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26. Comienzo de las clases

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La primera semana de instituto como ya era tradición, fue la semana de las presentaciones. Cada día un curso tenía la presentación del año académico. Ese día el tutor nos daba los horarios, nos decía quienes serían nuestros profesores y nos daban la típica charla de nada de novatadas a los nuevos. Pero lo mejor de todo es que empezaba a las once y no había que madrugar. El lunes nos tocaba a los mayores de insti. A los de bachillerato, compartíamos el día con los de primero.

El instituto es enorme, tiene forma de "T", la puerta está situada justo en el centro de la parte alta de la "T" en medio, conforme entras, ves el pasillo central. El edificio principal tiene tres plantas, más la planta baja. En la planta baja, está a mano izquierda, la consejería, la secretaria, los despachos del director y la jefa de estudios, a un lado y al otro está la sala de profesores y un par de salas de reunión, que usaban para reunirse con los padres. En el lado derecho estaban parte de las aulas comunes: la sala de audiovisuales y la biblioteca, a un lado y los laboratorios de tecnología y de física-química al otro. En el pasillo central, no os lo vais a creer, lo que tenía el instituto, tengo que reconocer que fue lo que más me llamó la atención cuando llegué allí por primera vez. Había una piscina climatizada, ocupaba todo el ancho y el largo del pasillo, la usábamos una vez al mes, en las clases de educación física, y por las tardes había cursos de perfeccionamiento o competición. Justo al entrar al pasillo central había tres puertas, la de la piscina y dos laterales, que por medio de unos pasillos llevaban al exterior, ya que a cada lado había: a la derecha, un pabellón de gimnasia cubierto y a la izquierda, una pista de fútbol siete / cancha de baloncesto al aire libre. Esta pista tenía una zona de gradas que normalmente es propiedad de las chicas, desde donde observamos a los chicos jugar al deporte elegido en los descansos, casi siempre fútbol. Tenemos dos descansos de media hora, una cada dos horas de clase. Antes de entrar al edificio te encontrabas, a la izquierda, con una zona de jardines con paseos y bancos donde además está situada una pequeña estación meteorológica. Rodeando a la estación, hay una especie de "teatro romano", con cinco o seis escalera, para sentarse. Y a la derecha estaba el aparcamiento de coches para los profes y de motos o bicis para los alumnos. Los otros tres pisos se distribuían de la siguiente manera: en la primera planta, estaban los peques, primero y segundo de la ESO. Tenían seis aulas cada uno, cuatro aulas por pasillo. De la misma manera estaban los de tercero y cuarto en la segunda planta. Para los mayores teníamos la tercera planta, pero como éramos menos solo cuatro aulas, compartíamos planta con los laboratorios de artes, música, informática y biología. Mi clase era 2º B, daba a la parte delantera del edificio, y era la última del pasillo de la derecha.

Este verano no había visto a ninguno de mis compañeros de clase, solo a mis amigas. Algunos era nuevos, bueno, nuevos nuevos no, pero no habían estado en mi clase de año pasado. Y este año pensábamos que nos iban a separar de César, ya que César había elegido el Bachillerato de ciencias de la salud mientras que los demás había elegido el de ciencias e ingeniería. Pero al final, no había suficiente gente para ciencias e ingeniería, y nuestra clase fue mixta. Solo los separaban para las asignaturas que eran diferentes. Así que estuvimos saludando a los compañeros que no habíamos visto y poniéndonos al día. Me sorprendió bastante que nadie deparará en que Nick no estaba por allí. Ni siquiera Rocío y Macarena.

Este año nuestra tutora era la profe de ingles, se llamaba Marimar. Era una profe muy peculiar. Le gustaba vestirse como una quinceañera se ponía falditas de colégiala, con botas altas. El año anterior ese modelito causo furor entre el sector masculino. Le gustaba pasear por el aula mientras daba clase y cuando se daba la vuelta, su falda giraba y se subía. No tengo que contaros los bien que se lo pasaban los chicos en sus clases, aunque aprender ingles, yo creo que aprendieron poco, pero se conocían todos sus modelitos de ropa interior. De hecho un día, se sentaron unos cuantos en el suelo del pasillo y cuando ella paso por el centro, le aplaudieron. Yo sentía vergüenza ajena, pero a ella solo le falto desplegar la cola como un pavo real.

Un alto en el camino [Finalizada]¡Lee esta historia GRATIS!