Capítulo 8: sospechas
A la mañana siguiente, el Gran Comedor estaba lleno de estudiantes disfrutando de su desayuno, y Draco se encontraba, como siempre, en un rincón solitario de la mesa de Slytherin. El espacio que los de primer año seguían dejando a su alrededor se mantenía intacto, y él ya no se molestaba en mirar a los demás. A estas alturas, el desprecio de sus compañeros de Casa era lo de menos.
Cuando la lechuza negra de la familia Malfoy dejó una carta sobre su plato, junto con un paquete de dulces, ninguno de ellos se molestó en girar para verle. Era lo mejor, en realidad. Draco desplegó la carta y miró con ternura la elegante letra de su madre.
«Mi querido Draco,
Esperaba sinceramente que no fuera necesario que descubrieras que Severus estaba al tanto. No tomé esa decisión a la ligera. Solo quise asegurarme de que, en caso de que fuera indispensable, contaras con alguien que pudiera ayudarte en Hogwarts.
Siempre he deseado que no tuvieras que enfrentarte a problemas debido a tu condición y que pudieras disfrutar de una vida tranquila y segura, alejada de cualquier riesgo innecesario. Pero el hecho de que ahora sepas la verdad sobre Severus significa que has llegado a una situación en la que realmente has necesitado su ayuda, y es por ello que no me arrepiento de haber confiado en él.
Sé que nunca has sido particularmente cercano a tu padrino, pero espero que no te moleste que lo sepa. Severus es un buen hombre, Draco, y si alguna vez te encuentras en una circunstancia que no puedas manejar solo, él te ayudará cuantas veces sea necesario para protegerte.
Sin embargo, como bien dices en tu carta, es preferible que tu padre no se entere de esto. Ya le conoces... No aprobaría que hubiese compartido esta información tan delicada con alguien ajeno a la familia, incluso si se trata de tu propio padrino.
Así que... este será nuestro pequeño secreto, cielo.
Tu madre,
Narcissa Malfoy»
Draco dio un largo suspiro mientras doblaba la carta. Si era sincero, el razonamiento de su madre no era para nada sorprendente, y había sido realmente conveniente tener la ayuda de Severus durante el incidente del troll. Pero lo que sí lo sorprendió fue ver a tres figuras deteniéndose frente a él. Tres Gryffindor. Tres Gryffindor listos para ocupar el espacio de la mesa de las serpientes. Draco alzó la vista lentamente, encontrándose con las expresiones resueltas de Harry Potter, Ron Weasley y Hermione Granger.
Los Gryffindor se sentaron sin preguntar y Draco sintió las miradas de los Slytherin en la distancia, las murmuraciones comenzando, los cuchicheos llenos de reproche... pero no hizo nada para impedirlo. Harry se inclinó un poco hacia adelante y lo miró con preocupación.
—¿Estás bien?
Draco arqueó una ceja.
—¿Por qué no lo estaría?
—Ayer, en el baño —aclaró Harry—, te vi muy mal.
Draco rodó los ojos con exasperación. No hacía falta que le recordara tan abiertamente un momento tan bochornoso, gracias.
—Oh, lo siento por no estar dando saltos de alegría al descubrir a un troll asesino en un baño.
Weasley se rio sin poder evitarlo.
—Más que asustado —dijo con una sonrisa burlona—, parecías una avestruz tratando de esconderte detrás de Harry.
Draco bufó ofendido.
—¿Me estás llamando cobarde, Weasley?
El chico alzó la mirada al techo, como si considerara seriamente la respuesta. Draco entrecerró los ojos, pero Harry, sin embargo, le dio un codazo a su amigo pelirrojo para que dejara de fastidiar. Granger, por su parte, sacudió la cabeza y dijo con voz firme:
ESTÁS LEYENDO
Draco Malfoy y la maldición del dragón
FanfictionLibro 1 de 7. Desde que tiene memoria, Draco Malfoy ha guardado un secreto. Una antigua maldición corre por la sangre de su familia, una que lo convierte en algo que los suyos han aprendido a despreciar tanto como desprecian al dragón que los conden...
