Capítulo 2

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Capítulo 2

Pasadas las doce de la noche Jose Carlos salía de su casa dejando atrás a su obesa esposa para montar en el vehículo donde Simón estaba esperando. Para sus adentros seguía molesto por todo aquello, no solo la historia sonaba precipitada y absurda, también influía la hora de la llamada y posterior visita, así como la idea de tener que partir una lápida para acceder al cuerpo de sabe dios quien, bajo aquella tempestad de lluvia y viento que no acababa de amainar.

Corrió apurado hasta él para mojarse lo menos posible, y casi sin tiempo de cerrar la puerta del auto Simón puso en marcha el motor y emprendió el viaje, eso sí, tuvo tiempo para entregarle un listado de nombres impreso en unos folio maltratados por el tiempo.

—¿Estos nombres son de algún tipo de interés para lo que quieras que estés planeando? —preguntó malhumorado a su ex compañero.

—Lo son. —La escueta respuesta no aplacó precisamente su tosca actitud.

—Pero dime, ¿quien demonios son todas estas personas?

—Es una lista más o menos actualizada de los difuntos enterrados en el cementerio. La he cogido prestada de los archivos de la ciudad, ya sabes, aunque esté viejo tengo mis métodos, no ha sido problema conseguirla.

Esto hizo cambiar mínimamente la actitud de Jose Carlos, después de todo si Simón se la había entregado de esa manera al asunto podía significar que tuviese verdaderamente fundamento para toda esta locura, quizás algún nombre de interés...

El listado no era extremadamente extenso, todo lo contrario, así que observó una a una cada linea del texto. La lista incluía fechas de defunciones y algunos datos poco relevantes.

—Lo es.

Le pareció sentir un fuerte martilleó contra toda racionalidad en su cabeza, “Antonio Sanchez Faneca”. No, no podía ser. Ese era un nombre que muy pocas personas podían conocer, un nombre olvidado... A quien había pertenecido estaba en busca y captura, desaparecido de la faz de la tierra.

Él conocía esa identidad por un caso en el que trabajó, uno que no llegó a muy buen puerto. El mayor mafioso de toda la nación, el mismo que ellos, junto a otros investigadores, así como la policía e incluso la CIA habían perseguido durante una década, y que justo cuando iba a ser capturado, simplemente se evaporó como el vapor de una ducha en una noche fría de invierno... No, no podía ser el mismo, sin embargo, ese nombre... Y esa fecha... Solo cuatro meses atrás databa la defunción.

—Debe ser una extraña coincidencia Simón, no puede ser él —argumentó sin mucha confianza.

—Tal vez así lo sea, una macabra coincidencia.

Pero Jose Carlos estaba seguro que Simón no creía que fuera una simple casualidad. Pizu había muerto en un caso, al parecer, muy importante, ¿pero llegaba a tales extremos como para salpicar al mayor criminal de la historia reciente y a una de las familias más importantes del país juntas? No solo eso, quien quisiera que estuviera detrás había tenido el poder suficiente para acabar con la vida de Faneca, enterrándolo en un pueblo alejado de la mano de dios con su verdadero nombre, y es más; si de verdad era responsable de esta muerte ¿que otro nombre podría encontrar en la tumba señalada en el viejo plano del cementerio? Tenía que pensar.

Mientras cavilaba, el paisaje de ciudad quedó atrás viéndose reemplazado por la oscuridad del campo, con una lluvia que no cesaba y por unas carreteras llenas de curvas y pendientes.

Jose Carlos dejó los papeles en el asiento trasero y recostado en el suyo, tratando de tranquilizarse, se fijó en Simón, en lo mal que lo había tratado todos esos años de abandono. Su pelo antes negro como la noche estaba cubierto de hebras blancas que lo envejecían drásticamente. Su barba de varias semanas también era grisácea, y tenía la cara llena de unas arrugas impropias para su edad. Además había engordado —más por el alcohol ingerido que por los alimentos—, creándole una acumulación de grasas en el cuello que formaban una papada de proporciones épicas. Empeorando aún más su aspecto; llevaba unas ropas sucias y viejas, desgastadas por el sol, por los lavados y el uso prolongado.

La profanación (Paralizada)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora