Capítulo 11: el Bosque Prohibido

2.1K 325 108
                                        

Capítulo 11: el Bosque Prohibido

Draco ya estaba en la cama, a punto de dormir, cuando alguien irrumpió en la habitación: un chico de segundo año se asomó, con cara de nervios.

—Malfoy, alguien de Gryffindor te está buscando.

Sus compañeros de cuarto se rieron al escucharlo. Theodore Nott se acomodó en su almohada y sonrió burlón.

—¿Qué pasa, Malfoy? ¿Tienes una cita nocturna con Potter?

Crabbe y Goyle soltaron carcajadas. Zabini simplemente sonrió. Draco rodó los ojos y los ignoró. Se levantó, se puso las zapatillas y salió de la habitación sin decir nada. Cuando llegó a la Sala Común no había nadie más despierto. Draco salió por la puerta secreta de las mazmorras, y allí estaban Harry y Granger, ambos pálidos y nerviosos.

—¿Qué pasa ahora? —preguntó Draco, cruzándose de brazos.

Granger mordió su labio y habló rápidamente.

—Norberto mordió a Ron.

El Slytherin se quedó en silencio un segundo y luego sonrió con satisfacción.

—Así que finalmente logró su objetivo.

—No es gracioso, Draco. —Harry frunció el ceño—. Ron está en la enfermería.

—Ah, una vez más, qué gran tragedia.

—Y... —la chica miró a Draco con expresión tensa—. Necesitamos a alguien más para cargar a Norberto hasta la torre.

Draco dejó de sonreír y su rostro palideció al unir los puntos.

—No.

Harry dio un paso adelante.

—Draco, por favor.

—No.

—Todo irá bien. Tenemos la capa de invisibilidad.

—He dicho que no.

Granger miró su reloj de bolsillo y, en vez de seguir discutiendo, lo empujó por el pasillo.

—No hay tiempo. Vamos.

—¡Oye! ¡Granger, esto es secuestro!

Pese a sus quejas, los tres bajaron hasta la cabaña de Hagrid y el guardabosques les abrió la puerta con los ojos rojos e hinchados. Tenía un enorme pañuelo en la mano, secándose las lágrimas.

—Lo he encerrado en una jaula —sollozó—, pero no le gustó nada.

Norberto estaba dormido profundamente, gracias a las hierbas somníferas que Hagrid le había dado. Junto a él, dentro de la jaula, había un viejo oso de peluche. Draco miró la escena y sintió un nudo en la garganta—porque esa sería realmente la última vez que vería a Norberto—, pero no había tiempo para sentimentalismos. Los tres tomaron la jaula entre sus manos y Hagrid les colocó la capa de invisibilidad por encima.

—Buena suerte.

Con pasos cuidadosos y un peso enorme sobre los brazos, se dirigieron a la torre más alta. La jaula pesaba una barbaridad. Draco maldijo en voz baja y sacó su varita.

—Featherlight.

Pero ni siquiera ese hechizo avanzado logró aligerar lo suficiente el peso de Norberto. Finalmente llegaron a la torre, y cada escalón se convirtió en una muralla por sí solo. Por no hablar de que Draco no estaba acostumbrado a semejante esfuerzo físico.

—Esta es... la última vez que me dejo arrastrar por vuestros planes Gryffindor... La última —jadeó. Lo juro por Salazar.

—Deja de quejarte y empuja, por favor. Ya casi estamos —rogó Granger, igualmente hastiada.

Draco Malfoy y la maldición del dragónDonde viven las historias. Descúbrelo ahora