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La habitación estaba en penumbra, solo iluminada por la tenue luz cálida de la lámpara de noche. El aire estaba cargado de feromonas, de deseo, de ese calor envolvente que empapaba la piel y aceleraba el corazón. Pero dentro de ese espacio, el tiempo parecía suspendido.

Changbin cerró la puerta tras él, sus hombros anchos temblando, no de miedo... sino de contención. Llevaba demasiado tiempo conteniéndose. Y Jeongin, sentado en la cama, con esa camiseta demasiado grande que apenas cubría sus muslos, le sonreía suave, inocente, como si no supiera el efecto que tenía sobre él.

Pero lo sabía. Y quería provocarlo.

-Hyung... -su voz fue un susurro, dulce, cálido, adictivo-. ¿Estás bien?

-No. No lo estoy -respondió Changbin sin rodeos, acercándose como un lobo hambriento, pero con los ojos brillando de ternura-. Te necesito, Innie. Ahora.

Jeongin se puso de pie. Su cuerpo temblaba apenas, pero no por miedo... sino por la ansiedad de saber que esta vez, Changbin no iba a detenerse, no hasta llenarlo y embarazarlo

-Entonces... tómame -susurró, alzando la barbilla con valentía-. Soy tuyo.

Eso fue todo lo que el alfa necesitó.

Changbin lo tomó del rostro con ambas manos y lo besó. Al principio fue suave, dulce... pero pronto se volvió desesperado, profundo, con lengua, con mordidas en los labios y suspiros jadeantes. Jeongin lo sostuvo del cuello, sus dedos temblorosos aferrándose a su piel como si temiera desvanecerse.

-Dios... hueles tan bien -gruñó Changbin contra sus labios, bajando por su cuello, lamiéndolo, besándolo, marcándolo sin dejarlo-. Eres mi maldito droga.

- Soy tuyo... todo tuyo -repitió Jeongin, apenas respirando, sus piernas débiles ya por la anticipación.

Changbin lo alzó sin esfuerzo, llevándolo a la cama, dejándolo sobre las sábanas como si fuera de cristal, pero sus ojos decían otra cosa: "Te voy a romper de placer."

Jeongin se arrodilló en la cama frente a su alfa, fue directo y desabrocho el pantalon de este con manos temblorosas pero decididas, mirándolo con esos ojitos llenos de lujuria y entrega. El alfa dejó caer la cabeza hacia atrás con un suspiro ronco al sentir los dedos del omega colarse dentro, liberándolo con cuidado pero con hambre.

- todo tuyo y tu todo mio... -susurró Jeongin, rozando con sus labios la base, dejando besitos suaves que contrastaban con el calor brutal que cargaba su mirada.

Changbin soltó un gruñido grave, su lobo ya al límite. Pero se contuvo. Solo un poco. Porque ver al omega ahí, de rodillas frente a él, lo tenía desquiciado.

-Hazlo, mi niño bueno... demuestra de quién eres -murmuró, enredando sus dedos en el cabello oscuro del menor.

Jeongin sonrió con descaro, bajó sin dudar y lo tomó por completo, lento al principio, dejando que la lengua acariciara cada rincón, húmeda y experta. Changbin apretó las sábanas, el pecho subiendo y bajando con fuerza.

-Mierda... Jeongin... -jadeó, sintiendo la garganta caliente del omega tragárselo entero.

El sonido era obsceno, sucio, precioso. Las lágrimas se formaban en los ojos de Jeongin pero no paraba, se aferraba a las caderas del alfa, marcando el ritmo con una dedicación casi religiosa.

-Tanto tiempo... sin esto... sin ti así... -dijo entre gemidos bajos cuando se apartó apenas para respirar, los labios hinchados y húmedos.

-Y ahora soy solo tuyo, todo tuyo, mi boca... mi cuerpo -añadió con una sonrisa traviesa antes de volver a devorarlo con más fuerza.

¿united by a bond? - hyunlixDonde viven las historias. Descúbrelo ahora