Capítulo veintidós.

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La alarma sonó despertándome de un terrible descanso. El cuello me dolía y juraba que sentí tronar cada uno de los huesos que componía la columna vertebral en el momento de ponerme de pie.

Chillé de dolor y me pase las manos por el cuello.

Me acerqué a la mesita de luz y agarré mi móvil.

Tenía varias llamadas pérdidas. De Mamá, de la mamá de Cassie, de Scott y de Niall.

Llamé a Scott. Él no llamaba al menos que fuera importante.

—¡Scarlett al fin contestas! —al instante me alarmó.

—¿Pasó algo? —me giré encontrándome con mi mejor amiga ocupando toda la cama. Durmiendo y roncando como si su vida dependiera de ello.

—Tranquila no pasó nada...—la línea quedó en silencio—. Ah en dos horas el chofer estará ahí para recogerlas.

Abrí los ojos como dos grandes lunas. ¿Dos horas?  recién despertaba. Encima aún tenía que guardar mis pertenencias, y limpiar la casa, además de bañarme y comer algo.

—¡Scott! —grité fastidiada.

—No grites... —pidió. Rodé los ojos—. Te llamé un centenar de veces y no contestaste tu teléfono. Lo siento, pero es tu culpa.

Gruñí.

Probablemente fuera verdad. Tengo... digamos que no soy de esas personas que tienen el sueño ligero y se despiertan al primer sonidito, por mas leve que sea. No, no; yo era esa clase de persona que tenía que ser despertada por una orquesta, pero sin lo melodioso.

—Bien. Te veo allá Scotter.

—Uff, que carácter. Adiós Jhonson.

Terminó la llamada y me puse en plan de despertar a Cassie.

—Cass... pss... despierta.

Cassie se giró frente a los empujones que le daba y siguió durmiendo.

Ay. Esto iba a ser difícil.

*

—Bueno... Ve a bañarte y yo también haré lo mismo. Después vamos a acomodar el desastre de la casa. Y... Preparamos algo simple para desayunar.

Cassie asintió con la cabeza pero sin decir una palabra.

Buscó su bolso y fue a bañarse. Suspiré... por la noche intentamos comunicarnos con Ron por todos los medios posibles. Pero no hubo caso. Él no contestaba por ninguna vía de comunicación.

Sólo quedaba seguir intentando. La mala suerte parecía aflorar en mi lado. Había logrado sacar a Cassie de su negativismo pero ahora caía Ron. ¡¿Quién me mandaba a tener amigos tan cabezotas?! 

Resignada fui a bañarme al baño de cuarto de la habitación que estaba ocupando desde hace días atrás.

—Está delicioso.

—Gracias.

Hace cinco minutos que nos encontrábamos desayunando. Cassie había sido la encargada del desayuno. Pero no hablaba. Y se sentía feo.

—Cass... —la llamé—. Escucha... sé que estás triste y enojada. Si lo sé, así de contradictoria eres pero tienes que dejar tu negativismo y pensar que en Londres vamos a poder a dar con Ron más de prisa.

Ella me miró y luego fijo su vista a sus manos. Suspiró y dijo:—Vale... Supongo que tienes razón.

Lavamos los trastos y fuimos a hacer nuestra maleta lo más rápido posible.

¿Atracción? |N.H| ©¡Lee esta historia GRATIS!