Mientras la abrazaba ella alzó su cabeza y me miró.

-No llores.-dije quitando con mis Pulgares sus lágrimas.

-Mi.. Mi abuela falleció.-dijo con dificultad.

-Lo lamento mucho.-dije sinceramente.

-¿Me llevarías a casa?.-preguntó.

-Claro, vamos.-dije.

Subimos al auto y su nariz estaba roja de tanto llorar no hablamos en todo el camino solo se escuchaban sus pequeños sollozos.

Llegamos y ella seguía en una especie de trance.

-Llegamos.-dije.

Ella se volteo y me sonrió difícilmente.

-Las circunstancias en la que me encuentras jamás son buenas, pero siempre estas ahí para ayudarme, por muy raro que sea.-dijo.

-No soy el tipo de personas que ayudan a la gente pero Contigo hice una excepción.-dije sinceramente.

-Oye no quiero que tomes esto a mal pero, si quieres pasar un rato estoy sola y tengo miedo.-dijo algo nerviosa.

Apague el auto y salí y le abrí la puerta entramos a su casa.

-Sientate si Quieres.-dijo.

-Gracias.-me limite a contestar.

-Oye subiré a darme una ducha no tardó.-dijo.

Aunque ella este sola jamás me pasaría por la mente hacerle algo pienso en mi hermana y tampoco me gustaría que le llegarán hacer algo.

Tardo y me preocupe.

Subí y no fue difícil encontrar su habitación cuando entre escuche sus sollozos. Entre y la vi tirada.

La abrace, una toalla envolvía su cuerpo.

-Evan, yo la amaba, la amaba.-dijo en susurros.

-A veces hay que dejarlos ir, dolera pero siempre estaran para ti.-dije.

-No, simplemente no quiero dejarla ir, la amaba. Duele.-dijo llorando.

Tardo un buen rato se quedo dormida.

La cargue y la deje en su cama.

Ella, DIOS, ella confiaba muy rápido, confío en mi.

Me quede ahí.

Sentí que alguien me movía el brazo. Desperté y me encontré con unos ojos que me miraban fijamente.

-Hola.-dijo sonrojada.

-Hola.-dije.

-Lo siento mucho no era mi intención de que te quedarás aquí.-dijo apenada.

-No te preocupes... -dije.
-Bueno me voy, adiós.-

-Nevae, mi nombre es Nevae, Adiós Evan y gracias.-dijo.

Me fui de casa de Nevae es un nombre raro pero bonito y único.

Como no se me paso por la cabeza ella puede ser quien Álvaro pide.

Claro, ha trabajar se ha dicho.

Llegue a mi departamento me di una ducha quería dormir aun más.

Salí y fui al centro comercial necesitaba más trajes para mis negocios.

Entre en una tienda donde había solo ropa de hombre.

Estaba viendo las ropas y encontré lo que necesitaba, me lo probé verifique que me quedara y por último lo pague.

Maravilloso Engaño ¡Lee esta historia GRATIS!