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POV Rookie

No sabía cómo había salido de esa oficina ni cómo había llegado a mi habitación. Todo fue un borrón. Mis piernas se movieron solas, mi mente estaba en otra parte.

Apenas cerré la puerta, me dejé caer de espaldas en la cama y enterré el rostro en la almohada. Un grito ahogado salió de mi garganta, ahogándose contra la tela. Mis manos apretaron los bordes de la almohada con fuerza mientras mi cuerpo se tensaba por completo.

"¡¿Qué rayos estoy haciendo?! ¡¿Qué me está pasando?!"

Mis pensamientos eran un caos. Las imágenes de Infinite, su sonrisa arrogante, su mirada, sus manos, sus labios... Todo eso pasaba una y otra vez en mi cabeza. Mi rostro se sentía ardiendo, y no era por fiebre.

—¡Agh! —grité una vez más, apretando la almohada contra mi cara con más fuerza.

Si hubiera sabido que terminaría en esta situación cuando me capturaron, hubiera preferido que me mataran.

Pero no por que odiaba la situación, me avergonzaba.

Me quedé mirando el techo, mi mente completamente en blanco. Sentía mi cuerpo pesado, el calor en mis mejillas no se iba. Cada vez que cerraba los ojos, la imagen de Infinite se quedaba ahí, tan clara como si aún estuviera frente a mí.

—No pienses en eso... No pienses en eso... —me repetí a mí mismo, cerrando los ojos con fuerza.

El silencio de la habitación solo hacía que mis pensamientos fueran más ruidosos. De repente, una tos se escapó de mi pecho.

—Kuh... ¡Cof, cof!

"No, no ahora..."

El dolor agudo en mi garganta me hizo inclinarme hacia adelante. Sentí la opresión en mi pecho, como si me apretaran los pulmones con fuerza. Toqué mis labios con los dedos y, cuando los miré, vi manchas rojas.

Sangre.

Mis ojos se abrieron de par en par, el corazón me dio un vuelco. Saqué el pañuelo que tenía bajo la almohada y lo llevé a mi boca mientras la tos no cesaba. El pañuelo, que antes era blanco, ahora tenía manchas carmesí.

—No… no, no, no… —murmuré con la respiración entrecortada, presionando el pañuelo contra mis labios.

Sabía que pasaría. Ya eran dos meses sin visitar a Lady Nimue. Desde que Infinite me había traído a este lugar, no había tenido la oportunidad de ir a verla. "Si no te tratas, la enfermedad volverá", eso fue lo que me dijo.

—Maldición… —apreté los dientes mientras sentía el sabor metálico de la sangre en la boca.

Intenté calmar mi respiración, pero la opresión en mi pecho seguía allí. La tos no era constante, pero sabía que pronto lo sería. Tenía que ir a verla.

Sin embargo, antes de que pudiera hacer algo, la puerta de la habitación se abrió de golpe.

—¡Rookie, mira lo que trajo papá! —exclamó Nova, entrando con una gran sonrisa. Detrás de él estaba Cream, sosteniendo una bandeja de comida.

Rápidamente, doblé el pañuelo y lo metí bajo la almohada. Intenté actuar con normalidad, enderezándome y sentándome en la cama. Mi respiración aún estaba agitada, pero hice mi mejor esfuerzo por sonreír.

—¡Oh! Vaya, ¿qué es eso? —pregunté, fingiendo interés mientras miraba a Nova.

Nova corrió hacia mí con un trozo de tela gruesa en sus manos. Era una capa, suave al tacto y con bordados dorados en los bordes.

—¡Mira esto! ¡Papá me la acaba de dar como algo extra! —dijo con orgullo, extendiéndola para que la viera mejor—. ¡Dijo que la tela es especial de las montañas del este!

—Vaya... eso es genial, Nova. —Le di una sonrisa, aunque por dentro mi cuerpo estaba al límite. Mi pecho aún se sentía apretado, y cada vez que respiraba, sentía la sangre en mi garganta.

Cream, mientras tanto, dejó la bandeja de comida sobre la pequeña mesa. Me miró con una ligera expresión de preocupación.

—Rookie, ¿estás bien? —preguntó con la dulzura de siempre, ladeando la cabeza mientras me miraba.

—¿E-eh? Sí, claro. ¿Por qué lo preguntas? —respondí rápidamente, tratando de sonar natural.

—Te ves pálido... —dijo ella, frunciendo el ceño—. ¿Comiste algo hoy?

—¡Seguro que no comió nada! —intervino Nova, mirándome con los brazos cruzados—. ¡Rookie siempre se olvida de comer!

—No es eso... solo... no tenía hambre —mentí, tratando de no mirarlos a los ojos.

Cream no se veía convencida. Se acercó, puso una mano en mi frente y frunció aún más el ceño.

—Tienes fiebre... —murmuró, apartando la mano lentamente.

—No es nada, de verdad —respondí con una sonrisa nerviosa, levantando las manos—. Solo estoy un poco cansado.

—Papá dice que los débiles siempre ponen excusas —intervino Nova, inflando las mejillas—. ¡Si estás enfermo, ve al médico!

"¿Débiles, eh...?"

Las palabras de Nova me dolieron más de lo que deberían. Sabía que solo estaba repitiendo las palabras de su padre, pero eso no hacía que doliera menos.

—No soy débil, Nova —dije con firmeza, bajando la mirada hacia el suelo.

Hubo un silencio incómodo. Cream y Nova se miraron entre sí. Nova bajó la vista, pateando el suelo con timidez.

—Lo siento… —murmuró él, frotando la punta de su pie contra el suelo—. No quise decir eso...

—Tranquilo, no pasa nada —le respondí, forzando una sonrisa—. Además, tienes razón. No me he cuidado mucho últimamente.

Cream tomó la bandeja de comida y la dejó a mi lado.

—Entonces come, Rookie. No te irá bien si sigues así —dijo con una sonrisa amable, pero su mirada aún estaba llena de preocupación.

—Sí, sí… Lo haré —respondí mientras tomaba un trozo de pan de la bandeja.

Cream y Nova me miraron por unos segundos antes de que Nova se acercara para sentarse a mi lado. Me miró de reojo, como si quisiera decir algo pero no se atreviera.

—Rookie… —dijo después de unos segundos—. ¿Puedes enseñarme a usar el arco?

—¿Eh? ¿Por qué?

—Bueno... Escuché a los guardias decir que los arqueros eran un buen recurso en las batallas —murmuró, mirando al suelo—. Y también… me gustó el truco que hiciste con la flecha en llamas.

No pude evitar sonreír.

—Claro que sí, Nova —dije, revolviéndole el cabello con la mano—. Empecemos cuando tú quieras.

—¡¿Mañana?!—preguntó con su rostro iluminado.

Aunque la presión en mi pecho no se había ido, de alguna forma, tenerlo ahí hacía que se sintiera un poco más soportable.

Cream también se quedó, conversando con Nova mientras yo comía lentamente. Mi mente, sin embargo, volvió recordar lo que había pasado en la oficina.

El beso. Las palabras de Infinite. La forma en que me miró.

"Dormirás conmigo esta noche."

Mi corazón dio un vuelco. Intenté no pensar en ello, pero ya era tarde.

"¿Qué me va a pasar esta noche?"

— Continuará —

Rookinfinite Donde viven las historias. Descúbrelo ahora