☆13☆

92 20 31
                                        

POV Rookie

El camino hacia la oficina de Infinite se sintió más largo de lo normal. La tos no me había dejado en paz todo el día, y mi cuerpo estaba agotado. Cada paso se sentía como cargar una piedra gigante. Pero no podía permitirme mostrarme débil. No delante de él.

—Solo respira… y no tosas… no tosas… —me repetí a mí mismo, apretando el pañuelo en el bolsillo.

Al llegar frente a la puerta, escuché voces del otro lado. Me detuve en seco y me incliné contra la pared, intentando no hacer ruido.

—Entonces todo está listo, general. La escolta partirá mañana al amanecer —dijo una voz que reconocí como la de uno de los guardias.

—Más vale que todo esté en orden —respondió Infinite, su voz firme y autoritaria como siempre—. No quiero errores, especialmente cerca de Camelot.

Camelot. Mi corazón dio un vuelco. No pude evitar asomar la oreja un poco más cerca de la puerta.

—¿Y estará presente el rey? —preguntó el guardia.

—No, se me ha encargado a mí firmar él tratado, o destruir Camelot en caso de lo contrario —dijo Infinite con un tono serio, pero calmado.

Mi mente comenzó a correr a toda velocidad. Camelot. Estarían en Camelot. Si lograba llegar allí, podría buscar la forma de encontrar a Lady Nimue. Ella me ayudaría.

Esta era mi oportunidad.

Estaba tan absorto en mis pensamientos que no escuché la puerta abrirse. Infinite y el guardia salieron, y ambos me miraron como si hubieran atrapado a un ladrón.

—¿Planeas quedarte ahí todo el día, cachorro? —preguntó Infinite con una ceja levantada y una sonrisa burlona.

—¡N-no! —respondí, enderezándome de golpe—. No quería interrumpir… eso es todo.

El guardia me miró con desconfianza antes de hacer una pequeña reverencia a Infinite y marcharse. Solo quedamos él y yo.

Infinite cruzó los brazos, observándome con una mirada que parecía atravesarme.

—Si tienes algo que decir, dilo. No tengo todo el día.

Era ahora o nunca.

—Llévame contigo —dije de golpe, casi sin pensarlo.

Infinite ladeó la cabeza, como si no hubiera escuchado bien.

—¿Qué dijiste, cachorro?

—Llévame contigo a Camelot —repetí con más firmeza, evitando mirarlo a los ojos.

Se hizo un silencio incómodo. Pude escuchar el ritmo de mi corazón acelerarse. Infinite dio un paso hacia mí, haciendo que me encogiera un poco por instinto.

—¿Y por qué haría eso? —preguntó con un tono bajo, casi peligroso—. ¿Para que intentes escapar?

—¡No, no es eso! —levanté las manos, moviéndolas rápido en señal de negación—. ¡Puedo ayudarte!

Infinite entrecerró los ojos.

—¿Cómo?

—¡Los idiomas! —dije rápidamente, señalándome a mí mismo—. Vas necesitar a alguien para traducir. Yo podría ayudarte con eso. Sería más eficiente que traer a alguien más.

Infinite no respondió. Solo me miró en silencio, con esa mirada que nunca sabía si era de juicio o burla. Me observó de arriba abajo, como si estuviera evaluando cada palabra que acababa de decir.

—Hmph… —soltó una pequeña risa—. Vaya excusa.

Mi cuerpo se tensó.

—¡No es una excusa! —insistí—. Sabes que tengo razón. No hay nadie más que pueda hacerlo mejor que yo.

—Y sin embargo, sigues siendo un prisionero, cachorro —respondió con una sonrisa torcida, inclinándose hacia mí. Puso una de sus garras en mi mentón, obligándome a mirarlo directamente a los ojos—. Dame una buena razón para confiar en ti.

Mi mente se quedó en blanco. No podía decirle la verdadera razón. No podía decirle que mi enfermedad estaba empeorando y que solo Lady Nimue podía ayudarme.

—¿No tienes nada que decir? —preguntó Infinite, con los ojos brillando de diversión y burla—. Qué sorpresa.

Mis labios se movieron antes de que pudiera pensarlo.

—¿No confías en mí?

Infinite se quedó inmóvil. Su sonrisa desapareció poco a poco, dejando una expresión más neutral. Parecía sorprendido.

—Hmph… bien —dijo, soltándome el mentón—. Pero si intentas escapar…

Infinite dio un paso más y lo sentí todo más frío. Su voz se volvió más grave, cargada con un peso que no había escuchado antes.

—…no te perdonaré.

Esa última palabra sonó… extraña.

Mi cuerpo se congeló. No por miedo, sino porque noté algo en su tono. No era una amenaza, era… ¿tristeza?

Lo miré, pero él ya me había dado la espalda, caminando de regreso a la oficina. No miró atrás ni una sola vez.

—Prepara tus cosas, cachorro. Nos vamos al amanecer.

Mi pecho se sintió más ligero, pero mi corazón seguía acelerado.

—Sí… sí, entendido —respondí, sin saber si debía sentirme feliz o preocupado.

Lo vi entrar a la oficina y cerrar la puerta. Me quedé ahí, sin moverme, mirando la puerta como si pudiera ver a través de ella.

"No te perdonaré…"

Esa frase seguía dando vueltas en mi cabeza. Infinite siempre se refería a mí como "cachorro", "prisionero" o "molesto", pero nunca había dicho algo con tanta… sinceridad.

No pude evitar llevarme la mano al pecho, justo donde estaba mi corazón.

—"No te perdonaré…" —repetí en voz baja. Mi garganta se sentía seca.

Caminé de vuelta a mi habitación, aún con el eco de esas palabras en mi mente. No sabía qué significaba exactamente, pero algo en mi pecho se sintió extraño.

Y no sabía si eso era bueno o malo.

Esa noche, apenas pude dormir. Mi cuerpo se sentía pesado, la fiebre subía de nuevo y la tos era peor que nunca. Me acurruqué en la cama, tapándome hasta la cabeza, conteniendo los ataques de tos tanto como pude. No podía dejar que nadie me escuchara.

"Solo un día más…" pensé, con los ojos cerrados y el pañuelo manchado de sangre en mi mano. "Solo un día más y estaré en Camelot."

— continuará —

Rookinfinite Donde viven las historias. Descúbrelo ahora