Hoy no voy a fingir.
Hoy no voy a decorarlo.
Hoy quiero hablarte a ti, que has llegado hasta aquí, que has caminado conmigo en este infierno de recuerdos, en esta montaña rusa de cicatrices abiertas y cerradas a medias.
No sé muy bien cómo voy a acabar. No tengo un mapa, ni una brújula. Estoy aprendiendo, a trompicones, a gestionar todo lo que llevo dentro.
He ido al psicólogo. He pedido ayuda. Porque sola, no siempre se puede.
Pero quiero ser honesta: la ayuda no es tan fácil ni tan accesible como debería.
Porque, sí, tenemos la Seguridad Social, y agradezco que exista, pero una sesión cada dos meses no cura heridas que sangran cada semana, cada día. No recomponen un alma rota que a veces se arrastra para simplemente seguir respirando.
Y pagar una terapia privada duele. No sólo en el bolsillo, también en la conciencia: ¿de verdad necesito pagar para sanar algo que no elegí que me rompieran?
La terapia debería ser un derecho, no un lujo.
He contado mucho en este libro. Mucho más de lo que creía capaz.
He dejado tiradas en estas páginas partes de mí que pensé que jamás volvería a tocar.
Pero también he obviado otras heridas. No porque no dolieran, sino porque algunas, de alguna forma, he conseguido sanarlas sola, a base de escribir, de recordar, de llorar mientras tipeaba como si cada palabra me arrancara un trozo más de piel.
Escribir este libro ha sido como pasar la lengua sobre el filo de una navaja: sangra, duele, pero también libera.
De alguna forma, aunque ahora esté jodida -y créeme, lo estoy-, todo esto tiene sentido.
Aunque ahora me enfrente a una agorafobia que ha venido de golpe, como un enemigo que siempre estuvo acechando en la sombra. Aunque mi mente siga haciendo eco de todas esas cicatrices que nunca terminaron de cerrarse.
Aunque a veces me sienta como una niña perdida dentro de un cuerpo que intenta parecer fuerte.
Sigo luchando.
Sigo queriendo vivir.
Y no voy a pedir perdón por ello.
No voy a pedir perdón si hoy quiero llorar, si mañana quiero morirme de dolor, si pasado quiero reír hasta ahogarme, si otro día quiero follarme al mundo entero para sentirme viva, si otro quiero amar con todo el pecho abierto y sangrante.
No voy a pedir perdón por sentir demasiado.
No voy a pedir perdón por ser demasiado.
Porque sí, siento mucho.
Aunque a veces no sepa cómo decirlo.
Aunque a menudo me bloquee y no se note.
Aunque me rompa por dentro mientras sonrío por fuera.
Pero voy a hacerme visible.
Voy a dejar claro que existo, que estoy aquí, que no soy la imagen bonita de una historia de superación de esas que ves en internet con música de piano de fondo.
No soy el consejo sabio.
No soy la frase motivadora.
No soy tu final feliz.
Sigo rota.
Pero sigo viva.
Y eso, aunque nadie lo aplauda, aunque nadie lo vea, es una victoria.
Quizá no he ganado la guerra.
Quizá siga perdiendo batallas pequeñas cada día.
Pero sigo, joder.
Sigo.
Y mientras tenga voz, mientras pueda escribir, mientras pueda llorar, gritar, amar, odiar, abrazar aunque sea a la distancia, voy a seguir contándote quién soy.
Porque mi historia no termina en un punto final.
Mi historia sigue escribiéndose, en presente, en caídas, en renacimientos, en heridas que cicatrizan torcidas, pero cicatrizan.
No sé cómo va a terminar todo esto.
Quizá nadie lo sabe realmente.
Pero lo que sí sé es que estoy aquí.
Y si has llegado hasta esta página, gracias.
Gracias por ser testigo de esta revolución silenciosa que late en cada palabra.
No estoy curada. No estoy salvada.
Pero estoy viva. Y eso, créeme, ya es un milagro.
...Y ahora, mientras te escribo estas últimas palabras de este capítulo, me doy cuenta de que, aunque el dolor aún me sigue, no siempre me hace pequeña. He aprendido a cargarlo, a caminar con él, a reconocerlo como una parte de mí, no como mi enemigo. Porque no es mi enemigo. Es mi sombra. Y aunque su presencia a veces se me haga insoportable, no puedo negarla ni huir de ella. La he visto, la he sentido, y la acepto. Porque las sombras no son algo que se puedan eliminar, pero sí algo con lo que podemos aprender a convivir.
Hoy, después de todo lo que he escrito, después de todo lo que he vivido, puedo decir que no hay final feliz como el de los cuentos, no hay una cura mágica que borre cada cicatriz. Lo que hay es algo más real. Hay luces y sombras, pero esas sombras son nuestras. Son las que nos definen, las que nos enseñan lo que somos capaces de soportar. Y es cierto que duelen, pero también nos hacen fuertes, porque, si logramos verlas y aceptarlas, descubrimos que somos más grandes que cualquier dolor.
Quizás nunca me sienta completamente "curada". Quizás haya días en los que aún quiera desaparecer. Quizás en otros me sienta poderosa, como si pudiera con todo. Pero lo que sé con certeza es que, mientras haya algo dentro de mí que me impulse a seguir adelante, mientras aún haya una palabra que necesite escribir, una lágrima que tenga que caer o un grito que se quede atorado en mi pecho, entonces, todo esto tiene sentido.
Así que te hablo a ti, lector. Gracias por acompañarme hasta aquí. Gracias por no haberme dejado sola en este viaje. Gracias por ser testigo de mi verdad, por ver mis cicatrices y no apartar la mirada. Porque, al final, no importa lo que haya sido ni lo que pase. Lo importante es que he vivido cada palabra de esta historia. He dejado mi alma aquí, entre estas páginas. Y si tú, al leerlas, has sentido algo, entonces tal vez tú también hayas vivido un poco de mí.
La historia no termina en un "final feliz". La historia sigue. Y lo que importa no es el fin, sino cómo seguimos, con todo lo que somos, con todo lo que hemos sido, con todo lo que hemos aprendido a amar y a odiar. Porque al final, vivir es eso: un acto constante de seguir, a pesar de todo.
Así que, no, no soy perfecta. No soy la heroína que algunos esperan. Pero soy real. Y en ese "real" es donde encuentro mi fuerza.
Y por último, te dejo esto: si alguna vez te sientes perdido, recuerda que no estás solo. Estamos aquí, en nuestras sombras, pero seguimos viviendo. Porque las sombras no nos definen; somos nosotros los que damos forma a nuestras sombras.
Gracias por estar aquí conmigo.
"Fin"...
ESTÁS LEYENDO
Soy la cicatriz que no se borra
SpiritualHola, qué tal. Soy la chica que probablemente no te esperabas conocer. La que está rota, pero aún sigue aquí, intentando entender todo lo que me ha pasado. Y sí, este libro lo escribo porque no tengo ni idea de cómo sanar, pero tal vez pueda hacerlo...
