Treinta y ocho.

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Sammy

Me levanté cansado, en verdad me sentía cansado. Sentí un peso a mi lado y suspire. Demonios, Stella y yo habíamos tenido sexo de verdad, no lo había soñado.

Me giré y vi a la rubia que alguna vez me traía loco a mi lado, me tallé el rostro y quité las sábanas de encima mío.

Tomé mis boxers y me los coloqué, iba a tomar mi pantalón y en eso escuché un pequeño gemido de ella, me giré a verla.

-El mejor sexo, sexo secreto.-Me dijo con una sonrisa y tallandose un ojo.

-Con tal de que nos dejes en paz.-Me subí la bragueta del pantalón, ella se levantó.

Debo admitir que Stella seguía con su bello y escultural cuerpo, aparte de que tenía un lindo rostro, lo único malo era que era un simple fácil.

-Para que te deje en paz no sólo lo pagarás con un buen sexo.-Me dijo, se sirvió un poco de vino en una copa.

Ésta rubia se estaba volviendo muy adicta al vino.

-Mamamelo, sí es lo que quieres.-Río con ironía de nuevo y se acercó.

Tenía que ser fuerte para no mirar sus grandes senos, perdón, pero soy un hombre común y corriente.

-Es mejor que dejes de hablarme así mi querido Sammy, tú no sabes de lo que yo soy capaz.-Colocó su mano sobre mi amigo por arriba de mi pantalón y movió su mano en forma de masaje.

-Tengo que irme ya.-Le dije y tomé su mano para apartarla de mi amigo.

-¿Esto aún te prende?.-Me preguntó y después se hincó para subir de una forma lenta y pasando su lengua por mi abdomen, rodé los ojos.

-No, ya no lo hace, tú ya no lo haces y ya me tengo que ir Stella.-La aparté y me puse la camiseta.

-Está bien amor, te esperó está noche y ven preparado, tendré fresas y algo de chocolate.-Suspire, ésta mujer no se cansaría.

Me puse la camiseta y me arreglé un poco el cabello antes de salir, después me subí al auto y conduje hasta mi casa. Necesitaba una buena ducha.

Había olvidado las llaves de la casa y mientras intentaba subir por el árbol escuché la voz de Camila.

-¿Qué haces, Sam?.-Preguntó y soltó una leve risa, me dejé caer al suelo.

-He olvidado las llaves de mi casa.-No me quería acercar a ella, pues yo olía a sexo, sudor, alcohol y quizás al raro y caro perfume de Stella.

-Siempre siendo un tonto.-Dijo y se acercó, sonreí.-¿Dónde estuviste anoche? Vine a buscarte.-Me pasó de largo y se sentó sobre una banca que estaba en el jardín.

-Pensando.-Le dije, ella fruncio el ceño.

-¿Pensando? ¿Se puede saber en qué pensabas?.-Asentí, sí le decía que no se enojaría conmigo.

-En sobre como terminaremos con eso de tu acosador.-Le dije, ella río.

-Nate y sus preocupaciones.-Dijo y negó, ella en el fondo amaba que Nate actuara así de protector con ella.

-También me preocupa.-Le dije, se levantó de la banca y se acercó, me puse algo nervioso.

-Se que hace días te decía que ya no quiero nada contigo, pero ahora he cambiado se opinión.-Tomó una de mis manos, sonreí.-¿Me darías un beso, Sammy?.

Sonreí, joder, mi nena quería tenerme de nuevo con ella. Pero, ¿quería un beso? No podía darle un beso, no sin antes desinfectarme la boca.

-Princesa, anoche bebí, y no quiero besarte con sabor a alcohol.-Le dije, y no mentía del todo.

-Entoces, sólo abrazame.-Dijo con un lindo puchero en sus labios.

Me acerqué a ella y la abracé, ella me abrazó al instante y sentí su respiración sobre mi cuello.

-Te amo, Mila.-Besé su cabeza, y cerré mis ojos. Me sentía una mierda por lo que había hecho ayer, pero lo había hecho por ellas, por mis nenas.

-Sam, perdón por haber desconfiado de ti en el pasado, estos meses me has demostrado que en verdad me quieres y te adoro por eso, amor.-Besó mi clavícula.

¡Joder! ¡Como la amaba! Y si Camila se llega a enterar de lo que estoy haciendo me odiara, será mejor que se lo diga, ¿o no se lo digo?.

The Sky isn't the Limit | Sammy Wilk¡Lee esta historia GRATIS!