Felix era un omega que había aprendido a sobrevivir más que a vivir.
Con un pasado marcado por la violencia y el abandono, había llegado a un punto donde no esperaba nada de la vida... salvo un poco de calma.
Trabajaba en un pequeño y colorido kínde...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
recalco algo
Peli negro = hyunjin Peli morado = changbin peli rojo= minho peli rubio= bangchan
Pov hyunjin
Ya lo había marcado. Ya lo había tomado, reclamado, dejado su olor, su calor, hasta su vida dentro de él.
Y aun así... no se sentía tranquilo.
Felix no solo era uno mas de sus tipicos encuentros.
No después de lo que pasó. No después de mirarlo a los ojos mientras se deshacía en sus brazos.
El volante le ardía entre los dedos. Como si aún llevara el calor de la piel del pecoso impregnado en las manos.
No podía sacárselo de encima. Ni el aroma, ni los sonidos, ni la forma en la que tembló debajo de él.
No había sido solo el celo. No podía mentirse así.
Había algo en ese maldito omega que le estaba rompiendo el control.
Lo había marcado. Lo había hecho suyo. Y ahora, lo había dejado en casa de otro.
Pisó el freno de golpe al llegar al semáforo, pero no fue la luz roja lo que lo detuvo. Fue la imagen de Felix, con las mejillas aún sonrojadas, el cuello marcado, y esos ojos... esos malditos ojos que lo miraban como si le perteneciera.
"No tenía que ser así."
Golpeó el volante con la palma abierta, frustrado. Porque sabía que se estaba escondiendo. Porque ni siquiera se había atrevido a quedarse con él después.
Cobarde.
Lo había dejado con Jeongin. Sabía que el pecoso estaría seguro allí... pero también sabía que no era su lugar. "No el de él. No el de ellos."
Mío.
La palabra se le coló sin permiso, como un rugido mudo en su pecho.