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La puerta se cerró con un chasquido suave. Yooyeon se acomodó en la silla con una seguridad que no encajaba con la tensión del momento. Hyunjin se quedó de pie, cruzado de brazos, observándola con una mezcla de recelo y desdén.

-Dejaste esta oficina igual -comentó ella, oliendo el aire sutilmente-. Es curioso cómo ciertos olores permanecen, aunque los recuerdos duelan.

-Ve al punto, Yooyeon -gruñó él, con la mandíbula tensa.

Ella soltó una risa baja, casi melodiosa, y se inclinó hacia adelante sobre la mesa.

-Está bien... Te hablaré sobre lo que tanto investigas, pero quiero algo a cambio. Quiero que me escuches. Que me mires. No como una aliada... como lo que fuimos.....y a mis hijos.

Hyunjin ni parpadeó. Pero el olor cambió. Sutil, espeso... dulce.

El aroma de la omega se esparció por la sala con una intención clara, rozando lo ofensivo. Una marca invisible, pero poderosa.

Él lo notó de inmediato.

-Basta -dijo, cortante, alejándose un paso-. No intentes marcar lo que no es tuyo. Ni yo ni esta casa.

Yooyeon se puso de pie, la sonrisa aún en los labios. Pero ya no era coqueta. Era algo más... retorcido.

Hyunjin caminó hacia la puerta, la abrió de par en par y le indicó con la cabeza que se fuera. No respondió a la mirada herida que ella lanzó antes de salir, ni al aroma persistente que había dejado atrás, como un eco de advertencia.

Al bajar las escaleras, notó que la sala estaba vacía.

-¿Dónde están? -murmuró para sí mismo, al no ver ni rastro de los omegas.

Un sonido lo saco de sus pensamientos y volteo a ver a Yooyeon que ya estaba en la puerta, pero antes de cruzarla se giró. Su cabello cayó sobre el hombro con un movimiento elegante, premeditado.

-Nos vemos, Hyunjinnie -canturreó, con esa sonrisa cargada de dobles intenciones.

Y lo dijo lo bastante alto como para que el eco resonara en la casa

Hyunjin no respondió. Se limitó a cerrar la puerta en cuanto ella cruzó el umbral, soltando un suspiro contenido.

El aire en la oficina estaba cargado. Su olor persistía, dulce y empalagoso, haciendo que el enigma frunciera el ceño. Caminó hacia una de las ventanas, la abrió de golpe y dejó que la brisa del bosque entrara como un alivio.

Tenía que irse.

Tenía que ver a su omega. A Felix.

Pero cuando bajó nuevamente a la entrada el silencio había sido su única respuesta.

Ya no estaban.


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¿united by a bond? - hyunlixDonde viven las historias. Descúbrelo ahora