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Por la mañana siguiente, él la llamó a primera hora. Le hizo preparar todas sus cosas para la escuela y llevarle el desayuno a la cama. Ella siguió todo al pie de la letra.

-Esa quiero.-dijo señalando el armario. Ella tomó la remera blanca.- No es esa.- Ella tomó otra y él volvió a rechazarla. Lo cierto es que no apuntaba a ninguna en especial.- No era tan difícil, estúpida.-dijo cuando solo una remera quedó en el armario. Ella se la tendió y él repitió el mismo procedimiento con sus pantalones.- Ahora ordenalas.

Salió del cuarto y se dio una ducha. Al salir, encontró todo completamente ordenado. Asintió sorprendido y bajó. La encontró vestida con unos jeans viejos y un buzo bastante grande que no debía pertenecerle a ella. Tenía la mochila cargada al hombro y entonces lo supo, esa chica iría a su escuela. Todo podía resultar bastante divertido. Salieron y ella comenzó a caminar por las calles en dirección a la escuela. Antes de hacerlo, entró en una casa de reventa y canjeó su celular por otro mas simple y un pequeño monto de dinero. Suspiró llevándose las manos al rostro y siguió su camino.

-Jamie,-dijo Harry al verla entrar.- esta es la clave de mi casillero, esta mi mochila y estos mis horarios, quiero que todo esté en cuanto lo necesite.

Ella abrió la boca pero no dijo nada. Inhaló profundamente y se encaminó hacia el casillero, tomando lo necesario. Esperó al chico en la puerta de su salón y le tendió la mochila, él la tomó y la vio alejarse por el pasillo.

-¿Mucamita?-preguntó un rubio a su lado mirando hacia donde ella se había ido.

-Ni que lo digas.-rió Harry y entraron a la clase.- Este viernes fiesta en la casa. ¿Queres ver como una empleada renuncia, Niall?

-Claro.-dijo él dejándose caer en su asiento.

Hora tras hora, ella le alcanzó sus cosas para luego ir a su clase. Harry descubrió que ella iba dos clases por debajo de él rápidamente. A la hora del almuerzo la divisó y la llamó frente a toda la cafetería, enviándola a por su almuerzo. Jamie se sentía completamente humillada pero no podía darse el lujo de que la despidieran, tenía que resistir, diez meses más.

Al salir, Harry quiso mandarla a hacer algo pero no pudo encontrarla por ningún lado. Jamie corrió por la calle hacia el correo. Dejó la plata que le habían dado por su teléfono en un sobre y lo puso en el buzón antes de dirigirse nuevamente a la casa de la familia Styles.

-Te estaba esperando.-dijo Harry apenas entró ella.- ¿Quién te dio el permiso de desaparecer así? Mis amigos están acá y tienen hambre. Hace algo.

-Perdón.-susurró ella y se encaminó a la cocina. Sirvió galletas para luego llevarlas a la sala.

-¿Y la cerveza?-preguntó Harry de mala gana.

Ella tragó duro y volvió a encaminarse a la cocina luego de disculparse suavemente. Regresó con cinco cervezas y fue a su habitación a dejar la mochila de la escuela. No le gustaba que la gritaran, no quería que él la tratara como la trataba pero lo dejaba, por Cory.

-No podes tratarla así.- escuchó decir a Marie.- Ella es empleada de tus papás y las tareas en la casa no son de ella. Nunca le pediste las cervezas. Respetala, Harry.

Jamie vio como el chico enfurecía y elevaba su mano. Se colocó delante de la anciana y recibió el golpe. Él la miró confundido. La chica se puso de pie sin quejarse siquiera y miró a Marie.

-No se preocupe, él tiene razón, yo no traje las cervezas.

La mujer miró a Harry con horror y se llevó a la chica de ahí.

-Es valiente.-reconoció el joven de los ojos azules.

-Louis tiene razón.- dijo Niall.

Harry apretó la lata de cerveza en su mano y esta se desbordó. Maldijo para sus adentros y tomó aire profundamente.

-Jamie, vení a limpiar.-gritó y la chica apareció rápidamente. Su mejilla estaba bastante roja y Harry se enfureció consigo mismo. No había pretendido llegar tan lejos.- Traeme otra cerveza.

-Acá está, señor.-dijo ella apareciendo tras unos segundos.

-Decime Harry.-se enfureció él.-¡No quiero que vuelvas a llamarme señor! Ahora andate al establo, no puedo ni verte.-ella obedeció con rapidez.-Zayn, pasame el control.-exigió.

-No soy ella, imbécil.-masculló el moreno.

-¡Jamie!-gritó y la chica entró a la casa rápidamente pero resbaló y cayó en la cocina, golpeándose contra la mesa y haciéndose un tajo en la mano. La ocultó bajo su manga y entró en la sala. Harry señaló el control y ella se lo alcanzó mientras presionaba sus labios respirando profundamente ignorando el dolor en su mano y que sentía la sangre deslizarse por sus dedos. Tomó la manga del buzo con fuerza para que ni una gota cayera y ensuciara el suelo.

-¿Qué te pasa?-preguntó Harry. Ella negó y quiso retirarse pero él la tomó del brazo.- Decime qué te pasa.

-Nada, Harry.-dijo ella en un susurro. Él aplicó mas presión y ella quiso soltarse pero no podía. Harry apretaba con fuerza, exigiendo una respuesta.

Jamie se centró en Cory y respiró profundamente. Harry miró su manga y frunció el ceño ante su color rojizo oscuro. Hizo que ella lo soltara y dejó al descubierto su mano ensangrentada. Sus ojos se abrieron como platos y Liam se puso de pie con rapidez.

-Mierda, ¿qué te pasó?-dijo Harry.

-Me caí.-murmuró ella, restándole importancia.

Liam la ayudó a zafarse del agarre de Harry y la llevó a lavarse la herida. Necesitaría puntos. No entendía cómo se había hecho eso. Vendó su mano con cuidado y ella se quitó el buzo, dejando a la vista un cuerpo extremadamente delgado y un poco de tinta en su pecho, del lado de su corazón. El cabello castaño de ella se apresuró a cubrir el tatuaje y murmuró un "Gracias" antes de encaminarse a la habitación por otro buzo.

-Necesita puntos.-dijo Liam volviendo a la sala. Harry cambiaba los canales, sin darle importancia.- Necesita puntos.

-Que se los dé. Puede ir al hospital por sus propios medios y pedir que le cosan la mano.-dijo con indiferencia.

Zayn apagó el televisor y lo miró asesinamente.

-Está bien, pero queda descontado de su sueldo.-dijo Harry poniéndose de pie.

-No.-susurró ella apareciendo nuevamente.- Estoy bien. No necesito nada. No me descuente nada, por favor.

El temor en la voz de ella hizo que Harry frunciera el ceño. La venda en su mano ya estaba completamente roja otra vez. Suspiró frustrado y la tomó del brazo. Necesitaba puntos.

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