Capítulo catorce: El partido final II.

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XIV:

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XIV:

—¿Por qué tardaste tanto tiempo? —interroga Wesley una vez que llego al palco familiar.

Había estado casi cuarenta minutos en el vestuario con Lander, quien no quería dejarme venir hacia aquí, ya que decía que deseaba seguir abrazado a mí.

Fue obligado por Henry a salir del vestuario para ir hacia la cancha, ya que todo estaba comenzando y no podían iniciar sin el capitán del equipo.

—No encontraba mi bolso favorito y decidí no traer nada. —Miento con una sonrisa en el rostro.

Siento que solamente una persona muy tonta creería la mala excusa que acabo de dar. Nick no se la creyó, ya que me observó de una manera rara que no supe descifrar.

Wes rueda los ojos y mamá se acerca a mi lado para llevarme hacia mi asiento, que estaba al lado de papá. Greta estaba sentada junto a mí y, cuando la observé, me dedicó una sonrisa de oreja a oreja. Ella sí sabía dónde y con quién había estado.

—Hueles a Lander Laurent, —murmura mientras finge sacar una pelusa de mi cabello.

Abro los ojos al escuchar eso y comienzo, disimuladamente, a oler mi vestido. Cierro los ojos cuando siento el delicioso perfume de Lander y luego los abro justo cuando lo veo entrar al campo, ya completamente vestido y con un semblante serio.

No se parecía en nada al hombre que estaba conmigo en el vestuario hacía menos de cinco minutos.

Las banderas de los dos países se arman en el campo y todos nos ponemos de pie cuando empieza a sonar el himno inglés. Luego de que suenan los dos himnos y se retiran todas las personas del campo, los árbitros se juntan con los capitanes, sacan su fotografía y lanzan la moneda para decidir qué equipo comienza con el balón.

La moneda cae del lado que eligió Lander y una sonrisa se apodera de mi rostro. El gruñón le da la mano a su rival y comienza el partido tan esperado.

En los primeros diez minutos, Inglaterra dominó la pelota y la cancha. El balón pasó de Ethan a Jack, uno de los más rápidos del equipo y quien había anotado tres goles en un solo partido. Jack corrió con la pelota entre los jugadores españoles y, a unos metros del arco rival, la pateó, pero el arquero español logró atraparla con las manos.

Todos los fanáticos del equipo británico —incluido mi papá— se levantaron de golpe y se llevaron las manos a la cabeza como si estuvieran maldiciendo internamente. Mi papá había venido, ya que, aunque Wes no lo quisiera aceptar, él apoyaba a Inglaterra porque era su país.

Scoring the Heart ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora