Felix era un omega que había aprendido a sobrevivir más que a vivir.
Con un pasado marcado por la violencia y el abandono, había llegado a un punto donde no esperaba nada de la vida... salvo un poco de calma.
Trabajaba en un pequeño y colorido kínde...
En la mansión del bosque - unas horas antes del alta de Felix
El sol de la mañana apenas se filtraba entre los árboles altos que rodeaban la mansión del bosque. Bangchan había llegado con Minho para recoger algunas pertenencias que Hyunjin había solicitado antes del traslado a la playa. Había algo pacífico en ese rincón apartado del mundo. O, al menos, así había sido hasta que sonó el timbre principal.
Bangchan frunció el ceño. Nadie más debía venir. Pensó que quizá era el jardinero o alguna otra persona que había olvidado coordinar con anticipación.
-Voy yo -dijo, dejando las cajas sobre la encimera y caminando hacia la puerta principal.
Cuando la abrió, una figura femenina se deslizó al interior sin darle tiempo a reaccionar. Su perfume golpeó su nariz con violencia, dulce, invasivo, completamente fuera de lugar en ese entorno natural. La reconoció al instante.
-¿Yooyeon? ¿Qué...?
-No me detengas, Bangchan -dijo ella con una sonrisa gélida, empujándolo con el hombro mientras entraba-. Solo vine a hablar con Hyunjin. No es asunto tuyo.
-¡Oye! ¡No puedes entrar así! -Chan giró para detenerla, pero fue demasiado tarde. Minho se interpuso entre ambos, pero ella se apartó con fuerza, lo suficiente como para que ambos dieran un paso atrás. El movimiento había sido premeditado.
-¡Yooyeon, sal de aquí ahora mismo! -gritó Minho, claramente ofuscado.
-No hasta que vea a Hyunjin -repitió ella, firme, cruzándose de brazos en el centro del salón principal-. No me moveré hasta que él venga. Así que hazle una llamada.
Bangchan respiró hondo, apretando la mandíbula.
No quería armar un escándalo. No hoy. No cuando Felix estaba aún en cama, frágil como una hoja bajo la lluvia. Apretó los dientes, sacó el móvil del bolsillo y marcó, esperando que Hyunjin contestara antes de que la situación se saliera más de control.
Cuando escuchó su voz al otro lado, todo se le volcó en el pecho.
- Hyunjin... lo siento. No sabía que era ella. La abrí sin pensar. Ahora está dentro y no se va a ir hasta que tú vengas.
Y en el fondo, Chan sabía que aquello... no iba a terminar bien..
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El aire en la habitación era suave, perfumado con el aroma a sábanas limpias y medicina fresca. Una tenue luz matinal se colaba por las cortinas, iluminando el rostro pálido de Felix, quien permanecía sentado en la cama mientras Seungmin y Jeongin lo ayudaban a alistarse con gestos delicados y silenciosos y han le contaba mil y un anécdotas.
-Ya casi estás listo -dijo Jeongin, sonriendo suavemente mientras alisaba la camisa blanca sobre su torso-. Vas a amar la mansión. Tiene vista al mar desde la habitación principal.