Capitulo 5

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El sol matutino se filtraba entre las copas de los árboles, proyectando destellos dorados sobre el sendero del parque. Renn trotaba con un ritmo constante, su respiración acompasada mientras el sudor se deslizaba por su frente. A su lado, Toralei mantenía el paso con sorprendente facilidad, su cabello rojizo atado en una coleta alta, y su ropa deportiva ajustada resaltaba su agilidad felina.

Ya habían pasado una semana y cuatro días desde los tumultuosos sucesos que sacudieron su vida, y aunque las cicatrices del veneno aún dejaban leves marcas en su piel, Renn se sentía más fuerte. La noticia reciente de que la población de kitsunes era mayor de lo que se creía le había devuelto una chispa de esperanza. No estaban al borde de la extinción, al menos no todavía, aunque en su tierra natal ya no hay kitsune.

Sin embargo, su instinto le decía que debía prepararse. El debilitamiento muscular que dejó la glicina lo había hecho darse cuenta de lo vulnerable que podía llegar a ser. Por eso, se obligaba a ejercitarse cada mañana, fortaleciendo su cuerpo con disciplina.

Toralei: "No esperaba que fueras tan aplicado con el ejercicio, Renn. Creí que solo eras un ratón de biblioteca."

Renn soltó una leve risa, sin dejar de trotar.

Renn: "No subestimes a un kitsune... Aunque, si soy sincero, me sorprende más que tú aguantes tanto. ¿Cuántas horas llevamos?"

Toralei: "Cuatro... pero quién está contando."

El kitsune arqueó una ceja, impresionado. Aunque no debería haberlo estado. Toralei había sido porrista de Monster High, y su resistencia era prueba de ello.

Finalmente, después de completar otra vuelta al parque, decidieron detenerse para estirar. El lugar era hermoso a su manera, con árboles de hojas más oscuras y el sonido del viento que aullaba entre las ramas, como si susurraran. Un estanque celeste se extendía no muy lejos, reflejando el cielo nublado de la mañana, mientras algunos monstruos disfrutaban de la tranquilidad del lugar.

Renn respiró profundamente, permitiéndose disfrutar del ambiente. Se dio cuenta de que nunca se había tomado el tiempo para apreciar ese parque, siempre sumergido en sus estudios o diseñando ropa. La sensación de calma lo envolvía, y por primera vez despues de todo lo que vivio en la semana, se permitió bajar la guardia.

Renn: "Es hermoso... Nunca pensé que este lugar fuera tan tranquilo."

Toralei: "Es porque siempre estás encerrado en tu casa, estresándote por cosas que ni han pasado."

El kitsune sonrió de medio lado, sabiendo que tenía razón.

Toralei: "Oye, ¿te parece si compramos un helado? Vi un puesto más atrás."

Renn: "Suena bien."

Caminaron hasta el pequeño puesto atendido por una gárgola de piedra gris, cuyas alas se movían lentamente con el viento. Renn pidió un helado de Menta-Chocolate, su sabor favorito desde que tenía memoria, mientras que Toralei pidió uno de vainilla con chispas de chocolate.

Se sentaron en una de las bancas dispersas por el parque, dejando que el silencio los envolviera mientras disfrutaban del postre frío.

Renn: "Las cosas... están mejorando, ¿verdad?"

Toralei lamió su helado con tranquilidad antes de asentir.

Toralei: "Sí... parece que sí."

Hubo una breve pausa antes de que Toralei estuviera a punto de decir una frase que podría haber condenado su suerte.

Toralei: "Digo, ¿qué sería lo peor que podría pasar?"

Renn no tardó ni un segundo en taparle la boca con la mano, con una expresión entre divertida y alarmada.

Kitsune entre monstruoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora