguien nos interrumpiera, otra parte lo deseaba tanto que no podía pensar en nada más.

[...]

Al día siguiente, el segundo de nuestra estancia, me encontraba siguiendo a Infinite por los pasillos con algunos documentos del tratado en las manos. Todo parecía normal hasta que, distraído, choqué con alguien: Sir Galahad, otro caballero de la Mesa Redonda.

—Mis disculpas —dijo el caballero, ayudándome a recoger los papeles que habían caído.

—No, fue mi culpa. Gracias —respondí rápidamente, tratando de evitar la atención.

Mientras me devolvía los documentos, noté que deslizó un pequeño papel extra entre ellos, asegurándose de que Infinite no lo viera. Le lancé una mirada agradecida y asentí levemente antes de volver al lado de Infinite.

Más tarde, cuando encontré un momento a solas, deslicé el papel fuera del montón. Había una sola frase escrita con precisión: No dormir.

Mi corazón dio un vuelco. ¿Qué significaba eso? ¿Era una advertencia? ¿Una instrucción? La intriga comenzó a consumirme, pero no tuve mucho tiempo para pensar en ello antes de que Infinite llamara mi atención.

—Cachorro, ¿qué estás haciendo? —preguntó desde el otro lado de la habitación, con la mirada fija en mí.

Rápidamente doblé el papel y lo escondí entre los documentos.

—Nada, general. Solo revisando los textos.

Infinite pareció aceptar mi excusa, aunque su mirada penetrante me decía que no le había pasado desapercibido mi nerviosismo.

Durante la noche, yo no podía estar más nervioso. Infinite y el rey discutían sobre los términos del tratado mientras yo, sentado discretamente a un lado, leía y traducía documentos con cuidado. Las palabras escritas en el idioma de Camelot requerían toda mi concentración, pero mi mente seguía divagando hacia otras cosas.

El rey, un erizo azul de ojos verdes, se veía amable, aunque su comportamiento me resultaba extraño.

Lancelot, por su parte, no dejaba de lanzar indirectas. Cuando mencionó el retiro de las tropas de Infinite en la aldea del este, mi hogar, insistió en que todos los prisioneros fueran liberados. Su mirada se posó en mí mientras hablaba, y aunque traté de mantenerme neutral, no podía ignorar lo que implicaba. Infinite, por supuesto, no lo tomó bien.

—Rookie, vuelve a tu habitación —ordenó Infinite con frialdad, cortando cualquier posibilidad de discusión.

—Pero yo…

—Dije que te vayas. Ahora. —Su tono no admitía réplica, y aunque me dolió obedecer, me levanté y salí de la sala sin mirar atrás.

En mi habitación, mi mente era un caos. La palabra "libertad" sonaba dulce, pero algo dentro de mí no quería apartarme de Infinite, no después de todo lo que habíamos pasado. Además, Nova estaba en mis pensamientos. ¿Cómo podría abandonarlo?

No tuve mucho tiempo para seguir reflexionando porque un dolor familiar en el pecho me golpeó de repente. Mi tos comenzó con fuerza, y esta vez la sangre que salió fue más abundante que antes. Jadeando, busqué algo con lo que limpiarme, pero mi cuerpo temblaba demasiado. Pensé en recostarme para descansar pero recordé la nota de Sir Galahad: "No dormir." ¿Sabía él algo que yo no?

Mientras luchaba por recomponerme, unos golpes suaves sonaron en la puerta. Me congelé. ¿Infinite? ¿O alguien más? Caminé lentamente para abrirla, y para mi sorpresa, Sir Lancelot estaba allí.

—¿Qué hace aquí? —pregunté, confuso.

—Lady Nimue está preocupada por ti, Rookie. Desde que desapareciste hace meses, no ha dejado de preguntar por tu bienestar —respondió, y antes de que pudiera protestar, tomó mi muñeca con firmeza. —Voy a llevarte al bosque para que la veas.

—¡Espera, no puedo! Infinite se enojará si se entera que me fui…

—El rey se encargará de distraerlo. Pero no puedo garantizar que tengas otra oportunidad como esta. —Su tono era serio, y su agarre no cedía.

Miré hacia el pasillo, como si Infinite pudiera aparecer en cualquier momento, pero sabía que Lancelot no me dejaría ir tan fácilmente. Finalmente, asentí con resignación.

Llegamos al establo, donde ya había un caballo preparado. Lancelot subió con agilidad y me tendió una mano.

—Será más rápido así —dijo, tirando de mí para que montara detrás de él.

Mientras cabalgábamos hacia el bosque, mi mente estaba dividida. Me convencía a mí mismo de que solo sería un momento, recibiría el tratamiento que necesitaba y volvería antes de que Infinite notara mi ausencia. Sin embargo, una voz en mi interior me advertía que no sería tan simple.

— Continuará —

Rookinfinite Donde viven las historias. Descúbrelo ahora