~CAPÍTULO 22~ Jimin... Jimin... Jimin

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-Suga...-- Murmuré

Sus labios dibujaban una sonrisa y sus ojos brillaban con cierta tranquilidad, reflejada en su actitud. Caminó despacio hasta quedar parado en frente mio.

-Hola—sonrió con mayor intensidad, y dejando sus valijas en el suelo, llevó sus manos hasta tras de mi espalda para jalarme contra su cuerpo con mesura.

Me quedé inmóvil, sin corresponderle el abrazo y sin tener nada que decir. Mi rostro ya estaba contra él, apoyada en parte en su hombro derecho, inhalado su perfume a cítricos y a hombre, y sintiéndome una completa zorra.

Entreabrí mis labios al percibir que me ahogaba por falta de aire. De mi garganta salió un ruidito gutural que sonó como un quejido de dolor; sin embargo, Suga no dijo nada. Solo me abrazó. Por el contrario, había terminado acariciándome la espalda en forma de consuelo. Ahogué mi llanto sin comprender por qué tenía tantos deseos de llorar... no quería llorar. No quería ser una de esas tipejas que lloran en frente de hombre para hacerse las débiles e inocentes ante lo que han hecho. No merecía que él me esté abrazando, consolando e incuso a mi lado. Me detestaba... no. Ni siquiera sabía lo que debería de sentir hacia mí misma—

-Llora—susurró Suga—Llora si es lo que quieres, (TN)—añadió con calma y sin dejar de acariciarme la espalda—Llora, (TN). Llora y no dejes que ese enfado o tristeza te consuma. Por favor... llora.

Subí mis brazos hasta tras de su espalda y me apreté contra él, ocultando mi rostro contra su nuca, dejando caer mis lágrimas; y finalmente, empezando mi sollozo contenido.

¿Por qué tenía que ser tan terca y fijarme en la persona menos indicada para mí? ¿Por qué en él? ¿Por qué solo escucho y veo cosas que me hacen daño y obvio las demás?. Masoquista por naturaleza... los seres humanos optan por sufrir, lastimarse y estar sordos y ciegos a los que los hace sonreír y sentirse bien. Pero... de verdad lo amo. Jamás había querido tanto a alguien, que incluso se me es imposible odiarlo. Jamás... jamás podría odiarlo, y por eso me detesto tanto.

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Respiré hondo y me acurruqué a su lado, sin decir nada y con lo parpados completamente cerrados. Su mano me acariciaba el cabello, dando movimientos delicados en mi cabeza, hundiendo sus dedos en mi cabello, el cual estaba un desastre. Después de haber tomado con Taehyung, anoche, no recuerdo ni mierda lo que ha de haber pasado. Ni siquiera sé en qué momento pasé de estar con Taehyung a irme con Jimin.

Me dolía la cabeza, me dolía el cuerpo, y en especial el pecho, aunque ese dolor era amortiguado por Suga. Respiraba hondo, inhalando su perfume y aferrando el cuerpo en el suyo. Mis manos reposaban sobre su pecho, y mis piernas estaban entrelazadas con las suyas, encontrándonos tumbados en mi cama.

No había ido a clases por dos razones: tenía un dolor de cabeza de los mil demonios, y no deseaba tener que estar sola en la preparatoria; soportando a Jin o a Luna... o a cualquier otro. Definitivamente no estaba de humor y de suficientes fuerzas para enfrentarme a mi realidad en este instante. Solo Suga podía tranquilizarme—

Al caer la tarde empecé a abrir los ojos, estando ya más tranquila y después de haber dado una gran siesta—

-Despertaste—musitó en mi oído, reposando besos en la parte lateral de mi cabeza.

-¿Cuánto dormí?—Cuestioné somnolienta y levantado la mirada hacia él, para contemplarlo detenidamente y sonreírle con debilidad.

-Mucho—acarició mi mejilla—Pero me gusta verte dormir. Así que no hay problema—Se inclinó y presionó sus labios sobre los míos, relamiéndolos con delicadeza— Parece que alguien ha faltado a clases a propósito—Susurró en mi oído, generándome sonrisas. Me encogí de hombros y arrugué la nariz—

War of hormone- Boy in luv¡Lee esta historia GRATIS!