8

124 25 55
                                        

POV Rookie

El aire se sentía más denso mientras salía de la habitación de Infinite. Mis pasos eran rápidos, casi torpes, como si huir fuera mi único objetivo. Apenas crucé la esquina, me encontré con Nova, que me miraba con una mezcla de curiosidad y desconfianza.

—¿Qué hacías en la habitación de mi papá? —preguntó, inclinando la cabeza con los brazos cruzados.

Mi mente corría buscando una excusa razonable. No podía decirle la verdad.

—El general me llamó para que tradujera algo rápido —respondí, tratando de sonar calmado.

Nova alzó una ceja, pero no pareció importarle mucho.

—Bueno —dijo con una sonrisa, tomando mi mano—. ¡Ven, quiero mostrarte lo que me trajo esta vez!

Sin darme opción a negarme, Nova tiró de mí con fuerza, llevándome hacia una de las salas. Ahí estaban las cosas que Infinite había traído. Juguetes nuevos y unas capas que se veían costosas. Nova se lanzó a revisar todo con emoción, mostrando cada objeto como si fuera un tesoro recién descubierto.

—¡Mira esto, Rookie! ¡Es suave! —gritó, frotando la capa contra su mejilla—. ¿Crees que papá me dejará usarla afuera?

—Seguro que sí —dije con una sonrisa forzada mientras lo observaba, pero mi mente estaba en otra parte.

Lo que había pasado en la habitación de Infinite no dejaba de repetirse en mi cabeza.

No era solo que Infinite me hubiera besado. Yo le correspondí.

¿En qué demonios estaba pensando?

Mis ojos se enfocaron en Nova, que ahora trataba de levantar la capa de piel para ponérsela como si fuera un rey. Me forcé a respirar hondo, tratando de alejar esos pensamientos. No era el momento para eso.

Después de un rato, uno de los guardias entró en la sala, caminando con la postura rígida que siempre tenían.

—Joven amo, su padre desea verlo —anunció con seriedad.

Nova se giró rápidamente hacia él, tratando de no mostrar emoción, pero sus ojos brillaban de emoción contenida.

—Está bien —dijo, con los brazos cruzados y el mentón en alto, como si no le importara—. Creo que puedo verlo unos minutos.

Mentiroso. Pude ver en su sonrisa, apenas contenida, lo feliz que estaba de ver a Infinite.

—Nos vemos luego, Rookie —dijo, dándome un pequeño golpe en el brazo antes de seguir al guardia.

Me quedé solo en la sala, rodeado de los juguetes y la capas de piel, pero mi mente decidió torturarme con un solo pensamiento: Infinite.

"¿Por qué no lo alejé?"

Cerré los ojos con fuerza y me pasé la mano por el cabello, dejando escapar un suspiro. No quería admitirlo, pero sabía la respuesta. No lo alejé porque no quería hacerlo.

Mi mente recreó la escena una vez más. Su mirada pesada, su respiración en mi cuello, sus manos sosteniéndome con firmeza.

No supe cuánto tiempo estuve perdido en mis pensamientos hasta que Nova regresó.

—¡Rookie! —gritó, entrando de golpe—. ¡Papá quiere verte en la oficina!

Mi corazón se detuvo por un momento.

—¿Q-qué? —mi voz sonó más débil de lo que esperaba.

—Sí, me dijo que vayas ahora mismo —respondió Nova, cruzándose de brazos.

Mi cuerpo se tensó. No quería ir. No quería verlo. Pero sabía que no tenía opción. Desobedecer a Infinite nunca era una opción.

—Está bien, ya voy —dije, poniéndome de pie con un esfuerzo.

—¡Buena suerte! —se despidió Nova con una sonrisa, mientras yo caminaba hacia la oficina de Infinite.

Cada paso se sentía más pesado que el anterior. Los pasillos parecían más oscuros de lo normal, y mis manos sudaban. No quería estar ahí. No quería estar solo con él. Sabía que no iba a ser igual que antes. Lo sabía.

Cuando llegué frente a la puerta, me quedé quieto por un momento, dudando si debía entrar o no. Pero no tuve tiempo para decidir, porque la puerta se abrió.

—¿Vas a quedarte ahí, cachorro?

"Respira Rookie. Solo respira."

Entré con la cabeza baja, cerrando la puerta tras de mí. La habitación estaba iluminada por algunas velas, proyectando sombras largas en las paredes. Infinite ya estaba sentado en su silla, pero esta vez no tenía la misma expresión de siempre. Se veía... tranquilo.

—Ven —dijo con voz firme.

Mi cuerpo se movió antes de que pudiera pensarlo. Me acerqué lentamente, observando sus ojos dispares que no se apartaban de mí. Cuando estuve cerca, esperé a que hiciera lo de siempre: lanzarme el pergamino.

Pero no lo hizo.

Esta vez me lo extendió.

Parpadeé, confundido, y dudé en tomarlo. Infinite nunca me había dado algo de esa forma. Siempre me arrojaba los pergaminos como si no le importara.

—¿Qué? ¿No vas a tomarlo? —preguntó con una sonrisa ladeada.

Mi mano tembló un poco, pero la extendí para tomar el pergamino. Ese fue mí error.

Infinite tomó mi muñeca en un movimiento rápido y me jaló con fuerza, haciéndome caer sobre él. Solté un pequeño jadeo de sorpresa cuando mi cuerpo chocó contra el suyo.

—¿Q-qué hace? —pregunté, mi voz temblando.

—Dándote un lugar más cómodo para traducir —dijo con una calma irritante mientras me acomodaba en su regazo.

"No, no, no, no."

Intenté levantarme, pero sus brazos me rodearon con firmeza, dejándome atrapado. Mi corazón latía con fuerza en mi pecho, y mi rostro se calentó. No podía moverme.

—T-traduciré de pie... —dije con torpeza, tratando de no mirar sus ojos.

—Traduce aquí. No voy a repetirlo. —Su voz tenía ese tono autoritario que siempre usaba cuando no había lugar para discusiones.

Tragué saliva y miré el pergamino, mis ojos apenas podían concentrarse en las letras. Mis manos estaban tensas, y podía sentir su respiración en mi cuello.

—Si te sigues moviendo así, voy a pensar que estás buscando otra cosa, cachorro —murmuró cerca de mi oído, con una voz tan baja y profunda que mi cuerpo entero se estremeció.

—¡N-no digas esas cosas! —protesté, sintiendo que mi rostro se encendía.

—Entonces no me des motivos para hacerlo —respondió con una sonrisa que pude notar sin siquiera verlo.

Mi cabeza era un desastre. Traté de concentrarme en el pergamino, pero su cercanía me estaba volviendo loco. Cada vez que respiraba, sentía su pecho moverse detrás de mí. Su mano se apoyó en mi cintura, pero no se movió. No estaba seguro si eso me tranquilizaba o me ponía más nervioso.

—Apresúrate —dijo Infinite, apoyando la barbilla en mi hombro—. O tendré que buscar otra forma de entretenerme.

"¿Por qué tiene que ser así?"

Acomodé mis gafas, tratando de que mis ojos se enfocaron en las letras, tratando de ignorarlo. Si podía terminar esto rápido, podría irme. Pero cada segundo en su regazo se sentía como una eternidad.

Infinite no dijo nada más, pero tampoco se movió. Sus brazos estaban firmes a mi alrededor, como si me estuviera diciendo sin palabras que no me dejaría ir hasta que él lo decidiera.

— Continuará —

Rookinfinite Donde viven las historias. Descúbrelo ahora