Kookie

9.2K 587 143

Lo único que salvaría mi vida era salir del salón cuando las manecillas marcaran las dos en punto, para eso faltaban veinte segundos. Mis cosas ya estaban guardadas dentro de la mochila, la clase completa ignoraba lo que el profesor decía. Mi piel se erizó al escuchar el rechinido de una silla. Sabía perfectamente quién era. Mi mano bajó y tomé una de las correas de mi mochila, listo para huir de la masacre.

La campana sonó.

Para mi suerte, o no, era viernes y la mayoría prefería quedarse un poco más dentro del aula. Salí corriendo como si mi vida dependiera de aquello. Claro que no era tanto como mi vida pero sí una gran parte de mi persona.

—Vamos, justo ahora es cuando la supervelocidad aparece.

Seguí corriendo hasta estar fuera de la escuela. Ahí no estaría salvado así que sin detenerme a dar un respiro continúe con mi huida. Faltaba tan sólo una cuadra más para llegar a mi casa.

Escuché unos gritos burlones. Eso significa una cosa, o por fin desarrollé mi superaudición o esos bravucones estaban por alcanzarme.

Saqué las llaves de mi bolsillo, no sé cómo hice para no caer mientras subía las escaleras de la entrada.

— ¡Rayos, hoy no!

Las llaves se me cayeron. Tuve que resignarme a la paliza que me esperaba. Vi a los bravucones doblando la esquina.

Tan bonito que había empezado mi día.

—Me odias ¿No? —miré el cielo a espera de una respuesta.

—Miren. La niñita está aquí ¿Con quién hablas, marica?

Iba a responderle aun si por eso me llevaba la paliza de mi vida. No iba a dejar que me insultaran, o bien, no que usarán esas palabras, pero un golpe, algo parecido a una caída, llamó su atención.

— ¡Chim Chim está por allá! ¡Vamos, no dejen que se escape!

Pobre niño. Al parecer esta vez estaban detrás de él. Iban a darle la bienvenida como desde hace unas semanas. No soy un defensor de los débiles, y quise ayudarlo, después de todo él era el único al que le había hablado y con el que conviví un día, sólo que cuando hice ademán de perseguirlos alguien me jaló al interior de mi casa.

— ¿Pero qué...? ¡Papá! —después de lo que parecieron años mi padre estaba de regreso en casa.

—Yo también te extrañé ¿Te siguen molestando en la escuela? —quise dar un no como respuesta, pero mi papá me conocía a la perfección.

—Sí, pero no es nada que no pueda solucionar.

—Sé que es por mi culpa y tú no...

—Nada de eso, yo los quiero mucho y su felicidad también es la mía.

Me sonrió. Mis padres eran demasiado jóvenes y eso era genial porque estábamos en la misma frecuencia.

—Kookie, en casa sólo estamos nosotros dos —esas eran mis palabras favoritas.

Tiré la mochila al suelo y subí las escaleras, mi padre corrió tras de mí, me tumbé sobre la cama quitándome el estorboso suéter de la escuela. Mi papá prendió la consola y me pasó uno de los mandos ¿Ya dije que tener padres jóvenes es lo mejor?

Empezamos a jugar Halo Reach, mi papá era un experto y siempre me ganaba.

— ¡Jungkook! — escuché que papá subía las escaleras, eso por supuesto no era bueno ¿Cuánto tiempo estuvimos jugando? —. Te he dicho varias veces que no dejes tus cosas tiradas en el... ¡JIN!

EL KARMA DE LAS ALMAS GEMELAS |EDITANDO|¡Lee esta historia GRATIS!