Capítulo 4: la primera noche en el castillo

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Capítulo 4: la primera noche en el castillo

El aire nocturno estaba impregnado de magia y misterio cuando el Expreso de Hogwarts se detuvo con un silbido largo y profundo. Draco descendió del tren junto a Harry y Ron, con Silverquick bien sujeta en su jaula. A su alrededor, los demás estudiantes de primer año lo miraban todo con asombro, sus caras iluminadas por las lámparas flotantes en la estación. Y entonces, una voz potente se elevó por encima del murmullo.

—¡Los de primer año, por aquí! ¡Todos los de primer año, seguidme!

Un hombre enorme, con una barba enmarañada y una voz retumbante, agitaba una linterna en alto. Harry le reconoció de inmediato y lo saludó efusivamente.

—¡Es Hagrid!

Draco le observó con algo de recelo. Siempre había oído hablar de él en su casa, y nunca de una manera favorable... Aunque si no lo recordaba mal, ese era el hombre que había acompañado a Harry a hacer sus compras en el Callejón Diagon.

—Es el guardabosques, ¿no? —susurró—. Parece un poco... desaliñado.

Harry le lanzó una mirada divertida, pero no tuvo tiempo de responder porque Hagrid ya los estaba guiando fuera de la estación.

—¡Todos en los botes, de a cuatro! —ordenó.

Draco avanzó por el muelle de madera, sus zapatos resonando sobre las tablas húmedas. Sus ojos plateados recorrieron los botes encantados que flotaban en la orilla, esperando llevarlos a través del Lago Negro hasta Hogwarts. Se detuvo junto a un bote y, sin necesidad de hablar, Harry, Ron y Neville se subieron tras él. Pero justo cuando iban a partir, una figura más apareció.

—¿Puedo ir con vosotros? —preguntó una voz clara.

Era la chica del tren. La de los rizos castaños y dientes enormes.

—Se supone que solo es para cuatro personas —murmuró Ron, pero Harry se apresuró a hacerle sitió a la muchacha.

—Me llamo Hermione Granger —se presentó rápidamente, acomodándose en el bote junto a él y a Neville—. ¿Y vosotros?

Harry, Neville y Ron se presentaron, y Draco, tras una breve pausa, hizo lo mismo.

—Oh, Malfoy. He leído sobre tu familia.

Draco sintió un ligero sobresalto y, por instinto, se irguió con orgullo.

—¿Sí?

—Sí. En Historia de la Magia se menciona a los Malfoy —explicó Hermione con entusiasmo—. Soy hija de muggles, así que he tenido que ponerme al día a toda prisa.

Draco sintió que la comisura de sus labios temblaba entre una sonrisa desafiante y una mueca de irritación. Una hija de muggles. Una sangresucia, aunque no tan sucia como la suya propia, si eran sinceros. Pero de cara a la galería, si su padre supiera con quién se estaba juntando...

—Entonces sabrás, gracias a tu investigación, que mi familia es un poco... controvertida, ¿no? —respondió con tono indiferente.

Ron reprimió una risa y Hermione frunció el ceño, pero no pudo continuar porque en ese momento, el bote se movió por sí solo. Se deslizaron por el Lago Negro con una suavidad encantada, y entonces, lo vieron. A lo lejos, emergiendo entre la neblina nocturna, Hogwarts se alzaba majestuoso. Sus torres góticas recortaban el cielo estrellado y sus innumerables ventanas titilaban con luz dorada, reflejándose en el agua oscura. El castillo entero parecía vivo.

—¡Es precioso! —exclamó Hermione con los ojos brillantes.

Neville asintió con la boca abierta. Draco respiraba hondo mientras sentía cómo su pecho se oprimía levemente. Él también estaba emocionado. Era Hogwarts, pero a diferencia de los demás, no podía permitirse mostrar su entusiasmo. Si se emocionaba demasiado... si perdía el control, las escamas aparecerían. Se llevó una mano al pecho, intentando estabilizar su respiración, intentando mantener su rostro sereno.

Draco Malfoy y la maldición del dragónDonde viven las historias. Descúbrelo ahora