9 ── "knowing glances"

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El frío de aquel lugar erizaba cada parte de su cuerpo, pero esa misma frialdad era un cálido manto para su desnuda piel

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El frío de aquel lugar erizaba cada parte de su cuerpo, pero esa misma frialdad era un cálido manto para su desnuda piel. Las grandes corrientes de aire abofetean su rostro con constancia, las mejillas rojizas y el cabello levemente desordenado le daban un toque cautivador a su apariencia descolorida. De pié, en una postura rígida y con una mirada impasible donde no se podía observar más allá que un tenue gris, Yū Hamada se mantiene en el borde de aquél precipicio. A milímetros de él se presenta una profunda oscuridad que transmitía imponencia y peligro, no había un final visible, simplemente una oscuridad cada vez más abismal que causaba terror. Un sentimiento de curiosidad se instaló y recorrió su pecho hasta la última fibra de su cuerpo, un sin fin de preguntas inundaron su mente, quería saber que había más allá, no, en realidad lo que quería era sentir esa oscuridad rodearlo, prefería eso sobre todo lo demás a su alrededor, escogía eso porque algo le decía que lo haría sentir mejor que aquel calor en su espalda. Toda la piel que cubría los músculos de la parte trasera de su cuerpo era apuntada por un sin fin de lásers rojos que daban la sensación de cientos de cigarrillos siendo apagados por el mismo cenicero, su piel. Esos rayos de luz eran apuntados por personas que desconocía, pero que en cierta parte sabía que eran, se trataba de periodistas, panelistas, prensa, fotógrafos, camarógrafos, entrevistadores, una cantidad de profesionales que tenían una gran sonrisa en su rostro. Eso hacia que su espalda quemará. Y a pesar de ser un escenario tan conminatorio, aquello no borraba esa mirada apática, lo que lo hacía ver como un simple cascarón.

Aún así algo era claro, podía escuchar con nitidez el sonido de las olas golpeando las orillas del mar, pero no podía verlo, no sabía de dónde provenía aquel eco tan tranquilizante. Porque a él le gustaba el mar, en realidad le encanta pasar el tiempo en el agua dado que lo considera como algo relajante. Exhaló y bajó la mirada con lentitud, la oscuridad de la profundidad era atrayente pero inquietante, quería lanzar una roca para escuchar algún golpe que señalará el tiempo de profundidad, o aquel magnífico sonido del impacto sólido en el líquido. La aterradora oscuridad seguía ahí por lo que lo hizo dudar por un momento.

Quería saltar.

Sin poder sacar la mirada de aquel abismo, es capaz de ver un repentino destello de luz que lo hace tener un deja vu. Los colores cargadores son vibrantes e iluminan el alrededor de la profundidad, realmente cautivado observó con curiosidad como la proporción de algo apenas visible iba cambiando con cada milisegundo. Un ser gigantesco estaba frente a él, a tan solo metros de su apuntado y palente cuerpo. Y en ese instante, su mirada indiferente se encontró con unos grandes faros azules que lo contemplaban con encanto.

kaizen, ken s.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora