Capítulo 5: pociones, escobas y puños

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Capítulo 5: pociones, escobas y puños

Los primeros días en Hogwarts fueron un torbellino de información nueva, horarios confusos y pasillos traicioneros llenos de escaleras que cambiaban de lugar sin previo aviso.

No obstante, Draco Malfoy se adaptó rápido, pues no tenía otra opción. Debía mantener el control, dominar su temperamento y emociones fuera como fuese. Ser un Malfoy en Slytherin significaba ser observado, ser juzgado y ser esperado. Y Draco no pensaba decepcionar a nadie, pero tampoco ser descubierto. Su primera prueba de fuego fue compartir habitación con Theodore Nott, Vincent Crabbe, Gregory Goyle y Blaise Zabini. Cinco chicos en un solo cuarto reducía la privacidad al mínimo, lo que significaba que a la hora de cambiarse de ropa tenía que andar con mil ojos y asegurarse de que ninguno de ellos miraba más de la cuenta en caso de que alguna escama plateada hubiera decidido aparecer sobre su piel. La solución a su dilema acabó siendo cambiarse en la cama con las cortinas echadas, aunque sus compañeros lo mirasen extrañados cada vez que salía de ahí completamente vestido. Pero bueno, ser un Malfoy y ser vanidoso no era precisamente incompatible.

Las clases de Transformaciones con McGonagall fueron desafiantes pero fascinantes. En Defensa Contra las Artes Oscuras, el profesor Quirrell tartamudeaba demasiado como para tomarle en serio. Encantamientos con Flitwick fue interesante, aunque enterarse de que Granger había destacado desde el primer día le resultó bastante molesto. Estaba claro que era una sabelotodo de manual. Pero entre clases, pasillos y comidas en el Gran Comedor, Draco no volvió a cruzarse con Harry Potter. Aunque no estuviera prohibido explícitamente, tampoco estaba bien visto que los miembros de diferentes Casas se sentaran en mesas ajenas o se juntaran demasiado en público, así que los días pasaron sin más interacción entre ellos.

Hasta que llegó la clase de Pociones.

El aula de Pociones estaba en las mazmorras, lo que le daba un aire más frío y oscuro que las demás clases. Draco entró junto a los demás Slytherin, caminando con confianza, cuando una voz familiar lo llamó desde el fondo del aula.

—¡Draco!

Se giró y vio a Harry Potter sentado en uno de los bancos largos de madera. A su lado había un espacio vacío que evidentemente había reservado para él. Draco se sintió extrañamente satisfecho ante ese pequeño gesto.

—Venga, Malfoy —murmuró Theodore Nott con ironía, dándole un empujón ligero en la espalda—. Ve a hacer tus contactos.

Draco le lanzó una mirada fulminante antes de recuperar su expresión neutral, pero en cuanto su vista volvió a Harry, una sonrisa se dibujó en sus labios sin esfuerzo. Caminó con tranquilidad y se sentó a su lado.

—¿Qué tal las clases hasta ahora? —preguntó en voz baja, sin prestar atención a las miradas curiosas de los otros Slytherin. También prefirió ignorar los ojos llameantes de Weasley, quien parecía inconforme con su lugar junto a Granger.

Harry suspiró y se inclinó sobre la mesa.

—Podría haber sido peor —dijo—. Pero me han dicho que esta clase es difícil.

Draco sonrió con suficiencia y se enderezó con orgullo.

—Solo para los que no saben lo que hacen —respondió con arrogancia—. Yo soy excelente en Pociones.

Harry arqueó una ceja.

—¿Ah, sí?

Draco asintió.

—También conozco al profesor. Es un experto en la materia.

No mencionó que Snape era su padrino. No quería que nadie lo supiera, porque cuando destacara en Pociones—y Draco sabía que destacaría—no quería que nadie dijera que era por favoritismo.

Draco Malfoy y la maldición del dragónDonde viven las historias. Descúbrelo ahora