El club de los anfitriones para Wei Ying

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—Te llevaré con mis padres

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—Te llevaré con mis padres. —Lan Wangji conectó sus ojos miel con los de Wei Ying.

Lo sostenía de las manos, buscando desentrañar sus pensamientos más profundos. Wei Ying quedó de piedra.

—¿Qué?

—Te lle...

Wei Ying levantó una mano, interrumpiéndolo. —Escuché. Es solo que... ¿estás

completamente seguro?

Él no respondió al instante. Aunque casi inapreciable, Wei Ying captó que severó su

expresión. —Mn.

Lan WangJi no soltaba nada a la ligera. Le enseñaría a sus padres la persona con quien se casaría en unos meses, a su amado y al único que necesitaba para estar bien. No solo se calificaba convencido, sino también resuelto a dar este significativo paso. Pero por más buenos sentimientos que albergara, Wei Ying no pensaba igual. Exhibirse ante sus padres lo aterraba de todas las formas posibles. En general la opinión ajena le valía un pepino, pero no ignoraría la situación tan distinta; se trataba de los creadores del amor de su vida. ¿Qué sucederá si hace el ridículo? Tragó duro. Imaginarse el peor escenario le sacó un escalofrío: que solo le trajese problemas.

Seguro su comportamiento proyectaba más de la cuenta; Lan WangJi acortó la distancia y lo sostuvo del mentón. —Está bien.

—Pero... —Wei Ying se removió incómodo. ¿Qué clase de tontería decía?

—Déjame terminar. El mundo no se caerá si nos niegan su bendición, porque el mío está a solo una respiración; mi Wei Ying, mi futuro esposo. ¿Comprendes? Los finos labios de Wei Ying cargaron con una sonrisa sincera. Asintió. Un brillo surgió de entre las pupilas de Lan WangJi. Para transmitirle seguridad, besó su frente. —Mañana será especial.

Wei Ying meneó la cabeza autoconvenciéndose. Finalizaron su conversación y Lan Wangji se marchó.

«Todo es mental».

Nada de lo que se repitió sirvió. Resultado: no concilió el sueño. El reloj de pared marcó la medianoche. Aunque le ardía la vista, contempló el techo y nada más. «Mañana será especial». Como una película, las dulces palabras de Lan Wangji se repitieron en su mente, silenciando sus pensamientos. Contó con sus dedos.

—Un conejo... dos conejos...

Vencido por la pereza, cayó en el sopor sin darse cuenta. Wei Ying no amaneció de manera habitual: pasadas las 9, rodeado de la oscuridad de su habitación y con la blandura del colchón bajo su cuerpo. No. Wei Ying despertó sobresaltado, incluso confundido. El abrigo de sus sábanas resplandecía por su ausencia y una luminosidad lo perturbaba. Abrió los ojos de mala gana.

—¿Qué...?

¿Sufría de sonambulismo? No recordaba poner un pie fuera de su puerta. Se incorporó. Un ambiente sofisticado con toques juveniles lo recibió. La luz suave resaltaba la elegancia de los sillones de terciopelo rojo, las delicadas tazas de té y el piano de cola frente al ventanal. Él jamás pisó un lugar así; su preocupante economía le arrinconó a vivir con lo mínimo.

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⏰ Última actualización: Apr 04, 2025 ⏰

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