Capítulo 13: el precio de una noche heroica

2.4K 351 196
                                        

Capítulo 13: el precio de una noche heroica

Esa mañana, Draco Malfoy despertó con la conciencia tranquila y el estómago rugiendo, ya que por primera vez en todo el curso, había conseguido esquivar un desastre antes de que el Niño que Vivió lo arrastrara con él.

Se vistió de buen humor y bajó al Gran Comedor, dispuesto a buscar al trío de Gryffindor, no porque estuviera preocupado, claro. Solo quería verles las caras. Tal vez, con algo de suerte, habían perdido más puntos que nunca. O quizás, Filch les había dado una detención peor que la del Bosque Prohibido.

Pero cuando llegó al Gran Comedor, toda su altanería se desvaneció al instante. Granger estaba sola en la mesa de Gryffindor, con un rostro pálido y cansado, pero también con unos ojos oscuros con ojeras marcadas... Y eso no podía ser bueno.

Draco se quedó quieto un segundo, pero luego decidió acercarse. Granger levantó la vista y, al verle, se puso de pie de golpe. Antes de que Draco pudiera reaccionar, corrió hacia él y lo abrazó. El chico se quedó completamente rígido por el inesperado acercamiento. Una sangresu-, una hija de muggles lo estaba abrazando... No era un apretón de manos. No era llamarle por su nombre de pila. Era un abrazo. ¡Un maldito abrazo!

Por Salazar, ¿qué está pasando aquí?

Pudo sentir todas las miradas del Gran Comedor sobre ellos, pero a Granger pareció no importarle.

—Oh, Draco, tenías razón —su voz temblaba—. Fue muy peligroso. Debimos escucharte.

El Slytherin parpadeó con desconcierto y apartó ligeramente a la chica, mirándola con un mal presentimiento. Dime algo que no sepa.

—¿Qué ha pasado?

Granger miró a su alrededor y bajó la voz.

—Aquí no... Ven conmigo.

Sin darle tiempo a negarse, le tomó de la muñeca y lo arrastró fuera del Gran Comedor. Caminaron con rapidez por los pasillos del castillo y Granger comenzó a hablar en cuanto se alejaron de los oídos indiscretos.

—Anoche logramos burlar a Fluffy con música —Draco la miró con los ojos entrecerrados y se pasó una mano por la cara—. Luego, nos atrapó el Lazo del Diablo.

—¿El qué?

—Una planta mágica. Casi nos mata.

Draco se quedó en silencio, pero Granger continuó con su relato. Habían atrapado la llave voladora; derrotado un troll por segunda vez; Weasley se había sacrificado en el ajedrez mágico de McGonagall, y luego... Harry había decidido seguir el camino solo.

Draco se detuvo en seco y Granger se giró para mirarlo, pero él solo tenía una pregunta.

—¿Dónde está Harry?

La chica bajó la mirada.

—En la enfermería. Junto con Ron.

Draco no escuchó más. Dejó de pensar y simplemente corrió. Sus pasos resonaron por los pasillos, con Granger siguiéndolo de cerca. Ese idiota se había metido en un lío demasiado grande esta vez. Cuando llegaron a la enfermería, Madam Pomfrey les lanzó una mirada severa, indicándoles sin necesidad de palabras que guardaran silencio.

Draco respiraba agitado, pero asintió. Sus ojos se posaron en las dos camas. Weasley estaba despierto, sentado con vendas en los brazos y la cara llena de moretones.

—¿Qué pasa, Malfoy? ¿Me echaste de menos?

Draco ignoró el comentario, porque en la cama de enfrente... Harry estaba dormido. Draco ni siquiera lo pensó. Entre el Weasley magullado y el Potter inconsciente, eligió ir a ver al segundo.

Draco Malfoy y la maldición del dragónDonde viven las historias. Descúbrelo ahora