Capítulo 6: duelo a media noche
El cielo sobre Hogwarts estaba teñido de un azul profundo cuando Draco salió de la enfermería junto a Theodore Nott y Neville Longbottom. Las antorchas de los pasillos proyectaban sombras largas mientras avanzaban en silencio por los corredores de piedra, en dirección al Gran Comedor. Se habían perdido gran parte de la tarde allí dentro, pero al menos la cena aún no había terminado. Longbottom, con el brazo vendado tras su caída en la clase de vuelo, echó a correr hacia la mesa de Gryffindor sin mirar atrás. Nott, por su parte, se dirigió a la mesa de Slytherin, pero antes de hacerlo, le dio un codazo intencionado a Draco en el costado. Draco frenó en seco y apretó los dientes, pero no dijo nada. Simplemente lo siguió hasta la mesa de su Casa.
Cuando llegó, notó un enorme espacio vacío entre los de primer año. Habían dejado un hueco grande para él. Draco se detuvo por un segundo, observándolo. Como Slytherin, sabía lo que significaba: había peleado con uno de los suyos para defender a un Gryffindor. Un enemigo. Y una ofensa como esa se pagaba cara. Draco suspiró y se sentó sin una palabra en su lugar aislado, ignorando las miradas furtivas que los demás le lanzaban desde la distancia. No esperaba menos de los Slytherin, y tal vez era lo mejor. Si mantenía distancia con su propia Casa, podría evitar situaciones indeseadas... o momentos peligrosos en los que su secreto le jugara una mala pasada. El único problema era cómo se lo tomaría su padre. ¿Qué diría Lucius Malfoy si supiera que su hijo estaba siendo marginado en Slytherin debido a sus propios actos? ¿Dónde había quedado su instinto de auto preservación? Draco tamborileó los dedos en la mesa con impaciencia. Tal vez si se lo explicaba con detalle... tal vez lo entendería.
Buscó con la mirada la mesa de Gryffindor, sin pensarlo demasiado. Para su sorpresa, Harry estaba allí, sonriente y rodeado de alumnos más mayores que parecían entusiasmados con él. Weasley y Granger reían a su lado, completamente integrados en su nueva Casa. No como otros. Draco sintió un extraño tirón en el pecho, y cuando Harry notó su mirada, le saludó efusivamente con una gran sonrisa. Draco parpadeó, sorprendido por el gesto, pero con la tranquilidad fingida de siempre, alzó el mentón y le devolvió un saludo lánguido. Al parecer, San Potter había tenido suerte y no lo habían expulsado.
El banquete se desarrolló con normalidad y, aunque Draco no tenía demasiado apetito, comió en silencio, ignorando los murmullos a su alrededor. Pero entonces, algo inesperado ocurrió. Una silueta apareció frente a él, y para cuando Draco levantó la vista, se encontró cara a cara con el mismísimo Harry Potter. A su lado, un poco tensa pero presente, Hermione Granger. El murmullo en la mesa de Slytherin se hizo más fuerte.
—¡Draco! —exclamó Harry con emoción, completamente ajeno al protocolo—. ¡Me han dejado entrar en el equipo de Gryffindor como Buscador!
Draco parpadeó.
—¿Qué?
—¡Sí! —Harry sonrió ampliamente—. ¡Soy el miembro más joven del equipo en un siglo! ¿Puedes creerlo?
Draco se quedó en silencio por un segundo. A su alrededor, los Slytherin sentados en la distancia comenzaron a murmurar con una mezcla entre la decepción y la más pura envidia.
—¿Potter en el equipo?
—Pero si es de primer año...
Draco no pudo evitar sonreír.
—Vaya. Felicidades.
Harry sonrió aún más y, sin el menor reparo, se sentó en la mesa de Slytherin. Granger no se sentó, pero se quedó de pie a su lado, con una expresión de ligera incomodidad. Finalmente, carraspeó.
—Yo solo quería darte las gracias, Malfoy —dijo con voz firme—. Por defender a Harry de los comentarios de tus compañeros.
Draco entrecerró los ojos.
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Draco Malfoy y la maldición del dragón
FanfictionLibro 1 de 7. Desde que tiene memoria, Draco Malfoy ha guardado un secreto. Una antigua maldición corre por la sangre de su familia, una que lo convierte en algo que los suyos han aprendido a despreciar tanto como desprecian al dragón que los conden...
