☆ 14 ☆

104 20 35
                                        

POV Rookie

Despedirse de Nova fue mucho más difícil de lo que había imaginado. El pequeño se aferró a mi pierna con todas sus fuerzas, gritando que quería ir conmigo.

—¡No me dejes, papá! ¡Quiero ir contigo! —sollozaba, con lágrimas corriendo por sus mejillas.

"Papá". Aún no me acostumbraba a que me llamara así, pero, para ser honesto, no me molestaba. De hecho, una parte de mí sentía calor en el pecho cada vez que lo decía.

—Tranquilo, Nova —dije, agachándome a su altura y acariciándole las orejas con cuidado—. No será por mucho tiempo, te lo prometo. Y mira, te traeré dulces de Camelot, ¿recuerdas esos dulces de miel que te gustan tanto?

Los ojos de Nova brillaron un poco entre las lágrimas.

—¿De verdad? ¿Me traerás muchos? —preguntó, aún con la voz temblorosa.

—Los suficientes para que tengas una montaña de ellos —respondí con una sonrisa, levantando mi mano como si estuviera midiendo una pila gigante—. Así de grande.

Nova parpadeó un par de veces, sorbiendo por la nariz mientras intentaba calmarse. Al final, asintió con la cabeza.

—Está bien… pero si no los traes, no te hablaré nunca más, ¿entendido?

—Entendido, señor —le respondí, haciendo una pequeña reverencia para hacerlo reír.

"Funcionó." Nova se rió un poco, frotándose los ojos.

—Nos vemos, papá Rookie.

—Volveremos pronto, Nova. Hazle caso a Cream.

Después de eso, Cream vino a recogerlo y se lo llevó, aunque no sin que Nova mirara hacia atrás varias veces para asegurarse de que seguía ahí. No podía mentir, yo también me sentía algo vacío al verlo alejarse.

—¿Terminaron con el drama, cachorro? —la voz de Infinite llegó detrás de mí. Me giré para verlo, con esa típica sonrisa burlona en su rostro—. No tenemos todo el día.

—Tú también te despediste de él, no te hagas el duro —respondí, ajustándome la capucha sobre la cabeza.

Infinite alzó una ceja.

—Hmph, lo hice porque no paraba de llorar, no porque quisiera.

No le creí ni por un segundo.

Monté en el caballo junto a Infinite. No era la primera vez que compartíamos un espacio tan cercano, pero definitivamente no ayudaba a mis nervios que él aprovechara cada oportunidad para susurrarme cosas al oído.

—¿Nervioso, cachorro? —murmuró Infinite, con una sonrisa que podía sentir incluso sin mirarlo.

—No, general —mentí.

Infinite se inclinó un poco más, su aliento cálido contra mi oído.

—Mientes muy mal.

Me sonrojé y traté de mantener la mirada al frente, pero fue inútil. Cada vez que me relajaba un poco, Infinite hacía algo que me ponía aún más nervioso: un comentario, una mano que se apoyaba casualmente en mi cintura, un beso rápido si creía que los guardias no estaban mirando.

Después de lo que parecieron horas, finalmente llegamos al Reino de Camelot. Pasaríamos primero por mi antigua aldea antes de dirigirnos al castillo.

—Haremos una parada rápida —anunció Infinite, tirando de las riendas de su caballo—. No más de quince minutos.

Rookinfinite Donde viven las historias. Descúbrelo ahora