Me incorporé en la cama porque recordé la noche anterior. Le di la espalda sentada. Me había dejado convencer tan rápido porque no quería tener una pelea con él. Aun así, no estaba tranquila.

—Dijiste que me lo explicarías todo hoy —hablé sin tomarlo en cuenta.

—¿Lo hice? —Lo sentí incorporarse en la cama, también. Él besó mi hombro relajándome—. Pregúntame lo que quieras, amor.

Lo miré por encima del hombro y le sonreí levemente. Tenía muchas dudas y quería que me las aclarara.

—¿Quién te llamó?

—Yoongi.

—¿Dónde fuiste?

—Al apartamento de Seokjin.

—Sobre el perfume de mujer... —murmuré, pero puso un dedo sobre mis labios.

—No vuelvas a empezar con eso.

Lo miré desconcertada. Él suspiró e hizo un ademán de que continuara con las preguntas.

—¿Dónde está el perfume y cómo te lo probaste?

—Lo encargué para dártelo hoy, era una sorpresa. —Se rascó la nuca, y añadió—: Me lo probé pasando mi muñeca por la muestra de tu revista.

—Eso tiene sentido, pero... —Volví a ser interrumpida.

—¿Has terminado con el interrogatorio? Voy a bañarme. —Me revolvió el pelo pasando por mi lado y entró al baño de la habitación.

Volví a sentirme como la noche anterior, culpable por dudar de él. Por otro lado, no terminaba de estar completamente tranquila. Me serví un jugo de naranja en la cocina, pensativa. Hoseok entró en la cocina con una toalla en la mano, se secaba el pelo con ella.

—¿Quieres cenar fuera? Te recompensaré por lo de ayer.

—Aún no te has disculpado.

—Perdóname, mi cielo. —Se acercó para besarme y me alejé como instinto.

—Todavía no me he lavado los dientes —repliqué.

Hoseok sonrió y se pegó a mí. Agarró mis manos y las subió por encima de mi cabeza. Besó mis mejillas, frente y nariz con sus blandos y exquisitos labios. Fruncí mis labios para que no pudiera besarlos y mirándome con una sonrisa ladina bajó a mi cuello. Esa era la especialidad de Hoseok.

—En el cuello no, Hobi, por favor.

Se humedeció los labios mientras acariciaba con la yema de sus dedos las zonas más sensibles de mi cuello. Me estremecí ante el delicado tacto. Posó sus labios húmedos sobre mi piel, soplando un poco de aire caliente sobre el cuello y cerca de la oreja, entre besos. Él sabe lo mucho que me hipnotiza eso. Lo lamió con la punta de su lengua, de forma suave y tierna. Lo estaba disfrutando, soltando suspiros cuando sonreía contra mi piel.

A pesar de que me estaba haciendo perder la razón, paró de repente.

—Te dejaré ir porque tengo hambre. —Sin más, se dio la vuelta y agarró una manzana.

Todos lo llamaban ángel, pero yo era la única que sabía lo demonio que podía ser. Los besos en el cuello de Hoseok te subían al cielo y le daban todo el control sobre ti, lo peor es que él lo sabía.

—Es mi venganza por no dejarme besarte. —Caminó hasta la puerta y salió satisfecho. Le daría el tratado de silencio, pero con el pelo fresco y despeinado era irresistible. Simplemente no podía molestarme cuando lucía tan atractivo, o sea, todo el tiempo.

Fui al baño, me duché y me cepille los dientes. Me vestí casualmente, después de todo era sábado, un caluroso sábado. Cuando fui a la sala lo vi sentado en el sofá. Viendo un programa matinal de fin de semana. Todavía mordiendo la manzana. Caminé sigilosa y puse mis manos sobre sus hombros. Él miró hacia arriba y nuestros ojos se encontraron.

—Cuéntame sobre esa cena fuera.

—Yo te hablo sobre esa cena si tú... —Acaricio mis manos—, me das algo a cambio.

Realicé suaves movimientos circulares con mis pulgares sobre sus hombros. Él cerró los ojos, disfrutando del corto masaje.

—Una cena romántica en un restaurante caro, tú y yo solos.

—Suena bien.

—Si nos aburrimos, siempre podemos arruinar una boda o dañar la propiedad pública.

Solté una carcajada y él me sonrió dulcemente. Jamás podría aburrirme de Jung Hoseok.

  

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Seguiré la próxima semana.

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