Capítulo 3

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Capítulo 3

—¡Ya va maldita sea! —gritó Rosa mientras se encaminaba hacia la puerta. Si hay algo que odiaba era a la gente impaciente.

Era martes por la mañana y estaba preparando las cosas del trabajo cuando comenzaron a llamar repetidamente al tiembre, como si del fin del mundo se tratara. «”¿Quien carajo será?”» se preguntó mientras subía los peldaños del descansillo que había en el recibidor y estiraba la mano para abrir el picaporte de la entrada.

Nada mas abrir la luz del sol mañanero penetró radiante desde la calle cegándola momentáneamente.

—Hola Rosa, ¿puedo pasar? —No podía verlo, pero podía oírlo, y esa voz era inconfundible. Era su ex marido.

—Vamos no me jodas —murmuró malhumorada—, ¿Que haces aquí?

—Ya ves, me he levantado temprano y he decidido quebrantar la orden de alejamiento que me puso el juez para protegerme de ti —bromeó Simón, y Simón no solía bromear —. ¿Puedo pasar o no?

Rosa quedó tan perpleja ante el extraño humor de su visitante que fue traicionada por su subconsciente y se apartó lo justo de la puerta para que este se colara. «maldita sea —se  maldijo—¿por qué abres estúpida?».

—Te pregunto ¿que demonios haces aquí?, no tengo tiempo para aguantar a un borracho fracasado —sentenció Rosa con un tono de voz bastante elevado.

—No vengo a verte a ti —le informó su ex pareja mientras bajaba los tres escalones de la entrada y se encaminaba hacía el salón principal—. ¿Están tus hermanos en casa?

Con el pulso acelerado por el creciente enfado Rosa fue tras él a toda velocidad lo adelanto y le cortó el paso colocándose frente suya.

—Mis hermanos, están, casados —dijo gesticulando exageradamente y haciendo una pausa entre cada palabra, como si su interlocutor no la comprendiera y le repitiera por enésima vez algo que cualquier otra persona hubiera razonado de ante mano.

—¿Y? —Fue esquivada nuevamente sin mucho esfuerzo y quedó petrificada mirando como el maltrecho hombre accedía definitivamente al interior del hogar.

—¡Que ya no viven aquí! —vociferó Rosa—, ¿eres idiota o que te pasa?.

—No tranquila. Solo he pensado que tendría más opciones de llegar hasta ellos hablando antes contigo. Ya sabes, la gente de tu familia y yo no nos llevamos muy bien.

En eso al menos no le faltaba razón, de echo este argumento logró que se calmara un poco. Respiró hondo, contó hasta diez como la enseñó su psicólogo matrimonial en las terapias de pareja y se sentó en una de las sillas que rodeaban la enorme mesa de cristal que se ubicaba en el centro de la estancia invitando a Simón, que había tomado una de la manzanas verdes del cesto de la fruta, a que hiciera lo mismo. Este, lo hizo.

—Hablemos como dos personas civilizadas —propuso con seriedad Rosa.

—Me parece bien.

—¿Que es exactamente lo que quieres?

—Nada importante, una simple prueba de ADN, bueno, dos si es posible.

—Muy bien, pues ve a una clínica, gastate algo de dinero y dejame en paz.

Simón sonrió, su otrora hermoso rostro, casi se desfiguro con el gesto, bajo era maraña de barba mal cuidada y las prominentes arrugas.

—Digamos, que necesito una seguridad que no puede darme una clínica cualquiera, no quiero que nadie sepa en que asuntos ando, y he pensado que la forma más segura de obtenerlo sería hablando con mis cuñados.

La profanación (Paralizada)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora