Abril soñó toda su vida con ser la excepción.
No una más entre las miles que coreaban el nombre de Gael Salomone, sino la única que lograra que él la mirara de vuelta.
Cuando ese día finalmente llega, el sueño no se siente como imaginaba.
Tras el sh...
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La puerta del departamento se cerró detrás de mí, dando la noche finalmente por terminada. Me apoyé contra la madera, respirando hondo, intentando sacarme de encima la sensación extraña que me había acompañado toda la noche.
Me quité los zapatos cuidadosamente, arrojándolos en alguna esquina aleatoria de la sala.
El piso estaba frío bajo mis pies descalzos, y el silencio era tan absoluto que el simple sonido de mi respiración retumbaba en toda la habitación. Mi mente se sentía saturada debido al vaivén de emociones que había experimentado, la adrenalina no bajaba aunque Gael ya no estaba cerca. Y de pronto mi departamento en penumbras se convirtió sin aviso en una zona de guerra.
Me quité la campera y la dejé caer sobre el sillón, comenzando a encender una a una las luces de la casa, en un intento por volver a sentirme segura.
Cuando llegué al baño me permití observar mi reflejo en el espejo, estaba hecha un desastre. Mi pelo se encontraba enmarañado, mis ojeras prominentes debajo del maquillaje corrido. Mi vientre abultado debajo de mi ropa, mis pechos caídos... todo aquello que siempre había odiado de mí, todo aquello que siempre me habían remarcado seguía ahí. ¿Por qué alguien como Gael siquiera voltearía a ver a alguien como yo?
En mi grupo de amigas nunca había sido la que más llamara la atención, tampoco la segunda en la lista. Pero Gael me había elegido de entre una gran cantidad de chicas en aquel concierto, y luego nuevamente en ese boliche. Aquella satisfacción tuvo que haber sido suficiente para olvidar todas las cosas extrañas que habían sucedido, todas esas alertas que mi mente había despertado, pero no lo era en lo absoluto.
Mis manos temblaron mientras tantearon mi remera, la misma que había usado mientras las manos de Gael recorrían mi piel, mientras me desnudaba con la mirada... no, no quería pensar en eso.
Pero es que sus labios, su mirada, esa sensación extraña que recorrió todo mi cuerpo cuando me mordió el labio. Había sido un simple roce, un par de besos en el cuello, pero jamás un toque tan simple me había hecho sentir tanto.
Recordé entonces cómo había intentado contenerme, cómo sentí la urgencia de apartarme, de salir de ahí, pero no pude. Él tenía algo especial que lo hacía tener el control de todo lo que me rodeaba.
Me aparté del espejo, mis pies se arrastraron por el suelo mientras intentaba liberarme de esas imágenes. No podía dejar de pensar tampoco en las chicas del backstage.
Una parte de mí quería olvidar todo, seguir con mi vida como si nada hubiera pasado. Pero otra parte, la más curiosa y autodestructiva, quería saber más. Necesitaba entender qué estaba pasando con ellos, con Nox, con Gael y, sobre todo, conmigo.
Caminé por el departamento, sintiendo la fría soledad a mi alrededor, y me senté en el sofá. Miré mi teléfono, pero no sabía qué hacer con él. Quería encontrar respuestas, pero también tenía miedo de lo que podría descubrir. Esa sensación de no tener ningún control de lo que me estaba pasando era aterradora, pero a la vez, ya estaba enganchada.