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-Capítulo 37: "¿Otro adiós?"-

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Fran paró en seco detrás de una columna al escuchar voces.

Había ido hasta la casa de Alma luego de que su madre le comentase que la chica y su mejor amiga estaban haciendo su duelo juntas. Quería hablar con ellas puesto que en el funeral no había tenido tiempo (ni ánimos, a decir verdad).

Así que ahí estaba: en el último día de sus vacaciones de un mes, escondido tras una gran pared blanca que no le permitía ver qué estaba sucediendo en la entrada del hogar Lécaris.

— ¿Ya lo decidió? —agudizó el oído al darse cuenta que conocía esa voz. Franco hizo memoria de los lugares a los que había concurrido últimamente y la localizó en un recuerdo del entierro de su amigo; también estaba en otro, cuando fueron al cuarto de Lara en el hospital.

Negó, quitándose las cosas malas de la mente. La pasaba mejor con la cabeza vacía.

—Sí... Dada la situación, me parece que es lo mejor —contestó otra mujer.

¿Lo mejor? ¿Alguien se marchaba?

Dio un paso hacia adelante, procurando que no lo vieran.

Se sorprendió al ver a la Señora Peruti charlando con la mamá de Al.

Ambas se veían decaídas y cabizbajas, sin mencionar que conversaban en susurros.

La impaciencia hizo acto de presencia y se adueñó del cuerpo de Fran provocando que este encendiese un cigarro. El tabaco se había vuelto su más gran vicio, pero su más grande terapia también. Le quitaba la ansiedad y lo libraba de sus pensamientos al tener algo en lo que concentrarse.

Además me acerca a la muerte susurró su inconsciente, de forma maligna.

Un sollozó hizo que volviese a arrimar la cabeza.

Me siento como un espía.

La mamá de la rubia se encontraba lloroza entre los brazos de su amiga.

—Es tan pequeña —murmuraba sin parar.

—Tranquila, Lucía, todo estará bien. Van a salir adelante —reconfortaba Patricia Lécaris, a la vez que le acariciaba la espalda —. Es una joven madura y ha tomado una decisión que tú debes respetar.

La otra asintió.

—Pasemos, las niñas deben preguntarse dónde nos hemos metido —se separó y observó los ojos azules de la mujer, iguales a los de sus hijos —. Nos necesitan, Lu. Debemos estar para ellas.

A pesar de la fortaleza que demostraba Patricia, Fran no podía parar de conjeturar que era toda una farsa. Debía estar llorando a mares por dentro ya que, a fin de cuentas, se trataba de su sobrino.

La señora no hacía otra cosa que fingir.

Igual que tú le recriminó su cabeza cuando estaba por dar la última calada.

Ignorando el comentario, se puso a reflexionar sobre la situación.

¿Cuál de las chicas se irá? ¿Acaso son unas vacaciones o no van a volver? ¿Es por Feli?

Seguro que era por Feli, aunque parecía que había algo más. Algo de lo que no se enteraría por el momento.

***

Luego de desistir de visitar a las chicas, Fran había caminado hasta Starbucks en un intento fallido de eclipsar sus pensamientos.

¿Y si Alma es la que se marcha? ¿Qué voy a hacer?

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