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25. Partido de baloncesto

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Esta vez, no me dejaron sola, para el partido, estuvimos todos. César, Luis, Silvia y hasta Vero. Eche de menos a Laida, pensaba que estaría por allí. Pero recordé que me había dicho que al día siguiente tenía un examen. Así que estaría estudiando. Estaban sus padres, lo reconocí porque estaban con Julen. Julen ya tenía sus prótesis y se defendía bastante bien con ellas. Pronto volvería a casa. Vino a saludarnos y a enseñarnos sus avances.

El partido empezó justo a la seis. Parecían otros, no podía creerme que fueran los mismos chicos que los de la otra vez. Todos había mejorado bastante físicamente y eso se notaba porque estaban más ágiles, pero también había mejorado en técnica, se había acostumbrado a la altura de la canasta, a no hacer pasos y estaban más compenetrados. El primer cuarto acabaron 7 a 10 ganando por supuesto, pero solo fue el calentamiento, porque el segundo los veteranos no estuvieron afortunados, prácticamente no vieron el balón y se fueron al descanso con un 12 a 26. En el tercer tiempo, Nick se marcó un triple, que me dedicó, señalándome con el dedo y esa bonita sonrisa suya. Acabó con un 20 a 37. El cuarto y último tiempo fue de lo mejor, hubo un par de jugadas que ni las de la NBA. Se quedaron a un punto para llegar a los 50. 30 a 49 fue el tanteo final.

Los chicos estaban súper emocionados al termino del partido. Chocaban las manos y se felicitaban los unos a los otros. Incluso los del otro equipo se acercaron a felicitarles. Hasta les entregaron una medalla como ganadores del primer torneo de baloncesto de la clínica. De hecho, se hicieron una foto que a día de hoy preside la pared del pasillo de la primera planta.

Todos menos Fran fueron a devolver las sillas de ruedas usadas para el partido. Tenía que ser duro para él ver que todos sus amigos se estaban recuperando  mejor o peor podían andar.

Roberto y Nick volvían con andadores, Clara con muletas y Sonia sin ayuda de ningún tipo. Pero en ese momento él estaba demasiado enamorado como para apenarse por ello.
-Tengo que contaros algo. Un noticia increíble. - nos empezó a contar Fran
-¿Será algo bueno?  - Le dije
-Buena no, es una noticia maravillosa.
-Pues va cuenta.
-Cuando tuve el accidente, me hicieron una pruebas para diagnosticar cual era el alcance de la lesión. Me dijeron que era a la altura de la L1. Con esa lesión no debería de tener sensibilidad ninguna por debajo de la cintura.

Todos nos miramos, pensando en la faena que eso suponía.
-Pero desde hace tiempo, vengo notando que cuando me tocaban los muslos, lo sentía. Al principio pensé que eran las ganas que tenía, pero después, me di cuenta de que lo sentía de verdad. Se lo comenté a Mario y esta semana me han repetido las pruebas.
-¿Y?
-Que tenía razón. Las pruebas estaban mal o al menos no estaban tan claras como ahora. Me han confirmado que la lesión es en la L4 y que no es completa, aunque bien es cierto que está muy cerca.
-¿Vas a poder volver a andar? - le preguntó César
-No, eso no. Por lo menos no, sin ayuda mecánica. Tengo movilidad y sensibilidad hasta un poco más de la rodilla. Pero al menos tengo movilidad suficiente un poco más arriba.
-Ya veo, eso es importante, si - le dijo César con complicidad.
Siendo hombre, seguro que hasta lo prefiere.

La despedida de las chicas fue muy emotiva. Sonia, la chica alegre y positiva. Había superado su crisis. Había vuelto a andar y su degeneración progresiva se había parado por ahora. Su enfermedad no tenía cura pero al menos esta última crisis no había dejado secuelas serias. Veremos en el futuro, pero con su vitalidad, las acabaría sobrellevando. Hasta que el día que una de esas crisis la deje postrada en una cama primero y en estado vegetativo después. Esperemos que eso no ocurra o por lo menos que no pase en muchos años.

Clara, que puedo decir de ella. La chica más dulce que he conocido nunca. Se ha recuperado, tendrá que usar muletas para desplazarse de por vida, pero al menos tiene una vida a la que volver y sabéis lo mejor. Roberto al enterarse que se iba a casa, le dio un arrebato y le ha pedido salir. Viven en pueblos cercanos, así que podrán verse a menudo, cuando Roberto salga de la clínica. Mientras tanto les queda el teléfono e Internet.

Cristian estaría contento, iba a dejar de ser San Valentín. Todas las parejas estaban lejos ahora.

Deberían de ponerse las pilas los chicos. Las chicas les habían tomado la delantera y se habían recuperado antes.

Antes de entrar habíamos quedado en que no íbamos a sacar el tema de que al día siguiente empezaba en el instituto. Nick sabía que ese día llegaría y aunque tenía asumido que no llegaría a tiempo con su recuperación, todos sabíamos que le afectaba. Al final él acabó sacando el tema.
-¿Mañana empezáis, no? - nos preguntó
-Si, mañana es la presentación - le contesté
-Ya verás como pronto estarás tú también. - le dijo Luis.
-Lo sé. Estoy bien. Ya sabía que el primer mes, no estaría.
-Te traeremos los apuntes, para que puedas ir poniéndote al día - le dije
-Si, gracias. Pero otra cosa no le contéis a nadie lo que me ha pasado. Por favor.
-Claro, lo que tú quiera - le dije
-No te preocupes, nadie lo sabría.
-Cuando salga, ya lo contaré yo. No quiero que me miren como a un bicho raro. Quiero que me vean antes de que empiecen a imaginarse cosas.
-Lo que tu quieras Nick - le dijo César - Nadie sabrá nada ¿Qué quieres que le digamos? Seguro que nos preguntan
-Decirle que estoy enfermo pero ya está.

No se si es una buena idea, lo de no contar detalles probablemente la ausencia de detalles, llevara a que se hable y especulé. Que es justo lo que quiere evitar. En fin, ya veremos.

Un alto en el camino [Finalizada]¡Lee esta historia GRATIS!