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10 meses. 10 meses. Tan solo 10 meses.-pensó mirando el enorme lugar y suspiró frustrada.- 10 meses.

Jamie entró en la enorme mansión de la familia Styles y observó todo con los ojos muy abiertos. Debía sobrevivir 10 meses en ese lugar. ¿Podría aguantar?

Anne la recibió cordialmente. Ella era la señora de la casa, parecía agradable pero, de todos modos, no sería con ella con quien debía convivir, sino con su hijo y los amigos de este.

-Si hay algún problema, llamame.-dijo la mujer.-Acordate que París está a la vuelta de la esquina.

Ella rió suavemente y asintió. Se sentía algo incómoda allí pero no lo mencionaría.

-Tu tarea es mantener la casa limpia, no aguantarlos y cubrirlos. No lo olvides.

-Si, señora.-dijo ella llevándose la mano a la frente como si hablara con un militar y Anne sonrió con suavidad. Comenzaba a dudar sobre dejar a esa chica durante ese tiempo allí, su hijo y sus amigos podían ser un poco crueles, pero ella se lo había pedido con tal angustia que ya no había marcha atrás.

-Harry, bajá cariño.-dijo. El joven de los cabellos enrulados y los ojos hipnotizantes color verde, clavó su mirada en la chica que acababa de entrar.-Ella es Jamie Maddox, la nueva encargada de la limpieza. Va encontrarse usualmente en la parte del establo y Marie va a seguir acá.

-¿Para eso me llamaste?-preguntó de mala gana. Su madre bajó la mirada y Jamie tuvo el reflejo de abrazarla pero permaneció en su lugar. Mordió su lengua para no decirle nada a él.- ¿Algo que decir, Jamie Maddox?

-Nada, señor.-mintió ella.

-No me gustan las mentirosas.-dijo mirándola con desprecio y se perdió en el pasillo contiguo a la escalera. Anne la miró afligida y la abrazó con suavidad.

-No va a molestarte.-murmuró Anne.-Ahora tengo que irme. Instalate tranquila.

-Sobre las salidas...-comenzó.

-Todas las que necesites.-dijo Anne y cerró la puerta detrás de ella dejándola sola entre esas paredes desconocidas.

Una anciana se asomó luego de un rato. Sus ojos eran del azul mas hermoso que ella jamás haya visto y estaban ligeramente tapados por sus cabellos blancos como la nieve.

-Oh, hola. Vos debes ser Jamie.-ella asintió.-Vamos querida, dejame que te muestre el lugar. La señora debía hacer ese viaje con urgencia, sino lo hubiera hecho ella misma. Sos muy callada, ¿eh?- la chica bajó la vista y sus ojos grises se clavaron en las baldosas que iba pisando a medida que avanzaba.- Me alegro que me ayudes con el establo. Ya no estoy para mantener a los animales.- Rió. Volteó a mirarla para confirmar que la seguía.- Esa del fondo va a ser tu habitación.- Ella asintió y miró la puerta cerrada al final del pasillo del piso inferior.

-Gracias.-murmuró.

La anciana la vio entrar en la habitación y negó suavemente apenada, esa chica no duraría ni dos días en ese infierno, mucho menos diez meses sin la señora Anne y el señor Styles.

Jamie suspiró y dejó su pequeño bolso sobre la cama. La habitación era pequeña pero se veía bien. Guardó su poca ropa en el armario y suspiró antes de atar una bandana en su cabello y decirse que estaba lista, que necesitaba eso y que lo haría lo mejor que pudiera.

Salió del cuarto y se encaminó al establo, donde había seis hermosos caballos. Se acercó a ellos con un poco de miedo, estiró su mano para acariciarlo.

-No toques a Veneno.-dijo una voz a su espalda y ella se sobresaltó. Volteó encontrándose con el chico de los ojos verdes, Harry, el hijo de Anne.-Es mi caballo. No quiero que lo toques. Yo lo cuido a él. Si te veo cerca...- No completó su frase.

-Como usted diga, señor.- dijo ella bajando la mirada y encaminándose a los otros caballos. Él la miraba en silencio, examinando cada uno de sus movimientos.

-Si me volves a decir señor....

-¿Qué?-preguntó y su tono se tornó desafiante.- Perdón, yo...

-Cuidado con lo que haces, podría despedirte.-un escalofrío recorrió la espalda de ella y él lo notó.- Y vos no queres que te despidan, claro que no. Por eso vas a hacer exactamente lo que yo te diga cuando yo te lo diga.- ella asintió en silencio.- Muy bien, buena chica.

Él subió a su caballo y se marchó, haciéndola caer sobre el barro.

Diez meses.-pensó.-Por Cory. Solo diez meses.

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