Capítulo 2: encuentro en el Callejón Diagon
El Callejón Diagon rebosaba de actividad esa mañana de finales de julio. Magos y brujas con túnicas de todos los colores iban de un lado a otro, regateando con los vendedores ambulantes, saliendo de tiendas con paquetes envueltos en papel brillante y esquivando a los niños que correteaban entre los adoquines gastados por siglos de historia.
Draco Malfoy caminaba junto a su madre, con la barbilla alta y la expresión estoica que su padre siempre le pedía mantener en público. Por dentro, sin embargo, su corazón latía más rápido de lo normal.
—Primero iremos a por las túnicas —dijo Narcissa, guiándolo hacia Madam Malkin: Túnicas para todas las ocasiones.
Draco asintió, pero su atención estaba en sus manos. Las apretó en puños dentro de su túnica, sintiendo el leve hormigueo en su piel. La emoción lo invadía, como a cualquier niño de once años a punto de comenzar sus estudios en Hogwarts, pero él no podía permitirse emocionarse demasiado. No aquí. No con tanta gente alrededor. Si sus escamas aparecían y alguien las veía... su madre estaría aterrada y su padre estaría furioso. Respiró hondo, controlando sus pensamientos mientras entraban en la tienda.
El interior era cálido y estaba iluminado con una luz dorada. Una bruja bajita y regordeta, Madam Malkin, sonrió al verlos y se apresuró a atenderles.
—Túnicas para Hogwarts, ¿verdad? Sí, sí, ven aquí, jovencito.
Draco se subió a un taburete sin rechistar, aunque en su interior se tensó de inmediato. Madam Malkin sacó una cinta métrica encantada que comenzó a tomar medidas por su cuenta, serpenteando por sus brazos y piernas.
No te pongas nervioso. No te pongas nervioso, se repetía él.
Entonces, oyó una voz.
—Hola.
Draco parpadeó y giró la cabeza. Un niño de su edad estaba en el taburete de al lado. Tenía el cabello negro despeinado y unas gafas redondas y rotas que se le deslizaban levemente por la nariz. Le observaba con curiosidad, con una mezcla de emoción y nerviosismo en la mirada; una mirada verdosa tan brillante como las gemas que decoraban los collares y brazaletes de su madre. Draco no pudo evitar corresponderle.
—Hola.
El otro niño sonrió con timidez.
—Es un poco raro esto, ¿no?
Draco arqueó una ceja, perdido.
—¿Las túnicas?
—No, todo esto —dijo el otro niño, haciendo un gesto con las manos—. La magia, Hogwarts, los libros raros... Yo nunca había visto nada de esto antes.
Draco parpadeó.
—¿Qué quieres decir, esto...?
—Soy Harry. Harry Potter. —el niño encogió los hombros—. Crecí con, eh... muggles, sí. No sabía nada del Mundo Mágico hasta hace unos días.
Draco sintió una punzada de sorpresa. ¿Harry Potter? ¿El Niño que Vivió? Miró más de cerca. Sí, ahora que lo mencionaba... el flequillo del niño tapaba casi por completo su frente, pero había una cicatriz en forma de rayo apenas visible en la piel...
¿Va en serio? ¿Este niño escuchimizado es Harry Potter?
No tenía nada que ver con lo que Draco había imaginado. Se suponía que Harry Potter era una leyenda, un mago poderoso que había sobrevivido al Señor Tenebroso. Pero aquí estaba, un chico delgado, algo torpe y claramente perdido en este mundo... Aunque eso no significaba que este mundo no lo supiera todo de él.
ESTÁS LEYENDO
Draco Malfoy y la maldición del dragón
FanfictionLibro 1 de 7. Desde que tiene memoria, Draco Malfoy ha guardado un secreto. Una antigua maldición corre por la sangre de su familia, una que lo convierte en algo que los suyos han aprendido a despreciar tanto como desprecian al dragón que los conden...
