XV

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°-..THE END?..-°

Aizawa y Kirishima se dirigieron a la cabaña que, con mucha dificultad, lograron encontrar. El lugar estaba rodeado por un denso bosque, iluminado por la luz del sol. El ambiente era tenso, el sonido de sus pisadas en la hojarasca parecía demasiado fuerte en el silencio nocturno.

Desconfiados, tocaron la puerta de madera. Unos segundos después, se abrió lentamente, revelando a un chico alto, de cabello negro con puntas azuladas y ojos verdes penetrantes. Su expresión era seria, casi amenazante.

-¿Quiénes son ustedes y qué hacen aquí? -preguntó el desconocido, sin apartarles la vista.

-Soy EraserHead -respondió Aizawa con voz firme-. Y estamos buscando a Katsuki Bakugo.

El joven frunció el ceño.

-¿Para qué lo buscan?

Kirishima, incapaz de contenerse, dio un paso al frente.

-¡Fue secuestrado hace casi dos días! Por favor, necesitamos saber si está aquí... si está bien.

El desconocido los observó por un momento, como si evaluara la veracidad de sus palabras. Finalmente, asintió con cautela.

-Hum... Sí... Bueno pasen -dijo, haciéndose a un lado para dejarlos entrar. Algo en su instinto le decía que no eran una amenaza.

Aizawa y Kirishima cruzaron la puerta y la escena que encontraron hizo que el aire se tornara pesado. Bakugo estaba sentado en un viejo futón con la mirada perdida, sus ojos vacíos, sin el brillo desafiante que siempre lo caracterizaba. Su cuerpo estaba rígido, inmóvil, mientras la mayor, Akemaeo, limpiaba con delicadeza las heridas visibles que cubrían su pálida piel. Hanakio y Yuki estaban a su alrededor, trayendo vendas, agua y lo que necesitaran para seguir tratándolo.

No reaccionó a su llegada. Ni siquiera parpadeó.

Kirishima sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Nunca había visto a Bakugo así.

-Katsuki... -susurró.

Los ojos rojos del rubio apenas se movieron en su dirección. Kirishima no se lo pensó más y cruzó la habitación en dos zancadas. Se agachó frente a su mejor amigo y, con la mayor delicadeza posible, lo rodeó con sus brazos en un abrazo firme, sin importar la suciedad de su ropa o la sangre seca en su piel.

Las tres hermanas intercambiaron una mirada silenciosa con los azabaches. Sin decir una palabra, salieron de la habitación, dejando a los dos solos.

El abrazo se mantuvo por varios segundos, pero Bakugo no respondió.

-Hey... -murmuró Kirishima con voz suave-. Estoy aquí, Bakugo. Estoy aquí.

Bakugo bajó la cabeza, su flequillo cubriéndole los ojos, sus vacíos ojos.

-¿Qué pasó...? -preguntó Kirishima, asustado por la respuesta.

-...Nada.

-¿Quién te hizo esto?

-No importa.

-Katsuki... -insistió, inclinándose un poco más para intentar ver su rostro- Me preocupo por ti, por favor... dime algo.

El rubio respiró hondo, pero no habló.

Kirishima sintió un nudo en el estómago. No era normal verlo así. Él no era de los que se callaban las cosas, no era de los que evitaban las miradas. Se suponía que Bakugo siempre enfrentaba todo directamente, con rabia, con furia, con determinación. Pero ahora, estaba roto.

♥︎"Corazón mal herido"♥︎ •Kiribaku•Donde viven las historias. Descúbrelo ahora