Capítulo 9: demasiada información
El Expreso de Hogwarts rugió suavemente al ponerse en marcha, dejando atrás los terrenos del castillo cubiertos de nieve. Draco miró a su alrededor en el pasillo del tren, con las manos en los bolsillos de su túnica, analizando sus opciones. Los Slytherin de primer año ya estaban agrupados en sus compartimentos, y cuando algunos de ellos notaron su presencia, sus expresiones fueron una mezcla de asco y desdén.
Draco resopló. Por supuesto. A pesar de su apellido, era evidente que ya no era bienvenido entre ellos. No valía la pena forzar su compañía en un lugar donde ya lo habían excluido. Fue entonces cuando, al girar la cabeza, vio a Hermione Granger sentada sola en un compartimento.
Draco no se lo pensó demasiado, deslizó la puerta y se dejó caer en el asiento frente a ella. Hermione parpadeó, sorprendida, antes de sonreírle.
—Oh, hola, Draco.
Draco asintió con la cabeza, inexpresivo.
—Granger.
Y como si fuera la cosa más normal del mundo, la chica comenzó a hablarle con entusiasmo. Le hablaba de las festividades muggles en Navidad, de las luces en las calles, de los árboles decorados, del muérdago, de los regalos que se dejaban bajo el árbol y de cómo su familia pasaba las fiestas. Draco, por su parte, escuchaba en silencio, con su típica expresión de dignidad y apatía ensayada, pero en el fondo, disimulaba su curiosidad. El mundo muggle le intrigaba más de lo que estaba dispuesto a admitir como un supuesto sangrepura cegado por la superioridad moral.
Finalmente, el tren llegó a la estación de King's Cross. Tras cruzar la barrera del Andén 9¾, Draco se despidió de Granger con una inclinación de cabeza cortés y buscó con la mirada a su madre. Y allí estaba ella. A pocos metros, esperándolo, con una sonrisa elegante en los labios. Draco no se lo pensó dos veces. Corrió hacia ella, y en cuanto llegó a su lado, Narcissa Malfoy lo estrechó entre sus brazos. Draco cerró los ojos. Necesitaba ese abrazo. Necesitaba ese calor.
Tal vez, regresar a la Mansión Malfoy valía la pena después de todo, y quizá, sí valía la pena perderse una Navidad en Hogwarts con el grandioso Harry Potter.
En un susurro de magia, Narcissa se Apareció con Draco, llevándolos directamente al elegante salón de la Mansión Malfoy. El aire estaba cargado con el familiar aroma a madera pulida y té especiado. Draco no perdió tiempo en subir las escaleras hasta su habitación, y al entrar, se dejó caer sobre la cama con un suspiro pesado. Esto era lo que quería. Paz y tranquilidad. Ningún tipo de estrés que pudiera desatar sus escamas.
Su espacio. Su mundo.
Sin embargo, su paz duró poco, pues unos minutos después, llamaron a la puerta. Draco se irguió lentamente sobre la cama y, al abrirse la puerta, vio a su padre. Lucius Malfoy entró en la habitación con su porte impecable y su túnica oscura ondeando a su paso. Sin decir palabra, se sentó en la cama junto a Draco y lo miró con seriedad.
—Dime, hijo —comenzó con voz neutra—, ¿cómo van tus amistades en el colegio?
Draco suspiró profundamente.
—Ya te lo dije en mi carta. No soy precisamente el más popular en Slytherin...
Lucius entrecerró los ojos.
—Eso no es aceptable. Ningún Malfoy debería ser marginado en Hogwarts.
Draco se tensó. Sabía que su padre no le gritaría ni lo castigaría, pero sus palabras eran un peso sobre sus hombros que no estaba listo para afrontar. No quería que su padre le presionara con este tema. Entendía que debía guardar las apariencias. Entendía que debía ser un Malfoy respetable... Pero él no era capaz de hacer tanto. Cerró los ojos y tomó aire.
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Draco Malfoy y la maldición del dragón
FanfictionLibro 1 de 7. Desde que tiene memoria, Draco Malfoy ha guardado un secreto. Una antigua maldición corre por la sangre de su familia, una que lo convierte en algo que los suyos han aprendido a despreciar tanto como desprecian al dragón que los conden...
