Me levanto y lo primero que hago es revisar mi teléfono, no hay llamadas, pero siento que hay algo que se me olvida, vuelvo a ver mi teléfono para ver la hora 12:45 pm.

Si definitivamente se me esta olvidando algo pero no sé que es.

¡EMMA!.

Voy al baño y me doy una ducha rápida, lavo mis dientes, me pongo solo un pantalón deportivo y salgo rápidamente hacia la universidad de mi hermana, ahora me doy cuenta que no me puse camiseta.

Llego en 10 minutos, fui tan rápido que tal vez pase a accidententarme.

Busco con la mirada a mi hermana y no la veo y maldita sea se fue.

De pronto veo que se acerca una rubia. Emma.

—Hola.—dijo mientras abría la puerta del auto.

Cuando por fin estuvo adentro suspiro cansada lo imagino en los tiempos de la universidad también me dejaba agotado.

—¿Porque tardaste? —le pregunte.—Estuve media hora esperándote —menti.

—¡ay!, aja si sali como hace cinco minutos y no estabas y volví a entrar con mis amigas—dijo con su forma de hablar de una persona evidentemente fresa.

—Habla bien.—le ordene.

—Tu callate.—me dijo.

Y así término la conversación di marcha al auto y en el camino vi a una joven que caminaba me imagino rumbo a su casa. Tenia una forma de caminar el cual movia las caderas en forma de. Presumida pero su vestimenta no era de la típica chica popular  que ha estado con la mitad mayoria de los hombres.

—¿Que miras?.—pregunto Emma.

—Te importa una mierda.—conteste.

—Bueno total que ni me importaba—dijo encogiendose de hombros.

La deje en lo que un dia fue mi casa bajo y la mire hasta que entrara y ella si era una rubia que movia sus caderas terriblemente exagerado.

Llegue a mi departamento y desayune cuando termine me lave los dientes, fui hasta mi habitación y busque mi traje para salir a ver mis negocios.

Ya vestido y perfumado llegue a mi "empresa" y ahi estaba en lo más guardado, y donde los policías no crean que hay movimientos. Idiotas.

Llego con mi secretaria.

—Hola, señor Evan.—dice coquetamente, no entiende que estar en mi cama solo es una vez y adiós.

—Hola, kendra, pidele a Matthew que pase a mi oficina.—ordene.

—Si, señor Evan. Llámame.—dijo antes de que me fuera.

Mi secretaria le di el gusto de pasar por mi cama solo una vez y cree que la llamare, ella si la viera otra persona creería que es una dama, pero no es una ofrecida, no me gusta expresarme así de las mujeres pero cuando dan entender algo es porque dan a entender algo.

Camino el largo pasillo que conduce a mi oficina cuando llego me siento en mi silla de piel color negro.

Escucho un golpe que proviene detrás de la puerta.

—Pasa—ordeno.

—Evan, los japoneses piden más mercancías y pues sabes que se complica pasar hasta ahí la venta.—me explica mi mejor amigo, al cual he convertido en mi socio.

—Mira Matthew tendremos que buscar quien pueda transportarla hasta ahí y que no sospechen.—pedí.

—Evan, ha eso vengo, si hay quien la lleve Hasta ahí pero pide una buena cantidad para transportarla.—dijo.

Maravilloso Engaño ¡Lee esta historia GRATIS!