Capítulo VI

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Caminar junto a alguien era una experiencia extraña.

Midoriya no sabía dónde poner las manos, si mirar al frente o al suelo, si debía hablar o solo asentir en silencio. Caminaba con cuidado, como si cualquier movimiento fuera demasiado ruidoso, demasiado torpe, demasiado... él. Pero Uraraka no parecía molesta con su presencia. Caminaba a su lado con un paso natural, sin urgencia ni apuro, y hablaba con una soltura que a él le parecía casi mágica.

—La cafetería no está tan lejos, aunque a esta hora suele llenarse bastante —comentó ella, girando apenas el rostro para mirarlo—. Pero si tenemos suerte, encontraremos un rincón tranquilo.

Midoriya asintió en silencio. No se atrevía a decir mucho. No porque no quisiera, sino porque sentía que cualquier palabra suya podía sonar mal, innecesaria, fuera de lugar.

—¿Siempre has vivido por aquí? —preguntó ella de repente, con tono amable.

Midoriya tardó un poco en responder.

—No... me mudé hace poco. —Apretó el borde de su chaqueta —. Bastante poco, en realidad.

—¿Te gusta hasta ahora?

Esa pregunta le dio un poco de vértigo. ¿Le gustaba? ¿Estaba permitido decir que algo le gustaba, cuando todavía se sentía como si caminara sobre terreno prestado?

—Aún... me estoy acostumbrando... —dijo con honestidad.

—Tiene sentido. —Uraraka sonrió—. A mí me costó mucho también. No soy de aquí originalmente. Vine por la escuela. Me perdí tres veces el primer día, y ni hablar de lo que fue encontrar mi casillero...

Midoriya levantó la vista por un instante. Ella hablaba con sinceridad, sin exagerar, y eso lo hizo sentirse un poco menos solo en su torpeza.

—¿Y cómo lo resolviste? —se atrevió a preguntar.

—Preguntando. Aunque fue medio humillante —confesó con una risa—. Pero supongo que si no me reía de mí misma me iba a pasar el día llorando, así que... lo tomé con humor.

Bajó la mirada. Era extraño... sentir que alguien podía entender lo que él usualmente vivía en silencio.

"Humor" ¿Eh?

Cuando llegaron a la cafetería, el ambiente los envolvió como una ola cálida. Había un murmullo constante de conversaciones, risas, platos chocando, pasos y sillas arrastrándose. El olor a curry, pan horneado y sopa se mezclaba en el aire.

El peliverde dudó en la entrada, como si el simple acto de entrar fuera demasiado. Todo su cuerpo se tensó de nuevo.

Uraraka lo notó.

—¿Todo bien?

—S-sí —mintió —. Solo... mucha gente — susurro lo último.

Ella no dijo nada de inmediato. Luego asintió con suavidad.

—Ven, vamos por la izquierda, ahí hay menos fila. Te ayudo a pedir algo. Aunque... no prometo que el curry de hoy esté decente —dijo con una risa suave.

Y así la guió, como si supiera exactamente qué hacer para no hacerlo sentir observado. Eligieron la comida del día —curry suave, arroz blanco, verduras salteadas y una croqueta—, y ella lo esperó mientras él pagaba, aunque le insistió en que podía hacerlo solo.

Buscaron una mesa que estuviera algo apartada del centro. Cuando finalmente se sentaron en una mesa vacía, Midoriya sostuvo la bandeja como si fuera una ofrenda. El arroz humeante y el curry lucían modestos, pero eran más de lo que había planeado comer ese día. Uraraka se sentó con una exhalación ligera, y Midoriya hizo lo mismo, acomodando su bandeja con cuidado.

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⏰ Última actualización: May 22 ⏰

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