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24. Última semana de vacaciones

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Por fin había llegado la última semana de vacaciones que nos quedaba, la próxima ya empezaban las clases. No sé si decirte que se me había hecho, el verano, eterno o muy corto. Había sido muy raro, durante la semana se me hacían eternas. Pero tampoco puede decir que las hubiera aprovechado. Me pasaba el día esperando que llegara la hora para hablar con Nick y el resto del tiempo no vivía. Sentía que mis días estaban tan vacíos. En el fondo agradecía que empezaran las clases, por lo menos saldría de la monotonía en la que había caído y además tendría la cabeza ocupada o al menos ocupada en algo que no fuera Nick o las inyecciones.

Me pase toda la mañana del lunes, temiendo que llegaran las dos y media y llegara mi padre del trabajo con las inyecciones. A los dos y treinta y dos minutos llegó mi padre a casa con las inyecciones. Fui posponiendo el momento. Primero hasta después de comer, después hasta después de la película. César no quería presionarme y darme la opción de que saliera de mí, pedírselo, pero yo no era capaz. Cuando acabó la película, se sentó a mi lado y me dijo.
-¿Estás lista? - baje la cabeza
-César yo...
-Tranquila, no tenemos prisas. Yo no quiero presionarte. Solo te digo por experiencia que cuando más lo retrases, más nerviosa te va a poner.
-Lo sé. Se que tienes razón. Me estoy comportando como una cría.
-¿Vamos? - me preguntó mientras me ofrecía una mano.

Cogí su mano y él hizo el resto se puso de pie y tiro de mi con suavidad, para ponerme de pie. Me quedé apoyada en el respaldo del sofá, mientras que el iba a la cocina. Luis había permanecido, callado, a mi lado todo el tiempo, ahora esta de pie mirándome, sin saber que decir. Cuando César volvió, Luis nos siguió hasta la habitación. César le cerró el paso detrás de nosotros.
-Es mejor que esperes fuera - le dijo César
-César, es mi hermana también. Déjame estar a su lado.

César le miró unos instantes y le hizo un gesto con la cara que Luis comprendió al instante. Seguidamente le hizo un gesto para que pasara.

Me recosté en la cama, con la almohada puesta en la lumbares, Luis se sentó a mi izquierda, César a la derecha. Ya tenía preparada la inyección. Es un artilugio raro, como un bolígrafo solo que en la punto tenía una aguja de un centímetro de largo y en el otro extremo tiene una rueda en la que gradúas la cantidad y apretando en ella, sale en líquido, pero para ello primera tenía que clavarla. Me subí la camiseta lo suficiente para que me la pudiera poner. Deseaba que esperase un poco para que pudiera relajarme y así lo hizo.
-¿Lista? - me preguntó
-Que remedio - le dije
-Va Beita, que no se diga. - me dijo Luis - Dame la mano y mírame  a mi.

Eso hice un instante, pero cuando César empezó a limpiar la zona con el algodón miré hacia allí. Después cogió el boli y conforme se acercaba yo notaba que me iba tensando.
-Tranquila, relaja la tripa - me dijo

Respire profundamente e hice lo que me pidió. Me cogió un pellizco en la tripa y muy despacio introdujo la aguja y pulsó el botón y cinco segundos después sacó el agua. No voy a decir que no me dolió, pero todos tenían razón, no dolía tanto como esperaba.
-Venga ya puedes respirar - me dijo César
-¿Te ha dolido? - me pregunto Luis, apretándome la mano.
-No mucho
-Bueno, pues se acabó es espectáculo, mañana más - dijo César tan ocurrente como siempre. - vamos a hacer algo para olvidar el mal trago. ¿Jugamos a la wii?

Nos pasamos el resto de la tarde jugando a los bolos, al golf, al tenis... yo soy una profesional jugando a los bolos y rara vez conseguían ganarme mis hermanos, sin embargo al tener, soy un completo desastre, casi ni veo la bola. A Nick, le encantaba jugar al golf, tenía un tino especial. A mí en cambio, cuanto más cerca estaba, peor tiraba, o me paso o me quedo corta.

Esa noche dormí mejor, más tranquila. Era consciente de que me quedaban seis dosis más, pero ya sabía lo que me esperaba.

Por eso el día siguiente a las seis de la tarde no monte ningún número como el día anterior, nadie tuvo que arrástrame, no en sentido literal, sino más bien en el de darme una mano amiga para que no me arrepintiera. A las seis fui yo quien aviso a César y aunque Luis estaba allí, ya no lo estaba como apoyo sino como un aquí estoy si me necesitas. Estaba mucho más relajada y también me dolió un poco menos. Me acorde de Fran cuando me dijo que las primeras dosis eran las peores, que luego ya no te enterabas. Bueno yo, aún me enteraba, pero al menos, podía respirar.

Esa noche me conecté al Skype, para ver si estaba conectado. Algunas noches solía conectarse. Pero no estaba, eso era buena señal, porque solo lo hacía cuando me echaba de menos o cuando quería alejarse un rato y estar solo. La que si estaba era Laida.

Bea dice: Hola, ¿Qué haces tu conectada? En lugar de estar estudiando
Laida dice: Hola, he estado estudiando hasta hace cinco minutos. Ya lo he dejado por hoy.
Bea dice: ¿Esta mañana tenías el primero, no?
Laida dice: Si. Me ha ido mejor de lo que pensaba. Ha sido empezar a escribir y salirme todo de golpe
Bea dice: Si ya te lo decía yo, si has estudiado un montón.
Laida dice: Si parece que mi suerte esta empezando a cambiar. ¿Y tú que tal con las inyecciones?
Bea dice: Bien, la primera costo un poco, pero hoy la segunda ha ido mejor.
Laida dice: Ves como si que puedes. Si Fran que es un cobardita puede hacerlo, tu también.
Bea dice: No digas eso. Si no fuera porque él se lanzó, todavía estaríais dándole vueltas.
Laida dice: Si que es verdad. Que se la jugó, porque el no sabía lo que yo sentía por él. Es más él me dijo  que pensaba que le diría que no.
Bea dice: Hacéis muy buena pareja
Laida dice: A ver si salen, y algún día salimos en una cita doble.
Bea dice: Me parece bien, a ver, si salen. Ahora ya sabes lo que se siente. Cuando te decía que era duro, no poder estar a su lado.
Laida dice: Si que es duro. Antes de lo que esperas lo tenemos aquí.
Bea dice: Hoy nos han dado plantón. ¿Dónde estará?
Laida dice: Me ha dicho, Fran que a lo mejor se iban a jugar al baloncesto.
Bea dice: Pues eso será.
Laida dice: Bea, te voy a dejar que mañana tengo un día duro, de estudio.
Bea dice: Ok, ya nos vemos.
Laida dice: Agur
Bea dice: Adiós

Al día siguiente, Nick me contó que habían estado entrenando tácticas de equipo, para el partido de baloncesto del domingo. También me contó que ese semana era la última de Sonia y de Clara en la clínica. Se había recuperado y volvían a casa.

El resto de la semana, fue lenta, como todas, aunque la disfrute un poco más. Hasta me atreví con la piscina. No me había bañado ni una sola vez en todo el verano. Pero al ver a Nick en el agua me dio ganas de hacerlo a mí también.

Un alto en el camino [Finalizada]¡Lee esta historia GRATIS!