Capítulo 10: el favorito de Norberto

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Capítulo 10: el favorito de Norberto

Esa noche se reunieron en la entrada del Gran Comedor y se encaminaron hacia la cabaña de Hagrid. Cuando llegaron a la puerta, Harry golpeó con los nudillos. Dentro, se escuchó un ruido torpe y una voz profunda que murmuró:

—¿Quién anda ahí?

—¡Hagrid! Somos nosotros! —dijo Harry con entusiasmo.

La puerta se entreabrió lentamente, revelando la figura imponente y desaliñada del guardabosques. Hagrid frunció el ceño.

—Lo siento, muchachos. Esta noche no es el mejor momento para visitas.

Pero antes de que pudiera cerrar la puerta, Granger dio un paso adelante.

—Sabemos lo de la Piedra Filosofal.

Hagrid se quedó congelado y cambió de actitud al instante.

—Entrad. Rápido.

Draco fue el último en cruzar la puerta, y cuando Hagrid vio su cabello rubio, su expresión se endureció con desconfianza.

—¿Y este qué hace aquí?

Draco apretó los dientes, consciente de que no era bienvenido—aunque no es como si él quisiera estar ahí—, pero Harry se apresuró a intervenir.

—Es mi amigo, Hagrid. Puedes confiar en él.

El guardabosques gruñó por lo bajo, pero finalmente, asintió.

—Está bien. Tomad asiento.

Los tres Gryffindor se lanzaron a explicarle todo lo que sabían sobre la Piedra Filosofal, los encantamientos que la protegían y, por supuesto, las sospechas sobre Snape. Draco, por su parte, permaneció en silencio, pues no le interesaba el tema. Su mirada recorrió el interior de la cabaña para distraerse un poco. En un rincón, el perro de Hagrid, Fang, intentaba lamerle la cara a Weasley, quien lo apartaba con una mueca. Cerca de la chimenea, algo burbujeaba en un caldero dentro del fuego...

Finalmente, Hagrid resopló con fastidio.

—Snape no quiere robar la Piedra —Draco alzó una ceja y Hagrid se cruzó de brazos—. Snape es uno de los profesores que la protege.

Draco se apoyó entonces en el respaldo de la silla y sonrió con suficiencia.

—¿Veis? —se giró hacia Harry y Weasley—. Os dije que el profesor Snape no era un ladrón.

Pero antes de que ninguno de ellos pudieran replicar, algo dentro del caldero en la chimenea se movió y Hagrid se levantó de golpe. Con mucho cuidado, tomó el caldero y lo llevó a la mesa. Un humo espeso y caliente se elevó en el aire y los cuatro estudiantes se inclinaron para mirar. Harry frunció el ceño.

—¿Qué es eso?

Weasley abrió los ojos de par en par.

—Sé lo que es...

Draco sintió un escalofrío inexplicable.

—¿Y qué es?

El pelirrojo giró la cabeza hacia Hagrid.

—¡Merlín! ¿Cómo conseguiste un huevo de dragón?

Draco se quedó sin aliento y retrocedió por instinto.

No puede ser.

Hagrid se rascó la barba con una sonrisa nostálgica.

—Lo gané en un juego de cartas. Podría decirse que fue un regalo.

Draco sintió un terrible nudo en el estómago.

—¿Quién te dio algo así? —cuestionó Granger.

—Un forastero que conocí en el pub... Y la verdad es que parecía aliviado de deshacerse de él.

Draco Malfoy y la maldición del dragónDonde viven las historias. Descúbrelo ahora