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-Harry, no me lleve ahí, no es necesario.
-¡Callate, Jamie!-gritó frenando de golpe.
La chica comenzó a llorar desesperadamente y recibió miradas confundidas de todos los que iban en el auto. Nadie entendía qué le pasaba pero tampoco preguntaban o Harry mataría a alguien.
Niall se la cargó al hombro cuando bajaron en el hospital y ella luchó por bajarse pero pronto comenzó a sentirse demasiado cansada y perdió la conciencia. Niall avanzaba y dejaba pequeñas gotitas de sangre que se desprendían de la mano de ella.
-¡Hasta que se calló! -dijo Harry dejándose caer en el asiento.- No soy su maldita niñera. Ya no la aguanto mas.
-Ya, Harry, entendimos que te cae mal.-masculló Liam molesto.

Cuando se acercaron a la habitación en la que ella estaba, vieron a un doctor sentado a su lado. Este le quitó el cabello de la cara y le sonrió. Hablaban suavemente y ella le sonreía de a momentos.
-Sabes que no voy a cobrarte nada.-dijo él besándole la frente.- Sabes que si queres irte de ahí puedo ayudarte a conseguir otro trabajo.
-Se me acaba el tiempo.-susurró ella.- Y todo se está volviendo mas difícil.
-A los dos se les va a acabar el tiempo como que sigas así.-dijo él y ella bajó la mirada.-Sabes que no quiero internarte, pero necesito que te fijes también en tu salud.
-Yo estoy bien.
-No, Jamie. A mi no me mientas. Ya nos conocemos. Ahora prometeme que vas a cuidarte y que vas a estar bien.
-Lo prometo.-dijo ella y él le estrechó la mano con suavidad.- Ahora tengo que irme. No puedo darme el lujo de que me descuenten del salario.
Él la ayudó a levantarse y ella le besó la mejilla antes de salir de la habitación. Sin notar a los chicos, salió del hospital. Ellos la siguieron hacia una casa de empeño donde ella se sacó un brazalete y, luego de presionarlo en su puño, lo colocó sobre el mostrador recibiendo dinero a cambio. Se dirigió al correo y lo puso en un sobre para luego dejarlo en el buzón. ¿A quién le enviaba dinero?
Volvió a la casa y pasó directo a su habitación. Ya era muy tarde. Zayn la vio dormida sobre sus libros de clase. Entró, terminó su tarea y la guardó en su mochila antes de recostarla en la cama con cuidado y cubrirla con las sábanas.

Así pasaron los días. Harry parecía tratarla cada vez peor y ella se sentía cada vez peor. Los demás ya no compartían ese sentimiento con él. Ya no les resultaba divertido. La habían visto interponerse entre Harry y Marie incontables veces y ya no soportaban ver que él no se detenía.
-Harry. -llamó ella entrando en la habitación.- Necesito pedirle algo.
-¿Vos a mi?-rió irónico.
-Por favor. Se lo suplico. Necesito que me adelante la paga.
-Ni soñarlo. Hay una fecha. Respetala.-dijo frío.
-Por favor, Harry.
-No me molestes, Jamie. Te quiero afuera ahora.
La chica abrazó sus piernas unos minutos en su habitación y, lo decidió. Necesitaba el dinero para la mañana siguiente. Debía juntarlo. Tomó unas medias negras, sin importarle que estuvieran rotas, una pollera corta y un top. No tenía mucha ropa, esa había formado parte de un disfraz pero le servía para la ocasión.
No sabía cómo se hacía, así que comenzó a caminar por las calles. Encontró a varias mujeres haciendo lo mismo, así que se dijo que debía ser así.
Vio como la chica delante de ella se acercaba a la ventana de un auto del cual la habían llamado. Tras un par de palabras provocativas, subía. No sabía si ella podría hacer eso.
Un auto se detuvo a su lado y sus manos comenzaron a temblar, pero ¿qué podía hacer? Necesitaba la plata.
-¿Jamie?-maldijo para sus adentros al reconocer la voz de Zayn, uno de los amigos de Harry.- Jamie, subí al auto, por favor.
Ella obedeció, avergonzada, sin poder mirarlo siquiera.
-¿Qué haces?-preguntó incrédulo.
-Necesito la plata.-murmuró ella.- Ni siquiera sé cómo se hace esto.
Su voz se quebró y Zayn, tras varios debates internos, la subió a sus piernas y la rodeó con sus brazos. ¿Qué demonios ocurría con esa chica?
-¿Te prostituis?-preguntó entonces.
-Nunca lo hice.-suspiró ella.- Pero no tengo otra opción.
-¿Cuánto necesitas?-sacó su billetera pero ella negó.
-No. No puedo...
-Jamie, no te quiero con ninguno de estos tipos. Decime cuánto necesitas porque no te voy a dejar salir de auto.
-Trescientos pesos.-suspiró apoyando la frente en el pecho de él.
-¿A dónde los llevamos?
-Al hospital.- susurró ella.-Pero tenes que prometerme que no vas a decirle a nadie. Te lo suplico.
-Hey, nena, todo está bien. Puede ser nuestro secreto.-ella asintió y se dejó envolver por sus brazos.- Supongo que ahora podemos ser amigos, ¿no es así?
Ella asintió con suavidad y él volvió a dejarla en el asiento junto a él mientras arrancaba rumbo al hospital.

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